SE NOS VOLVIÓ A PASAR EL TREN Adiós al bono demográfico
Los grandes cambios de México terminan siempre impactando en la vida cotidiana de las familias; desde esta mirada, la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) habla de las oportunidades que México ha tenido enfrente y que, por una o muchas razones, no ha logrado aprovechar ni capitalizar a su favor.
Veamos para atrás: no hace tanto discutíamos como nación si debíamos abrir nuestra economía al mundo y decididamente firmar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). La decisión era complicada, pues veníamos de una economía cerrada, una economía de estado animada por la ideología del nacionalismo revolucionario; corrieron ríos de tinta y horas interminables de debate al respecto hasta que México se decidió y se subió al tren de la apertura económica. El TLCAN tuvo sus críticos, los llamados “globalifóbicos”, pero finalmente apostamos por la integración comercial con América del Norte.
Hoy, cuatro décadas después, resulta paradójico que quienes en aquel entonces nos invitaron y de alguna manera nos emplazaron a abrir nuestra economía al mundo, estén levantando muros arancelarios y poniendo en jaque el espíritu de libre comercio que dio origen a esta era comercial. Para todo fin práctico, en estos últimos meses hemos asistido —y no por voluntad propia, no sin resistirnos y obligándonos, haciéndonos manita de puerco— a regañadientes al entierro del T-MEC (que no otra cosa que el TLCAN número 2 que se firmó en 2020). El escenario ahora podría describirse como reza la canción: vamos “de reversa, mami, de reversa”.
“Es cierto que los beneficios de aquella apertura no llegaron de la misma manera a todo el país; las ventajas se concentraron en el norte, no así en el sur, pero lo más lamentable es que México no supo capitalizar al máximo las oportunidades que ofreció el TLC. Con este acuerdo nos fue bien, pero una cosa es seguro: nos pudo haber ido muchísimo mejor”, comentó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.

