EL RECORDATORIO QUE NOS DIO TORREÓN

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Después del tiroteo sucedido en el Colegio Cervantes, en el que presuntamente se
involucró a un alumno de 11 años, quien posteriormente se suicidó, las miradas de
los mexicanos se han volcado hacía Torreón, Coahuila. Lo sucedido ha dado lugar
a la reflexión sobre la seguridad e integridad física de niñas, niños y adolescentes
en los espacios escolares en nuestro país, así como del impacto que tiene el
entorno en el pleno desarrollo de los menores de edad.
A pesar de que se tienen leyes generales, locales y diversas disposiciones
normativas para garantizar la educación en ambientes pacíficos y no violentos;
docentes, personal administrativo, autoridades escolares y educativas desconocen
su aplicación, en este sentido, la Comisión Nacional considera que, ante la
creciente violencia en los diferentes ámbitos de convivencia del país, cualquier
mecanismo que se implemente en relación con la niñez debe ser considerada
como una medida de protección y de cuidado y no de seguridad (CNDH, 2019).
Razón por la cual, es sumamente importante que el protocolo con el que se
realicen las acciones de protección, tenga como objetivo el prevenir, detectar,
atender, denunciar y sancionar la violencia escolar. A su vez, las autoridades
educativas y escolares se deben concentrar en las gestiones necesarias para
lograr la educación, capacitación y difusión en materia de derechos humanos
dirigido a padres de familia o tutores, así como personal educativo, con el objetivo
de que conozcan los derechos de los educandos.
Tal como lo dispone el artículo 42, primer párrafo, de la Ley General de
Educación, los esfuerzos se deben concentrar en la adopción de medidas de
protección y de cuidado que aseguren la preservación de la integridad física,
psicológica y social de los educandos, sobre la base del respeto a su dignidad,

mas no la creación de medidas de seguridad o de prevención del delito (CNDH,
2019).
La Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la
Delincuencia (ECOPRED, 2014), permite estimar 4.22 millones de jóvenes de 12 a
18 años que asisten a la escuela, de los cuales, 1.36 millones sufrieron acoso
escolar o bullying durante 2014. Mientras que de acuerdo con datos del Instituto
Nacional de Estadística y Geografía, entre los adolescentes y jóvenes, uno de
cada cinco usuarios de 12 a 29 años, señalaron haber vivido algún tipo de
ciberacoso (INEGI, 2019).
Por lo cual, es prioritario atender a las causas que generan la violencia dentro de
los entornos escolares, ya sea debido a factores internos o externos. Los menores
de edad que realizan actos violentos son nuestra responsabilidad, en especial
reconociendo la vulnerabilidad que los llevo a tomar esas decisiones.