REMESAS BAJO SOSPECHA

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REMESAS “Nada revela más la fragilidad de una economía que depender del dinero que envían quienes tuvieron que abandonarla.”
                                                                                                                                          Dani Rodrik

EL PESO ECONÓMICO DE LAS REMESAS:  Imagine el amable lector, a una familia en Puebla o en el Estado de México, por poner dos ejemplos emblemáticos, donde el hijo mayor trabaja desde antes del amanecer en los campos o en la construcción en Estados Unidos y cada mes manda 400 o 500 dólares para que su madre pueda pagar la luz, la renta, los útiles escolares y, a veces, hasta las medicinas de sus hermanos menores. 

No financia lujos, solo ayuda a sobrevivir. Ahora imagine que, por mayores controles, miedo, persecución financiera o pérdida de empleo, ese dinero deja de llegar de un día para otro. La familia pierde ingreso, estabilidad, alimentación, educación y tranquilidad. Por eso las remesas son mucho más que cifras macroeconómicas u orgullo mañanero; son el hilo económico que mantiene vivas a millones de familias mexicanas.

Las remesas dejaron de ser hace tiempo un simple apoyo familiar, son una de las principales fuentes de divisas de México -soporte de las crecientes reservas monetarias-, un estabilizador social y, en muchas regiones, el verdadero sostén económico.

Esta semana el tema se volvió focal, Estados Unidos endureció la vigilancia sobre transferencias internacionales de bajo monto, argumentando combate al lavado de dinero, al crimen organizado y a operaciones irregulares vinculadas al narcotráfico, ningún tema menor. 

La medida incluye una revisión más estricta de transferencias pequeñas, el monitoreo del uso de ITIN y una trazabilidad financiera más agresiva. El pronóstico inmediato es que las remesas, segunda fuente de divisas para el país, disminuirán drásticamente.

México recibió el último año más de 65 mil millones de dólares en remesas. Eso representa cerca del 4% del PIB, más que sectores completos de exportación y, en términos netos, más que el turismo internacional. En su justa dimensión, tres veces más de lo que creció el PIB nacional.

Las remesas llegan aproximadamente a 5 millones de hogares mexicanos, es decir, alrededor de 15 a 18 millones de personas dependen directa o parcialmente de ese dinero, 11 de cada 100 hogares.

En estados como Michoacán, Guerrero, Zacatecas, Oaxaca, y Guanajuato, las remesas sostienen economías locales completas. En otros como Puebla y Estado de México, son soporte de núcleos poblacionales importantes.

RECORTE Y CRISIS: Un recorte de 20%, que pudiera ser mayor si se endurecen los controles y se desatiende el tratado de libre comercio,  implicaría una pérdida aproximada de 13 mil millones de dólares anuales, lo que equivale a cientos de miles de millones de pesos menos circulando, una caída importante del consumo, menor actividad económica regional y menor recaudación indirecta, aunque hay que señalar que sería una tercera parte del otro flagelo actual de la economía, la merma en el PIB provocada por el llamado huachicol fiscal. 

Si las remesas representan alrededor de 4% del PIB, una caída de 20% podría impactar directamente entre 0.6% y 1% del PIB nacional, lo que nos llevaría, de acuerdo con cifras oficiales, a un crecimiento negativo cercano a la recesión. 

Regionalmente el impacto sería mayor, Las remesas no solo financian consumo, renta y comida, pero también medicamentos, educación, vivienda y supervivencia básica. Hay que recordar que los servicios de salud institucionales y los medicamentos están en estado crítico. 

Diversos estudios muestran que las remesas reducen significativamente la pobreza extrema en zonas rurales por lo que una caída de 20% podría provocar aumento de pobreza, mayor informalidad -actualmente superior al 55% de la población ocupada-, migración adicional y, como ya se percibe, una mayor presión social.

Detrás de las remesas hay millones de migrantes que no abandonaron su país por gusto, sino porque no encontraron empleo suficiente, ingresos dignos o condiciones de seguridad para construir una vida estable junto a sus familias. Muchos dejaron atrás hijos, padres y comunidades enteras obligados por la pobreza, la falta de oportunidades o la violencia que se ha extendido en distintas regiones del país. Por eso, las remesas representan distancia, sacrificio y la evidencia de que, para millones de personas, el futuro tuvo que buscarse fuera de casa.

 

En un autoanálisis profundo, las remesas no deberían presentarse como un gran logro económico del gobierno, porque en realidad reflejan algo lamentable y preocupante, millones de mexicanos tuvieron que abandonar su país para encontrar el empleo, el ingreso o la seguridad que aquí no encontraron. Presumir el crecimiento de las remesas como éxito nacional es celebrar celebrar que cada vez más familias sobreviven gracias al dinero enviado desde el extranjero, de pilón les pedimos su voto. 

 

Las remesas alivian pobreza y sostienen comunidades enteras, sí, pero también evidencian una falla estructura que no solo no se atiende, sino que se complica cada vez más, la incapacidad histórica de generar suficientes oportunidades, bienestar y paz dentro del propio país.

En el discurso oficial se van a criticar los controles, suena bien -demagogia pura- hablar de soberanía económica, fortaleza interna y estabilidad mientras millones de familias sobreviven gracias al dinero enviado desde otro país.

 

DE FONDO

El economista Dani Rodrik, especialista en el tema, ha señalado que las economías que dependen excesivamente de ingresos externos -como deuda, exportaciones concentradas o remesas- terminan desarrollando una vulnerabilidad estructural, porque parte importante de su estabilidad depende de factores externos que no controlan.

Así, las remesas dejan de ser complemento familiar y comienzan a sustituir funciones que debería cumplir la propia economía nacional.

 

DE FORMA

Por su parte, el economista Hernando de Soto, presidente del Instituto Libertad y Democracia, ha advertido que, en América Latina, una gran parte de la economía popular sobrevive gracias a mecanismos informales o externos al sistema productivo nacional. Las remesas son quizá el ejemplo más evidente, dinero generado fuera del país que sostiene consumo, vivienda, educación y alimentación dentro de él. 

 

DEFORME

Si Estados Unidos endurece controles quedará demostrado que dependemos de un control externo porque no hemos resuelto el problema interno. Difícilmente podremos solucionar la situación de Cuba, si no podemos arreglar la nuestra, pero el gobierno prioriza Cuba y descuida Michoacán.