Malas compañías

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Los seres humanos solemos ser testarudos, pese a tener evidencias claras del entorno, en muchas ocasiones nos negamos a ver la realidad y preferimos el autoengaño para convencernos de que todo está bien.

La historia no miente, hace 2 mil años el apostol San Pablo escribió en carta a los Corintios una frase que la ciencia actual confirma con datos duros: las malas conversaciones corrompen las buenas costubres y no hablaba en sentido figurado, hablaba desde una realidad que hoy puede ser analizada desde distintas aristas.

Siglos despúes, en 2007, los investigadores Nicholas Christakis y James Fowler impactaron en la sociología y la medicina al utilizar los datos del Estudio del Corazón de Framingham para demostrar que la salud, los hábitos y las emociones se propagan a través de las redes sociales que construimos en nuestra vida cotidiana.

Descubrieron que todo lo que hacemos o sentimos afecta a nuestro círculo más cercano (primer grado), a los amigos (segundo grado) y a los amigos de los amigos (tercer grado). Más allá del tercer grado, el impacto comienza a disiparse.

Por ejemplo, confirmaron que si un amigo cercano subía de peso, la probabilidad de subir de peso aumentaba en un 57%, y no por compartir la misma comida o los mismos hábitos, sino por el simple vínculo, establece que lo que hacemos cotidianamente se reconfigura con base en lo que nuestros ojos ven en las personas que más frecuentamos, por tanto, nos podemos acostubrar a lo bueno, pero también a lo malo.

En esta misma lógica, el empresario Jim Rohn acuñe una idea que la neurociencia y la psicología social validaron con datos duros: somos, en promedio, el resultado de las 5 personas con las que pasamos más tiempo.

El cerebro humano tiene un mecanismo llamado contagio conductual, que significa que utilizamos a los demás como referencia constante para decidir que es aceptable o no, si las 5 personas más cercanas a ti ven que tienes el hábito del trabajo, por citar un ejemplo, el cerebro se ajusta a esa visión de vida y hará que trabajemos con gusto. Si ven la mediocridad o el caos como normales, tambien se ajustarán, pero imitando estas conductas nada pertinentes.

Will Felps, profesor estadounidense, realizó el estudio de la manzana podrida en la Universidad de Washingtong en 2006, el experimento consistía en integrar a una persona negativa en distintos grupos de trabajo; una sola persona negativa (manzana podrida) era suficiente para que el desempeño del grupo disminuyera su productividad entre un 30 y 40 por ciento, es decir, una sola voz negativa es capaz de contaminar el ambiente entero

El cerebro cuenta con neuronas espejo, diseñadas para imitar lo que observamos en otros; gestos, tonos de voz, actitudes. Absorbemos sin darnos cuenta el volumen de la conversación que nos rodea, sea de excusas o de disciplina.

El ambiente conversacional en el que vivimos nos moldea y muchas veces no somos conscienetes de ello, por lo que tenemos que ser mas cuidadosos del tipo de conversaciones que alimentan nuestro día a día.

¿Qué tan seguido escuchamos quejas sobre soluciones o resignación versus movimiento?, por supuesto no podemos controlar todo lo que escuchamos, pero si podemos determinar quienes deben ser esas 5 personas con las que interactuamos con mayor frecuencia.

Estar con las personas incorrectas no es mas que legitimar las malas compañias que, de facto, boicotean nuestra existencia y además por gusto.

horroreseducativos@hotmail.com