+ Las Relaciones Sanas Son Avenidas de Doble Vía: Denisse Gómez

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La frase:

¿Pies, para qué los quiero, si tengo alas para volar?

FRIDA KAHLO

Las Relaciones Sanas Son Avenidas de Doble Vía: Denisse Gómez

Denisse G. Gómez es abogada egresada de la Universidad Panamericana y maestra en Derechos Humanos por la Universidad de Columbia, y nos recuerda que las relaciones sanas no son calles de un solo sentido, sino avenidas de doble vía, donde ambas partes ceden y apoyan. Es fundamental encontrar espacios propios en la relación, en lugar de adaptarnos por completo a la vida de la otra persona.

Reflexiona: una mujer que admiro me compartió un consejo que me acompañaría en un par de rupturas amorosas y le daría sentido a mi soltería: “Hay que saber estar con alguien que te dé alas para volar”. Ella contaba que el motivo de su divorcio fue que él no supo manejar el éxito que ella alcanzó años después de su relación. Cuando se conocieron, era una académica comprometida. Años después, se doctoró en la Universidad de Princeton y se convirtió en una de las politólogas más reconocidas de México. Él no pudo con eso.

Es importante aclarar que, si bien los sesgos de género no afectan exclusivamente a las mujeres, son ellas quienes suelen enfrentar mayores desafíos al conciliar su desarrollo personal y profesional dentro de las relaciones amorosas. Por ello, este debate adquiere una relevancia particular para ellas.

¿Cómo saber si tu pareja te da alas para volar cuando aún no has emprendido el vuelo? Empecemos por distinguir tres formas de relación que algunos hombres buscan en su pareja. Está el que limita tu vuelo, el que deja claro que sus términos y condiciones implican mantener la pauta de las primeras etapas de la relación. Hace explícito su deseo de estar con una mujer dedicada exclusivamente a maternar a sus hijos y minimiza abiertamente el trabajo remunerado de las mujeres. En ocasiones incluso habla con envidia de las “amas de casa”, como si fuera un lujo aspiracional y no una limitante que él impuso a su pareja.

Luego está el que “te deja volar”. Esta forma de apoyo puede ser la más confusa, porque refleja el conflicto interno de la pareja que decide apoyar, pero no sabe hasta dónde. A veces se muestra solidario hasta convertirse en un confidente de los sueños y ambiciones de su pareja. En apariencia cuentas con él: te acompaña cuando se lo pides, te escucha y aconseja, pero no lo hace de manera desinteresada. Lleva la cuenta del tiempo y el apoyo que te ha dado: prepara la factura de su inversión en tus proyectos.

Se asusta cuando crece tu interés, pasión o éxito en tu proyecto o trabajo. Quiere que vueles, pero sólo si él te “deja hacerlo”. Busca capitalizar su apoyo: mediante su consejo, escucha o actos de generosidad, ata tus logros a su persona. Gracias a él, eres exitosa. La última palabra es suya. Si vuelas, lo haces bajo sus términos y condiciones.

En las grandes ocasiones, cuando se necesita ayuda o compartir un logro, quizás no cuentes con él si tu necesidad no coincide con su voluntad y su parecer. Hasta puede ofenderse si le pides apoyo para algo rutinario o algún trámite en un momento que considera inoportuno. Si debes cuidar lo que le pides y expresar mares de agradecimiento por algo que tú harías por amor, algo falta entre lo que esperas y lo que vives.

Habrá mujeres que se sientan honradas y agradecidas por estar con alguien que les “permite” volar, pero quizás sería más fácil hacerlo solas, sin estar en deuda constante y sin que esto limite tu espacio para pedir o expresar cualquier otra necesidad emocional.

Finalmente, está el compañero que te da alas para volar. Un día, sin darte cuenta, estás en las alturas y, al voltear, ves que tu pareja sostiene la escalera para que sigas tu camino. Una imagen describe esta relación mejor que mis palabras.

En el Festival de Cannes de 2019 honraron la vida de Agnès Varda, una de las cineastas más importantes de la historia. La portada de esa edición fue la icónica fotografía donde ella graba con una cámara muy alta. Debajo de ella está su pareja, sobre un banco y poniendo su espalda para que la directora alcanzara la cámara.  

Jacques Demy, un célebre director de cine como ella, se volvió su cómplice, su compañero de vida y de profesión. Él la celebraba y ella correspondía a su tributo, en admiración mutua. Cuando la invitaron a grabar en Hollywood, él la acompañó mientras pudo. Y ella hacía lo mismo cuando él viajaba. Su amor era libre, desinteresado y generoso. En una industria dominada por hombres, él caminó a su lado. Alzó la voz cuando le quitaban el crédito o la minimizaban. Arriesgó sus amistades y su propia carrera por defenderla con un apoyo que trasciende la palabra y se convierte en acción. Para identificar el tipo de apoyo que estás recibiendo, tres preguntas pueden ser útiles:

Cuando compartes con tu pareja proyectos profesionales o sueños, ¿se interesa genuinamente en ellos?

Es importante compartir tus pasiones y no dejarlas a un lado. Muchas veces, las mujeres terminamos en un segundo plano dentro de las relaciones, adaptándonos a los planes de nuestra pareja, sacrificando nuestro tiempo y sueños. Primero dejamos de compartir ciertas partes de nosotras y, sin darnos cuenta, terminamos escondiéndonos de nosotras mismas. Olvidamos que alguna vez quisimos volar y, así, el abandono de nuestros sueños parece una decisión propia, en lugar de una imposición social. Compartir tus aspiraciones es una forma de recordarte a ti misma quién eres, más allá del rol de novia, esposa o madre.

¿Muestra apertura para apoyarte en cumplir tus sueños?

Escuchar y mostrar interés es un primer paso, pero no es suficiente. Apoyar significa actuar, implica esfuerzo y, en muchas ocasiones, ceder. Las mujeres solemos asumir el rol de quienes se adaptan. Cedemos tanto que terminamos fundiéndonos con la vida del otro, hasta que cualquier deseo que amenace la estabilidad de la relación nos parece egoísta. Pero no hay que temer compartir ese rol. Las relaciones sanas no son calles de un solo sentido, sino avenidas de doble vía, donde ambas partes ceden y apoyan. Es fundamental encontrar espacios propios en la relación, en lugar de adaptarnos por completo a la vida de la otra persona.

¿Te da crédito por tus logros, opiniones o decisiones?

Cuando tu pareja ocupa el espacio profesional —como suele ser el caso de los hombres—, es común que monopolice la toma de decisiones, sobre todo en lo que concierne al ámbito público: política, noticias, economía. Las mujeres, relegadas a lo doméstico, ven sus opiniones cuestionadas y sus logros minimizados. Por eso es importante observar si tu pareja te escucha sin interrumpirte, respeta tus decisiones y celebra tus logros.

A veces subestimamos a nuestras parejas y justificamos sus ausencias con el hecho de ser hombres, como si fueran analfabetas emocionales incapaces de evolucionar. Otras veces, la realidad está frente a nosotras, pero no queremos verla. Sí, estas preguntas pueden llevar a conversaciones incómodas y a descubrir verdades dolorosas, pero también pueden ser el punto de partida para construir una relación basada en el respeto mutuo, donde seas libre y vivas sin ataduras.

Si te encuentras sin alas, recuperarlas. Vuela lejos de quien te quiere sentada. Que te dejen volar no es suficiente; que no te dejen volar es inaceptable. Si no encuentras tus alas, sal de donde estás y búscalas, porque ya las tienes. Y si alguna vez dudas, recuerda las palabras de Frida Kahlo: ¿Pies, para qué los quiero, si tengo alas para volar?. Todos, entonces, a volar alto, ¿no le parece a usted, estimado lector?