Me lo contó un pajarito y después, nació la crónica
En México, como es costumbre entre las personas contar una historia, un chisme, algo que tal vez no les tocó presenciar; sin embargo, otra persona fue quien les proporcionó la información del acontecimiento. Para evitar especulaciones y poner en apuros a la persona que lo contó, es mejor decir: Me lo contó un pajarito; de esta manera sabemos que la identidad de la fuente de información debe ser desde el anonimato y se encuentra protegida.
Algo similar sucede cuando al caminar la crónica, porque sostengo que la crónica se camina, se observa y se platica, en esas andanzas, entre las calles de las delegaciones de Toluca, para obtener información también es necesario recurrir a la crónica oral y que mejor que a través de los testimonios de los ancianos que les tocó vivir parte de los cambios que actualmente tenemos en las comunidades, no obstante entre sus relatos hay información que poseen gracias a que alguien más le contó, de generación a generación los relatos que van formando parte de la historia que conforman los pueblos.
Gracias al pasar el relato de voz en voz, hoy podemos tener una concepción de cómo era Toluca mucho antes de que nuestros bisabuelos caminaran en ella. A pesar de ello, a la gente de las comunidades nadie les enseñó que sus relatos ayudan a la conformación de la memoria histórica de su comunidad. En la mente de algunas personas, el cronista es un investigador egresado de universidades de prestigio, un arqueólogo reconocido, un estudioso que interpreta códices y simbología. Por ello consideran que lo que poseen como información no hace frente a las aportaciones que los estudiosos pueden brindar.
De modo que muchos relatos que conforman la crónica permanecen aún sin ser escritos y menos publicados. En Toluca hay una delegación llamada Tecaxic, que proviene del náhuatl y significa vajilla de piedra. Esta comunidad en particular, a pesar de encontrarse a menos de 30 minutos de la zona centro de Toluca, es una delegación vecina del municipio de Zinacantepec, hoy en día hay gente que no sabe de su existencia. Esa es una de las razones por las cuales no la visitan. Además de que hay otras dos que sobresalen más, la delegación de Calixtlahuaca y San Martín Totoltepec.
Algo ocurre en esta comunidad; si bien es una de las zonas donde se asentaron los matlatzincas, también la arquitectura de las casas con un estilo colonial, de las cuales aún podemos apreciar algunas, y qué decir de su Santuario de Nuestra Señora de los Ángeles, que fue construido por la orden franciscana en 1650. Lo que ocurre con su división de tierra, su influencia en el trabajo con el barrio, la alfarería, los telares y su intercambio con otras comunidades hace que los relatos de la gente cobren valor para mantener viva la historia de la comunidad.
Es a través de la visita a la comunidad, de las pláticas con la gente de Tecaxic que se descubre la riqueza de un pueblo recientemente nombrado originario. A propósito de este término, no es suficiente nombrar algo para que exista. Ojalá bastara con ello; sin embargo, visibilizar un pueblo es también fomentar su riqueza cultural y su aportación al municipio de Toluca y al mundo. Ahora bien, el relato de la gente de la comunidad es una guía para interpretar la historia, para comprendernos, para relacionarnos con los demás.
En una de las visitas a la comunidad de Tecaxic supe que las mujeres elaboraban telares que eran llevados al municipio de Temoaya. Otro tanto como las telas que se le surtían a vendedores que venían de Tlaxcala, lo que me hace interpretar cómo llega a Tecaxic la gastronomía y comprender que, después de ese intercambio de productos, algo de otras culturas se quedó en aquí, pero también alguna influencia de Tecaxic se va con esas visitas.
Es valioso escuchar de otros lo que tienen que decir sobre su comunidad, lo que escucharon, lo que sus padres y abuelos les contaron. Este acto no es sólo una plática de café, es crónica oral, es despertar entre los habitantes la curiosidad por contar los recuerdos que guardan; evidentemente, el objetivo es que de esos relatos se puedan llevar a textos que sirvan de referencia para seguir recuperando nuestra memoria colectiva. Tecaxic existe en la memoria de cada uno de sus habitantes; es tarea, es crónica, ir a su rescate.

