ANSIEDAD E INMUNIDAD
La ansiedad crónica y otros trastornos del mismo grupo como: los de pánico, estrés postraumático, trastorno obsesivo compulsivo, de ansiedad social y trastorno por separación someten a la persona a un desgaste que acaba pasando factura en la salud física y cómo no en su equilibrio inmunológico.
Cuando esta situación se mantiene más de seis meses y persisten tres de los siguientes síntomas: alteraciones del sueño, irritabilidad, tensión muscular, dificultad de concentración, inquietud, fatiga; se debe acudir a un doctor.
¿Por qué afecta la ansiedad al sistema inmune?
Un estado de ansiedad continuo y generalizado mantiene unos niveles elevados de hormonas y neurotransmisores como adrenalina, cortisol, glucosa, etc., que agota al sistema inmune impidiéndole un ejercicio adecuado de su actividad y puede causar:
- Infecciones respiratorias frecuentes (o que no se acaban de curar).
- Problemas dérmicos: herpes, verrugas, eczemas, dermatitis. Sus brotes están muy relacionados con una bajada de defensas.
- Cansancio frecuente superior a lo esperable por la actividad que se realiza.
- Problemas digestivos, pueden aparecer brotes de enfermedad inflamatoria, permeabilidad intestinal, diarreas, etc.
En una situación de estrés crónico destaca se transforma en una señal nerviosa que intenta a través de melatonina y cortisol contrarrestar dicho incremento Así se produce un círculo vicioso que altera el equilibrio de los sistemas nervioso, endocrino e inmune que puede ser la causa de enfermedades sistémicas de naturaleza autoinmune como la diabetes, artritis reumatoide, esclerosis, lupus, etc. Existen numerosos documentos científicos que avalan la relación de estas enfermedades autoinmunes con situaciones crónicas de estrés.
Ante este problema conviene tener una visión dual e intentar actuar desde las dos vertientes psicológica e inmunológica, por ello es necesario reflexionar sobre lo siguiente:
- Ser consciente de estar en una situación de ansiedad que se está prolongando es el primer paso para poner remedio.
- Mejorar los pensamientos: detectar aquellos pensamientos y creencias que restan autoestima y energía e intentar cambiarlos por otros más positivos y constructivos.
- Analizar las emociones. En estados de ansiedad es frecuente tener emociones que no son agradables y queramos evitarlas, conviene detectarlas y comprender el mensaje que conllevan. Su análisis adecuado puede ayudar a recuperar la serenidad.
- Tomar el protagonismo en el cuidado personal de la salud.
- Cuidar la nutrición con una dieta sana y equilibrada.
- Tener un descanso adecuado y necesario que restablezca el desgaste inmunitario.
- Practicar un ejercicio moderado adecuado a las circunstancias personales
