Efímero, pero intenso

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En las penumbras de la soledad, cuando mi voz es el lamento de un gorrión que nadie escucha y mis pensamientos, cielos despejados sin fronteras, que nadie ve; me envuelve el manto del deseo de recorrer junto a ti las pinceladas de un paisaje unificado. El de mi sueño de tenerte a mi lado.

Te veo por la ventana de mis pensamientos y soy el quejido que se quedó petrificado por el frío invierno, esperando y deseando convertirse en melodía con tu esencia primaveral (a pesar de la carrera de los años). Con la esperanza de poder renacer en tus benditas tierras, donde el amor crece y crece como frondosas enredaderas.

Estás sentado en el banco rojo de mis soñares, a la orilla del paseo marítimo, oteando el horizonte; quizá también me buscas entre la espuma de las crestas de las olas blancas e imaginas la forma de acortar distancias para reunirnos en el sueño, mientras el cigarrillo se va consumiendo entre el humo de los deseos y tus labios ansiosos de mis besos.

No es marzo, ni abril, ni mayo; ni las doce ni las cinco; el tiempo no existe cuando pienso en ti, amor de llamas y humaredas.

Las arenas doradas y húmedas a las orillas del mar de mis ilusiones muestran las huellas de tus pasos solitarios; el efluvio de las olas dejó sus marcas en tu mojada camisa blanca y en tu pantalón corto de mezclilla, arriba de tus rodillas (el agua rueda por tus pantorrillas).

Las grietas de tus labios resecos necesitan del rocío de mis verdes besos, así lo siento, y la inmensidad del antártico no podrá impedir que lleguen hasta ti mis azules caricias.

En el banco rojo, hay lugar para los dos. Me reinvento en el aire y soy un cuerpo abstracto, una quimera, convertida en mil partículas de vapor o cenizas, quizá en un hondo suspiro, el más profundo, que me quita el aliento, pero me eleva hasta el cielo de tus brazos.

Soy el humo del cigarrillo que exhalas, pero regreso lleno de amor y te envuelvo con mi Dolce & Gabbana. Tu pensamiento está en mí y yo en ti. Las aguas del mar Mediterráneo y el océano Pacífico se juntaron en un solo sentir.

Convertida en aliento, beso tus labios y recorro tu pecho despacito. ¡Qué tersa es tu piel, amor! te susurro mientras rozo tu cuello y acaricio tus cabellos.

Me complace ser el humo del cigarrillo que te envuelve, o la emanación del deseo que te hace soñar conmigo y querer estar en el centro de mi universo.

Soy quien lucha cada día por hacerte creer que no estás solo en las veredas del mundo, aunque estemos separados por los muros hostiles de miles de kilómetros.

Soy fragancia de Loewe, con la que perfumas tu cuerpo y las vestimentas de mis aspiraciones, donde tú eres la llama del amor vivo que siempre está encendido.

Soy el sabor de tu piel y el calor de tu delirio, el color de tus sueños secretos y escondidos. Y el humo desprendido de la hoguera nuestra que siempre está prendida.

Me hago materia con tus anhelos, con tus deseos, que no son otros que los míos. Me siento en tu alma y, con la caricia del céfiro que pasa, te hago sentir que te amo, que te adoro, que te necesito.

Y te beso sin labios, te acaricio sin manos y me entrego a tu cuerpo sin estar a tu lado, y me entregas tu amor salvador de mis sueños.

Y me besas sin labios, me acaricias sin manos y me miro en tus cielos, en tus cielos lejanos y aun estando sin ti, tanto amor, derrochamos.

Un amor infinito, que nos cubre sin brazos. Sin mover nuestros labios, nos besamos, amor, y, sin manos, mi cielo, mil caricias nos damos.

Cómo me gusta ser humo en renovación con el fuego de la transformación. Como cuando convertida en vapor de vida, voy dejando un hálito de amor en los bolsillos de tu alma y un recuerdo de mi visita en un rincón de tu corazón, para que sientas que, a pesar del efímero humo de las distancias, siempre habrá un sueño que nos una y un horizonte a nuestro alcance. Aguas de vida eres en mi mente y las olas de los besos que acarician mis orillas.

Y qué importa si soy hoja seca o el humo blanco que recorre mis pensamientos, si cuando estás dentro de mí, me conviertes en las llamas de un fuego que no tiene fin. Y somos perfume de la flor que renace con nuestro calor y los efluvios de la más intensa pasión.

Humo, que me envuelves con tu manto bordado de cariño los pensamientos más bellos; no importa si eres efímero o que tengas corta caducidad, si por ti soy aliento blanco del mar para besar tus orillas; la caricia que te roza con la suave brisa que va escribiendo en los tejidos del tiempo: eres mi poema de amor eterno con exhalaciones de los colores de los besos/versos.

Nada importa, lo que yo sea y en lo que me tenga que transformar, si al final, seguiré siendo el humo que no quieres sofocar porque sabes que es el inicio de hogueras de grandes llamaradas, las que se acrecientan con la leña de los besos y las caricias apasionadas.

Y, aunque solo fuera un suspiro de un leño, que se propaga en tus momentos de soledad. O simplemente, la bruma de tus aspiraciones; sigo y seguiré siendo la parte de ti que intensamente vive en mí.

Moraleja: Cuando el humo se nutre de los suspiros del amor, siempre encuentra la forma de llegar a su destino. Que no será otro que un corazón apasionado.