Tautología

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Podría decir, el diario no hablaba de ti o esta tarde vi llover, ví gente correr y no estabas tu o de plano el consabido te extraño, como se extrañan las noches sin estrellas, pero me limitaré a decir que mis mañanas tampoco son lo mismo sin esa sensación-certeza de volverte a ver. 

Curioso me resulta pensar que un lazo sentimental pueda romperse, así como comenzó, por nada, de la nada.  No creo haber cometido falta alguna ni agravio contra ti. Simplemente ignoro las motivaciones que te llevaron a eliminar nuestra conexión, a impedirla de todas las maneras posibles.

Si yo te recibía todos los días con un café radiante, el café era quien irradiaba calor, yo hacía lo propio porque el solo verte me provocaba un resplandor astral en el rostro inigualable, efectivamente irrepetible. Así convencida de la brillantez de mi rostro, te miraba directamente a los ojos y la conversación fluía en todos los tonos y direcciones. Esperábamos cada palabra salir de la boca del otro, bueno, si a eso se le puede llamar de alguna manera para evocar la oralidad. Me gustaba la música que emanaba de tu conversación. Luego había bromas y picardías también que adosábamos con respectivo lenguaje gráfico, porque hablar contigo era como estar en una de las fotografías que captaba intelectualmente tu cámara. 

Eras artista, siempre había un recurso desconocido en tu sabiduría, el cual no dudabas en compartir para asombrarme, conocías los artículos indispensables, los documentos informáticos necesarios para demostrar tu punto. Crecí tanto a tu lado, era una investigadora sagaz, me obligabas a tener la mejor conversación disponible, fueron meses hermosos, disfrutando de una charla amorosa e interminable. Hasta que se terminó el día en que me avisabas que habías caído en cuenta que me mandaste solicitud de contacto por equivocación y que era mejor no continuar hablando con una extraña. Te amé tanto, incluso en tu adiós desesperado en la red social de los abandonados.