Asombro

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El año decae en su vigor, el calendario no perdona y así como languidecen los atardeceres vacacionales, se agota la perseverancia que caracteriza esta década. Para dar remate a estas tribulaciones, viajé al centro, físico y geográfico de nuestro país. El punto exacto es una plazoleta de cantera en el pueblo mágico de Tequisquiapan, Querétaro.

El lugar es magnético, probablemente por sus yacimientos de piedra ópalo y metales, por sus arcos de piedra, sus calles de mineral, y ese sabor a queso y vendimia, añeja tradición de un pueblo vivo.

Entre sus lindas calles, ataviadas de bugambilia aún en invierno, el asombro abre los ojos ante cada detalle. Con alegría de niño, tuve la fortuna de conocer el Museo México ¡Me encanta! Tradiciones mexicanas en minutaura. Es un regocijo para la vista y para la nostalgia nacionalista que todos vivimos en mayor o menor grado.

Ahí se representan más de cincuenta escenas de la vida cotidiana y de las festividades que conforman la idiosincrasia del mexicano, sí, las conocemos bien, haga memoria: la feria, el día de muertos, fiestas patrias, los velorios, los jolgorios, amén de otros rituales que nos conforman como el arte y obra de comer tacos, la panadería, el universo de los oficios y las artesanías de las mágicas manos de nuestro pueblo.

Tere Cisneros, la autora de esta maravilla, recibe al público en su museo e invita a jugar, a dejar volar la imaginación y el amor por lo familiar que, a final de cuentas, es lo único que nos vamos a llevar a la tumba.

Pase cualquier día de éstos, el Museo se encuentra a una cuadra de la Plaza Principal de Tequisquiapan. Se asombrará, se lo aseguro.