Cuidemos protocolos

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La interacción social nos obliga a comportarnos de ciertas formas en contextos específicos, a eso le llamamos protocolo; a un conjunto de reglas de cortesía que se siguen en las relaciones sociales y que han sido establecidas por la costumbre.

 

También se asocia a las reglas de formalidad que rigen los actos y ceremonias diplomáticas y oficiales; en ambos casos, se trata de hacer un esfuerzo por no cometer errores que evidencien nuestra falta de cultura, o peor aún, de educación.

 

¿Por qué la preocupación?, porque en muchos casos nos encontramos con cada espécimen que para que le cuento, personas capaces de enseñar el cobre en situaciones que llegan a la falta de respeto.

 

Por ejemplo; cuando sea invitado a una fiesta, no sea de los que carga con toda su raza, el padre, la madre, los hermanos, los hijos, los sobrinos, los primos de un amigo y hasta el perro.  Esto es de suma descortesía y nos habla de su tremenda necesidad, ¿Qué gana con exhibirla?

 

En contraparte, sobre todo en los eventos formales (de salón y toda la cosa), si por alguna circunstancia no podrá asistir, es un gran gesto de cortesía avisar a los anfitriones para que esos espacios no se desperdicien. A cuantas personas conocemos que nos juran y perjuran que si asistirán y a la mera hora nos dejan con dos o tres mesas vacías. Créame que los tiempos no están para tirar el dinero de esa forma por la poca conciencia de algunos amigos.

 

Si lo invitan a comer, utilice sus cubiertos, mastique con la boca cerrada y, por favor, no hable mientras lo hace; esos espectáculos de bocados volando de un extremo a otro de la mesa son francamente Dantescos.

 

Si se le antoja lo que sus compañeros de mesa han pedido de comer, nunca de los nuncas le meta sus cubiertos en el plato; si tiene mucha necesidad de probar todo lo que los demás tienen, en un plato adicional pida que le compartan una pequeña porción de su guiso y, solo entonces, cómalo.

 

Por cortesía, un invitado jamás debe de exceder el costo del platillo que su anfitrión ha seleccionado, y mucho menos pide doble porción, su botella de vino y su café Irlandés sólo porque no tendrá que pagarlo.

 

Para asistir al trabajo, cuide su apariencia personal, su imagen es equivalente al tamaño de su compromiso; utilice ropa limpia, planchadita, zapatos boleados y sobre todo, de su talla. En muchas oficinas encontramos réplicas de muchos disfraces de Halloween, en pleno enero o febrero.

 

Si su cabello pinta ya algunas canas, dese un retoquito, esas cabecitas con raíces blancas hablar de que somos dejados y sucios; igual sucede con los caballeros que dejan de rasurarse tres días y sienten que son el modelo de latín lover.  No, nuestra cara dice mucho de nosotros y evidencia nuestra pereza.

 

Cuando salga en grupo, familiar o de amistades, no se haga pato cuando llega la cuenta o se acerque a las taquillas; a menos que haya quedado claro desde un inicio que alguien invitaba, lo correcto es acercarse a quien recibe la cuenta o está por comprar los boletos para preguntarle. ¿Cuánto me corresponde?

 

En fin, unos pocos de los muchos ejemplos de fallas de protocolo que nos pintan de cuerpo entero.

 

Usted, ¿Cómo anda en el asunto?

 

horroreseducativos@hotmail.com,

davidalejandrodiaz.blogspot.com