Nuestra verdadera independencia

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“La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver”

Octavio Paz

 

Bajo el velo de la verdad que se enarbola en la historia, de esa que existe aunque no se hable de ella; podemos hacer cobijo de la realidad para entender lo que somos, lo que éramos y hacia dónde vamos. Esa es la única verdad indiscutible: la historia se cuenta con delgadas pinceladas de colores previamente seleccionados por quien decide trascender y quien decide dejar en el olvido hechos que no conviene o no pretende contar porque le acomoda otra perspectiva.

 

Somos los hechos que nos han sido contados en nuestra vida, y esas palabras como relato álgido de verdad nos van definiendo un anecdotario que nos permite extender las alas de la existencia rodeados de incógnitas, de pasadizos discontinuos que no arremeten contra los ideales sino contra los límites que nos han sido impuestos de manera consciente o inconsciente para forjar nuestro paso por el mundo. Que diferente sería nuestra existencia si resaltáramos los hechos que nos enorgullecen y sí se hicieran pocos ecos sobre los hechos que han limitado nuestro ser.

Ese es el paso de la historia, un recuento plasmado a manera de novela de lo que ha sido el paso del hombre por el mundo; recreando mundos que a veces no existieron, desapareciendo tempestades que enraizaron la armonía, el orgullo de una raza en ocasiones es sojuzgado y su paso por el mundo se convierte en la tinta que esparcieron aquellos que vencieron en batalla y por desagracia la voz de los que fueron vencidos es enmudecida, tildada de reclamo y de falsedad pues una mayoría ha decidido sobre una minoría.

En ese contexto se encuentra la historia de todos los pueblos: la humanidad ha fundado su historia en lo que unos cuantos son capaces de contar mientras que otros tantos solo leen, escuchan, creen, imaginan o piensan que fue su pasado en ocasiones muy desdibujado de la realidad; pero al fin de cuentas es parte de la historia “oficial” que comúnmente es aceptada y que como tal, pocos se atreven a cuestionar y otros menos a investigar.

Las tradición dicta que nuestro pasado ha sido perpetuado de manera gráfica (pinturas rupestres, de manera oral con la historia que cuentan las generaciones que nos antecedieron; y de manera escrita, en donde los que están el poder deciden que deben recordar las nuevas generaciones) sin embargo, la humanidad ha retado a su tiempo y su destino, dándose el lujo de indagar, de cuestionar, de descifrar y de reconstruir nuestros antecedentes para dejar latente los sonoros canticos de la realidad.

Esa es la historia de nuestra realidad, un taciturno despertar de luceros que pretenden hacer arder la verdad y darles voz a los héroes que han sido silenciados, ponerle el tono de humanidad a los personajes que se nos han oficializado. México no es la excepción de esta sinfonía de cantos inconclusos; pues a la manera mexicana “se cuenta lo que conviene”, “cada quien habla de cómo le fue en la feria” y es una labor impostergable acercarse a la exactitud de lo vivido y poder entender en que camino nos hemos parado después de caminar los caminos azarosos de la vida.

Caso concreto dentro de todos los pasajes históricos que tenemos como trascendencia en nuestro peregrinar histórico es nuestra independencia nacional, mucho se ha discurrido sobre los porqués de la celebración del mes patrio; particularmente lo que pudo haber orillado a celebrar con antelación el famoso grito de Dolores o grito de independencia el día 15 de septiembre; oficialmente se nos ha dicho que la famosa arenga libertaria, donde el cura Hidalgo alzo el estruendo de su voz para arengar al pueblo y levantarlo en armas en contra del sistema monárquico español, pero fue originalmente en la madrugada del 16 de septiembre.

Entonces ¿Bajo qué se reúne el pueblo mexicano realizando verbenas previas a los festejos patrios? ¿Por qué el grito oficial de independencia por parte de nuestras autoridades se realiza la noche del 15 de septiembre? e incluso ¿Por qué el 16 de septiembre solo se realiza un desfile cívico militar? Muchas serán seguramente las especulaciones que al respecto se hagan, lo que nosotros damos como valido es que nuestro presidente Porfirio Díaz Mori realizó el adelanto de la verbena para complacerse en la fecha de nacimiento y además que fuera  a las 11 pm pues a esa hora había nacido nuestro sendo personaje.

¿En dónde quedó entonces del deseo plasmado en los Sentimientos de la Nación, (documento propuesto por José María Morelos) de que se solemnizara el día 16 de septiembre, de todos los años, como día del Aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y Nuestra Santa libertad comenzó?

Máxime aún ¿porque celebramos como independencia? el inicio de la guerra por alcanzarla; cuando la independencia mexicana del imperio español se logró 11 años después, es decir: el 28 de septiembre de 1821, y en esa fecha hay pocos festejos, menos regocijo y en la mayoría de los casos la fecha se pasa de largo; recuerdo para nuestros historiadores y autoridades en turno es el flamante hecho de que estamos próximos a celebrar el bicentenario de la firma del acta de independencia mexicana, documento que formal y oficialmente avala nuestra independencia.

Con cierta ironía (propio de la historia) la citada acta no fue firmada por los líderes independistas, algunos muertos y otros tantos relegados y más que uno de los firmaste del acta de independencia se convirtiese en el primer emperador de México libre, nos referimos a Agustín de Iturbide (Agustín I) y la pregunta que aquí seguramente nos hacemos estimado lector es: entonces ¿Cuál independencia? o ¿Independencia de quién?

Hoy nuestros horizontes son distintos, han pasado diversos sucesos que nos han hecho replantearnos nuestros fundamentos como Nación, la historia sigue acumulando sus anécdotas: unas contadas, otras ocultas, otras coactadas y otras distorsionadas; pero nuestra historia sigue siendo una. Nuestra verdadera independencia comienza cuando la venda que cubre nuestros ojos nos permita ver la realidad de lo que fuimos y lo que somos.