Temperamentos del orador

Views: 2144

 

 “Un orador es el resumen de la expresión de la cara, el timbre de voz, la emoción que pone en sus palabras, el ademán de las manos, cirujanas del aire. El orador habitualmente se crece cuando habla, aumenta su estatura, arrebata con el calor de sus palabras, persuade y conmueve a la vez”.

José Muñoz Cota

 

En nuestros días se han revelado estudios científicos sobre el influjo de las emociones en nuestro comportamiento; se habla lo mismo de las emociones en nuestros silencios, que de las grandes contradicciones existentes entre nuestras palabras verbales y nuestras expresiones faciales (derivadas de nuestras emociones y que en algunos casos son inconscientes).

Este es un tema que Charles Darwin referencia en su época, el comportamiento del ser humano y sus emociones, que pueden ser evidentes en sus expresiones faciales; hasta hace poco a este tema no se le daba la debida atención, ni las emociones tenían un peso  específico en nuestro actuar cotidiano, desconociendo a veces la influencia y  las consecuencias que tendrían entre la sociedad.

Es necesario conocernos para darnos a conocer ante los demás, esto es así; debemos interiorizar en nuestro ser para entender lo que somos y que es lo que estamos compartiendo con la gente que nos rodea, hagamos que nuestras emociones sean el vehículo transparente por donde transita nuestra persona, de tal manera que haya coherencia entre lo que se dice, lo que se piensa, lo que se siente y lo que se expresa; de tal suerte que nuestras emociones comulguen con nuestra comunicación.

En la Oratoria, que es el caballo alado del intelecto por donde revolotean los ideales de una raza guerrera y apasionada, encontramos también el manejo de las emociones; emociones que extienden el halo de la palabra, que en la mayoría de las ocasiones cumplen con la máxima de dar vida a la palabra. Es indudable entonces sostener que, hay temperamentos que por la propia personalidad del orador permean en el discurso, en el mensaje que sostiene y en la forma en que este llega al auditorio al que se dirige.

 

Galeno de Pérgamo siguiendo las ideas formuladas por Hipócrates, desarrolló una tipología de los temperamentos (humores) en el ser humano; en donde se podría descubrir de acuerdo a ciertos rasgos diferenciadores, la personalidad de un individuo o el tipo habitual de su conducta, agrupándolos en cuatro grupos: sanguíneo, melancólico, colérico y flemático.

 

Estos cuatro tipos hipocráticos desarrollarían un punto de partida para entender la conducta de los individuos en el contexto de la cotidianidad, lo cual nos permitiría desarrollar esquemas organizacionales que son el eje motor sobre el cual entendemos y recreamos nuestro accionar, y que además nos permitirán comprender bajo un aspecto más práctico el caminar de la sociedad. Aplicando este conocimiento en la Oratoria podríamos decir que los oradores tienen un mensaje cifrado a raíz de su propia personalidad y su desarrollo en la tribuna, por lo que al momento de disertar un mensaje, este se va moldeando a la sazón del temperamento imperante en el orador.

 

De tal suerte, que vemos como en la tribuna de concurso (principalmente) se presenta un vaivén de temperamentos, de hilos conductores que hacen más fluida y fortalecida la palabra, aunque esto no implica que ese actuar sea el más correcto u óptimo para cumplir con el objetivo que se ha planteado. A través de la palabra, el orador pone delante de si un cristal transparente en el cual se despoja de banalidades para dejar únicamente su esencia al descubierto.

 

Bajo esta premisa tenemos al orador sanguíneo que corresponde al orador que en tribuna desborda entusiasmo, que llega a hacer promesas (en algunos casos, infundadas), muy expresivo permite que sus emociones lo controlen, apasionado, contagia al auditorio con su energía y optimismo pues muestra seguridad ante el auditorio (aunque en ocasiones, no comparta un mensaje adecuado), y que además; dando el matiz de una persona firme en sus convicciones, no muestra al ser emocionalmente inestable que puede llegar a ser y por tanto falto de una postura centrada y firme en su convicción. Habla por lo que a la mayoría puede interesarle, tiende a ser exagerado en su forma.

 

Regularmente el mensaje de este tipo de orador apela más a la emoción, sin dejar de lado a la razón, genera un matiz de liderazgo dinámico en el que se pretende accionar, apasionar al auditorio hasta contagiar en él el entusiasmo deseado para lograr arrebatarle la acción, el mensaje sanguíneo apela a mover metafóricamente la sangre, más que entretener el objetivo es tener, sentir, vivir el mensaje, que a su conveniencia más pueda acomodarle.

 

Tenemos también al orador melancólico que se inclina por su personalidad cabizbaja o triste, tiende a dramatizar su lenguaje buscando con ello sensibilizar a través de las emociones que puede captar en su auditorio, trata de mover al auditorio hacia un convencimiento sensible pero no por ello analítico de la realidad, busca constantemente perfeccionar su accionar y su lenguaje, hasta pulir su propia persona; procura el consenso en el auditorio mediante el disfrute pleno del arte de la oratoria pues son ingeniosos en la disertación, emplea metáforas que enriquezcan su lenguaje y hagan volar la imaginación de quien les escucha, derivado de la sensibilidad que les caracteriza.

 

El orador colérico es ágil en su manera de hablar, suelto en la palabra, maneja conceptos prácticos y sintéticos lo cual le permite tener un correcta empatía con su auditorio pues su forma de comunicación es ágil y dinámica, tiene muy clara su postura y la defiende de manera aguerrida, este tipo de oradores los podemos encontrar en mítines, arengando multitudes pues la concepción de su persona le lleva constantemente a permanecer en grupos de protesta, donde fluye su anhelo dominante, no maneja mucho el uso de emociones pero si atenta contra el dinamismo de rebeldía de quien le escucha; se convierte en líder que mueve multitudes pero que sin pleno domino consiente de su estilo puede perder el objetivo, a este tipo de oratoria suele acoplarse el sarcasmo verbal que manejado de manera incorrecta le hace perder credibilidad.

 

Finalmente el orador flemático es agradable en su hablar, suele evitar el conflicto pero sabe debatir ante la oportunidad de una confrontación, no demuestra emociones al momento de hablar y aunque la sustancia de su mensaje es profunda puede no tener mucha credibilidad o aceptación en el auditorio derivado de su falta de empatía con el auditorio al que se dirige, cautiva por lo que comunica más que por cómo lo comunica, se muestra resolutivo y con afán diplomático para intervenir en disputas donde puede llevar la propuesta de solución antes que de división.

 

Resulta emotivo descubrir que aunque existen patrones de conducta que en su conjunto definen a la persona o en este caso al orador, la suma o acomodo de rasgos distintivos la moldea, induciendola a un cuadrante de conducta de las previamente señaladas, que se puede modificar o inducir en actitudes que van eslabonando su persona, haciéndose más eficiente en su comunicación verbal, convirtiéndose en un profesionista de la palabra que puede acoplarse a los diversos escenarios que se le presenten.