Afterwork: el encuentro que puede fortalecer los equipos de trabajo

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Durante años, hablar de productividad en las empresas significaba hablar de horarios, metas, indicadores y resultados. Sin embargo, existe un elemento que suele quedar fuera de las hojas de cálculo y que puede tener una gran influencia en la dinámica de un equipo: la relación entre las personas que lo integran.

Aquí aparece una práctica cada vez más utilizada por algunas organizaciones: el afterwork, entendido como un encuentro informal entre compañeros de trabajo después de la jornada laboral.

Puede ser tomar un café, compartir una comida, realizar una actividad deportiva, organizar una tarde de juegos o simplemente conversar fuera del entorno habitual de la oficina.

La finalidad no debería ser obligar a los colaboradores a convivir, sino crear espacios voluntarios donde puedan conocerse desde una perspectiva diferente a la estrictamente laboral.

En la oficina normalmente conocemos a nuestros compañeros por su puesto: la persona de ventas, la responsable de administración, el gerente, el diseñador o quien atiende a los clientes, pero detrás de cada puesto existe una persona con intereses, experiencias, habilidades y preocupaciones diferentes.

Cuando los colaboradores tienen oportunidades para conversar en un ambiente menos formal, pueden descubrir afinidades y comprender mejor a quienes forman parte del equipo y cuando existe mayor conocimiento y confianza, la comunicación cotidiana puede resultar más sencilla.

Un equipo colaborativo no se construye solamente asignando tareas; también se construye generando vínculos.

Imaginemos dos equipos; en el primero, las personas cumplen sus funciones, pero existe poca comunicación. Cada integrante trabaja de manera aislada y evita pedir ayuda por temor a parecer incompetente.

En el segundo, los colaboradores conocen las fortalezas de sus compañeros, tienen mayor confianza para preguntar y saben que pueden solicitar apoyo cuando enfrentan un problema.

La diferencia no necesariamente está en la capacidad profesional de las personas, sino en la calidad de las relaciones que se han construido dentro del equipo. Los espacios informales pueden contribuir a generar esa cercanía, aunque por sí solos no garantizan una mejor colaboración.

El afterwork no debe convertirse en una obligación, existe un punto fundamental: convivir no significa imponer la convivencia. Una empresa que organiza actividades fuera del horario laboral debe considerar que no todos los colaboradores tienen las mismas posibilidades, responsabilidades familiares, intereses o disponibilidad.

Por ello, un afterwork saludable debería ser:

Voluntario. Nadie debería sentirse obligado a asistir.

Incluyente. Las actividades deben considerar diferentes intereses y circunstancias.

Accesible. No tiene sentido organizar encuentros que representen un gasto importante para los colaboradores.

Respetuoso. El objetivo es convivir, no generar presión social.

Equilibrado. No debería existir la percepción de que quienes asisten obtienen ventajas profesionales sobre quienes no participan.

También es importante entender que construir equipos colaborativos no depende exclusivamente del afterwork. Una empresa puede fortalecer la convivencia mediante desayunos de equipo, actividades durante la jornada, proyectos interdisciplinarios, sesiones de reconocimiento, espacios de conversación o dinámicas de integración.

El objetivo no es llenar el calendario de eventos, es crear oportunidades para que las personas se conozcan, se comuniquen y aprendan a trabajar juntas.

En ocasiones, un colaborador que participa poco en una reunión puede destacar en una actividad diferente. Una persona puede descubrir que su compañero tiene conocimientos de tecnología, otro puede tener excelentes habilidades para negociar y alguien más puede poseer una gran capacidad para organizar.

Conocer estas capacidades permite a los líderes identificar fortalezas que quizá no son evidentes en las funciones cotidianas, esto puede convertirse en una ventaja cuando se forman equipos para proyectos 

El afterwork no debe convertirse simplemente en salir con los compañeros, su verdadero valor para una organización está en lo que puede generar después: Más comunicación, más confianza, mayor conocimiento entre compañeros, mejor disposición para colaborar, mejor sentido de pertenencia.

Pero existe una condición: todo esto debe acompañarse de una cultura organizacional basada en respeto, comunicación, liderazgo y objetivos compartidos. Un equipo que convive pero no sabe comunicarse difícilmente será colaborativo.

Los directivos y líderes tienen un papel importante. No basta con organizar una comida y esperar que los problemas de comunicación desaparezcan. El líder debe observar las dinámicas del equipo, promover el respeto y generar condiciones para que las personas puedan expresar ideas y diferencias de manera constructiva.

El afterwork puede abrir la puerta a relaciones más cercanas, pero la verdadera colaboración se demuestra cuando el equipo regresa a trabajar. Ahí es donde se comprueba si existe disposición para compartir información, ayudarse, resolver problemas y alcanzar objetivos comunes.

Las organizaciones están formadas por procesos, tecnología, recursos y objetivos, pero detrás de todo ello existen personas. Por eso, construir equipos sólidos requiere prestar atención no solamente a lo que los colaboradores hacen, sino también a cómo se relacionan entre ellos.

Un café compartido, una comida, una caminata o una conversación informal pueden parecer pequeños acontecimientos, sin embargo, cuando forman parte de una cultura empresarial sana, pueden ayudar a construir algo mucho más importante; porque cuando las personas conocen, respetan y confían en quienes tienen a su lado, trabajar en equipo deja de ser una obligación y comienza a convertirse en una fortaleza de la organización.

Hasta la próxima.