Piedad

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Ya ni un sueño cubre esta tarde

en la que enfermar es otro 

simple asunto de cuotas.

Pediré perdón,

algún recibo habrá a cambio, 

recomendaciones del adiós

para emprender ese camino

en el que nadie acompaña

a nadie, mucho menos libra

la fea tarea de encariñarse

con el débil, el tonto, el cobarde.

Compasión le llamaban antes

de endurecer a bofetadas

el destino de quien no abusa

de su suerte o su desgracia.

Conmiseración, comienzo, grito

para que ya no regrese

la estampida de indolentes que

recientemente pasó por los brazos.

Ellos no tienen la culpa, 

sólo producen el dolor

que tú crees que mereces y resistes.

La Piedad, sería un gran plan B

si pudiera encontrarla todavía.