MUROS DE CRISTAL

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El pasado 8 de noviembre. en nuestro país. se conmemoró el arribo de Hernán Cortés  a tierras mexicanas y su encuentro con Moctezuma II en el año 1519. En tanto, Alemania el 9 de noviembre conmemora los 30 años de la caída del muro de Berlín que dividía a Alemania.

Acontecimientos de gran importancia que causaron grandes cambios en la historia no sólo de México o Alemania sino del mundo entero.

Ya son bien conocidas las consecuencias de la llamada conquista de nuestro país, consecuencias favorables o desfavorables; mientras que para muchos significó el fin de una cultura, para otros fue un nuevo comienzo y el de un debate que nunca acabará, probablemente, y al que podría agregar que es responsabilidad de los mexicanos dejar que muera o no, nuestra historia antes de la conquista.

A este debate se ha añadido el llamado a pedir perdón, sí, el presidente de nuestro país ha tenido la idea de que el representante de la iglesia católica y el de la Corona Española pidan perdón por las estragos que trajo consigo la no tan pacífica conquista de nuestro país pero ¿qué tan prudente o tan útil pudiera resultar una disculpa a 500 años del acontecimiento?  A lo mejor los propios mexicanos también tendríamos que pedir perdón por no reconocer nuestros orígenes, por discriminar e incluso asesinar a nuestros hermanos indígenas, por despojarlos de sus tierras, por excluirlos del desarrollo del país. Una incógnita que sique quedando en el aire y que, por lo pronto, de manera simbólica han respondido los descendientes de Hernán Cortés y Moctezuma II al estrechar sus manos, quinientos años después.

Probablemente muchos no se habrán identificado con ese gesto de ambos representantes, tal vez otros sí y quizás muchos más ni siquiera se enteraron por estar pendientes de cómo pasarían el día, cómo sobrevivirían la semana, los próximos meses, cómo sobrevivir a la violencia, a la falta de empleos, a la falta de instituciones para la salud. A esta realidad, consecuencia de esa historia, de ese momento que pasó y del que ahora nos toca sortear las consecuencias.

También decía de la conmemoración de la caída del muro de Berlín, un hecho que significó la inclusión e integración, con el primer agujero en el Muro de Berlín se inició el derrumbe de todo el sistema político que durante casi medio siglo había dominado en la parte oriental del país.  Y bueno, eso también cambió la historia de Europa, porque también ese cambio que para unos fue bueno, para otros no resultó tanto, pues aún los alemanes creen que existe ese muro, invisible pero que los sigue dividiendo e incluso hay estudiosos que creen que existe hasta una división mental, no puedo opinar a fondo, pues no soy alemana, lo que sí veo es cómo en nuestro país, las divisiones, diferencias y separaciones son invisibles, parecen una construcción del imaginario, más que un muro de concreto como el de Alemania o una conquista.

Hechos que tienen sus particularidades y habrá quien no encuentre relación entre ellos. Quiero resaltar que en estas separaciones y muros invisibles que seguimos construyendo con base, probablemente, en hechos históricos o en los actuales, pero que nosotros seguimos fomentando, fortaleciendo o debilitando, cuando luchamos por romper los muros que otros, como el mandatario de Estados Unidos de Norteamérica, intenta construir; a estas alturas donde pareciera que ya podríamos superar estas barreras que la historia nos ha demostrado que lejos de ser benéficas terminan por separarnos, incluso internamente como nación, o detonar las ideas xenófobas que sólo traen destrucción.

No necesitamos más muros invisibles, barreras entre nosotros, entre seres humanos, no hacen falta esos muros invisibles de miedo, ignorancia y el de los ladrillos más gordos y pesados, el del afán de poder en términos de dominación.

Triste mundo el nuestro, donde es más fácil dividir un átomo que unir las personas.

Anónimo.