TLCAN Y T-MEC: MITOS Y REALIDADES… LA POLÍTICA POR ENCIMA DE LA ECONOMÍA

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«El comercio internacional no es un juego de suma cero.»

Paul Krugman. 

30 AÑOS NO ES NADA: En 1994, México, Estados Unidos y Canadá iniciaron uno de los procesos de integración económica más importantes del mundo con la firma del TLCAN. Más de tres décadas después, aquel acuerdo es mucho más que un tratado comercial: es una red de inversiones, fábricas, proveedores, empleos y cadenas productivas que operan a través de las fronteras.

Sin embargo, la revisión del acuerdo parece se ve cada vez más influida por factores políticos ajenos a la lógica económica. El riesgo es simple, destruir en pocos años lo que tomó décadas construir.

El tratado ha sido mitificado. En México suele presentarse como la causa de todos los éxitos exportadores y se insinúa violación a la soberanía; en Estados Unidos, como lo ven como el origen de muchos problemas industriales. Ambas visiones simplifican una realidad mucho más compleja.

PRIMER MITO: EL TLCAN HIZO RICO A MÉXICO: No, pero tampoco fracasó. El TLCAN contribuyó a convertir a México en una potencia exportadora manufacturera. Las exportaciones pasaron de poco más de 50 mil millones de dólares en 1993 a más de 660 mil millones en 2025. Resulta difícil explicar la expansión industrial mexicana sin la integración norteamericana.

Sectores como el automotriz, electrónico, médico y de electrodomésticos crecieron gracias a cadenas de suministro construidas durante décadas. El acuerdo abrió mercados, atrajo inversión y favoreció la especialización productiva.

Sin embargo, el éxito exportador no se tradujo automáticamente en desarrollo generalizado. México aumentó sus ventas al exterior, pero sin avances equivalentes en productividad, crecimiento sostenido o mejora uniforme de los ingresos.

SEGUNDO MITO: EL LIBRE COMERCIO BENEFICIA A TODOS POR IGUAL: Tampoco es así, La apertura comercial genera beneficios, pero también costos de ajuste. Los consumidores acceden a más productos y las empresas exportadoras ganan mercados; sin embargo, algunos sectores enfrentan competencia para la que no estaban preparados. Las regiones industriales del norte y del Bajío aprovecharon mejor las oportunidades que otras zonas del país. Mientras la agricultura exportadora moderna creció, muchos pequeños productores enfrentaron condiciones más difíciles.

El libre comercio puede aumentar el tamaño del pastel económico, pero no garantiza una distribución equilibrada. Para ello se requieren educación, infraestructura, financiamiento, seguridad y políticas de desarrollo regional. El tratado crea oportunidades, no asegura que todos puedan aprovecharlas.

TERCER MITO: ESTADOS UNIDOS COMPRA PRODUCTOS MEXICANOS POR GENEROSIDAD: En realidad, los compra porque le conviene. La integración norteamericana genera beneficios para las tres economías. Una pieza automotriz puede cruzar varias veces la frontera antes de incorporarse al vehículo terminado. La competitividad regional depende precisamente de esa integración.

Por ello, medidas como aranceles o restricciones comerciales no sólo afectan al exportador. También elevan costos para empresas, incrementan los precios a los consumidores y deforman las cadenas productivas en ambos lados de la frontera.

El fondo es que la política comercial rara vez responde únicamente a criterios económicos. Los gobiernos consideran también aspectos como seguridad nacional, migración, empleo e industrias estratégicas. La economía nunca opera aislada de la política. Lo malo es cuando el populismo sustituye a la política y se usa con fines electoreros, aquí y allá.

CUARTO MITO: EL TRATADO GARANTIZA ESTABILIDAD PERMANENTE: La experiencia demuestra lo contrario. La sustitución del TLCAN por el T-MEC en 2020, retroceso comercial, incorporó nuevas reglas laborales, exigencias de origen, comercio digital y mecanismos de controversia. Aunque el acuerdo continúa vigente, las revisiones periódicas recuerdan que la certidumbre nunca está garantizada.

La incertidumbre tiene costos. Las inversiones manufactureras se planean a largo plazo y dependen de reglas estables. Cuando éstas se cuestionan constantemente, aumentan los riesgos y disminuye el atractivo de la región. La confianza también forma parte de la competitividad.

LOS RIESGOS PARA MÉXICO: México envía alrededor de cuatro quintas partes de sus exportaciones al mercado estadounidense. Esa cercanía representa una enorme ventaja, pero también una elevada dependencia.

Las discusiones actuales ya no se limitan a aranceles. Incluyen seguridad de las cadenas y redes de suministro, contenido regional, industria automotriz, acero, aluminio, condiciones laborales, medio ambiente y competencia global.

Hicimos trampitas con contenidos de origen chino. Hoy, el debate de fondo consiste en definir qué actividades estratégicas permanecerán dentro de América del Norte y bajo qué condiciones.

LA POLÍTICA POR ENCIMA DE LA ECONOMÍA: Durante décadas predominó la idea de que el comercio internacional debía organizarse principalmente mediante productividad, costos y ventajas competitivas. Hoy pesan cada vez más las consideraciones políticas y de seguridad, las dos áreas se descuidaron o simplemente se ignoraron.

Cuando las decisiones políticas ignoran los costos económicos, o cuando las decisiones económicas olvidan sus consecuencias sociales, ningún tratado puede garantizar estabilidad. Una estrategia (u ocurrencia) basada únicamente en criterios políticos puede reducir inversiones, elevar precios y deteriorar la competitividad.

MÉXICO NECESITA ALGO MÁS QUE “DEFENDER” EL T-MEC: México necesita fortalecer proveedores nacionales, incorporar más tecnología, elevar la productividad y desarrollar capital humano especializado. También requiere energía competitiva, infraestructura moderna, financiamiento, agua y certidumbre jurídica, ah, y buenos negociadores, calidad más que demagogia.

Existe además un obstáculo toral ajeno al Acuerdo, la inseguridad, la física y la legal. Cuando una empresa enfrenta extorsiones, sobrecostos de protección o riesgos operativos, su competitividad disminuye. El llamado derecho de piso o la cancelación de un proyecto, funcionan como un impuesto ilegal que encarece producir, invertir y crecer. La competitividad comienza dentro del país.

DE FONDO

El TLCAN y, posteriormente, el T-MEC demostraron que México puede competir exitosamente en los mercados internacionales. Pero integración comercial y desarrollo nacional no son sinónimos. 

El tratado facilita exportaciones, atrae inversiones y genera empleos, pero no garantiza productividad, desarrollo regional ni estabilidad política. Por ello, debe evaluarse con objetividad, no como una solución mágica ni como la fuente de todos los problemas económicos del país. Ha sido, en realidad, uno de los principales soportes del empleo y del crecimiento mexicano.

DE FORMA

México debe llegar a cada revisión comercial con una visión más amplia que la simple defensa de preferencias arancelarias. El objetivo no debe ser sólo exportar más, sino incorporar más tecnología, innovación y valor agregado mexicano a cada dólar exportado.

La integración económica no elimina la soberanía. Pero la soberanía no consiste en ignorar las interdependencias construidas durante más de treinta años. Por eso se llama integración. A cada país le corresponde incrementar sus ventajas competitivas.

DEFORME

Una cadena o red productiva puede tardar décadas en construirse y una decisión política apenas unas horas en alterar sus costos. La política dicta las reglas, pero tarde o temprano la economía presenta la cuenta… ¿Ya fue usted al súper esta semana?…