Así, ¡no!
Haber visto varias ciudades del país convertidas en ríos y jardines de color violeta fue extraordinario; el grito femenino de una inmensa mayoría se hizo presente y dejó claro que no podemos seguir viviendo bajo paradigmas estancados en el medievo. Hoy más que nunca, el mundo debe saber que ninguna mujer puede seguir sufriendo violencia en cualquiera de sus lastimosas modalidades.
A la marcha acudieron damas de todos los segmentos sociales, lo cual establece que no es un asunto de capacidad económica, es un tema de educación y malacrianza llevada a sus extremos más reprobables.
Y para cerrar dos días de legítimos reclamos, el pasado lunes vivimos una jornada en la que cientos de miles de mujeres optaron por hacerse presentes a través de su ausencia en los espacios públicos y de trabajo. Entiéndase el sentido, hacer notar que la falta de una sola de ellas es irreparable, no sólo para su entorno cercando, sino para todo un planeta que necesita reconformar sus valores.
Nada que reprochar a quienes comprendieron la genuina intención de los dos días, porque dejaron claro que los tiempos modernos tienen que servirnos para un razonamiento más profundo y beneficioso para la conformación de sociedades más justas, equitativas e igualitarias. ¡Ya basta de tanta agresión!
Un primer gran problema, tan común de nuestro país, es que el tema tuvo matices políticos; suponer que los grupos de derecha estaban tras de ese movimiento es tan absurdo como querer comprar un auto sin dinero. El tema trasciende lo social y político, es un hartazgo por siglos de legitimaciones perversas.
Y el otro, quizás el más preocupante, es que hubo muchas mujeres que, bajo el pretexto del día de apoyo, no alteraron su vida y optaron por irse al gimnasio, a la reunión, a las plazas comerciales o al desayunito. Es cierto que en proporción fueron muchas menos, pero que una sola de ellas lo haya hecho es síntoma de nuestra nula empatía por las causas que merecen atención.
Hubo quienes tuvieron el descaro de faltar a sus trabajos, so pretexto de la jornada, y dedicaron ese tiempo a la vida social antes explicada. Personas así tiran por la borda cualquier esfuerzo. Luego no anden quejándose, porque su inconsciencia acaba por afectarles, quiéranlo o no, en algún momento de su vida. Me parece que así no era la forma de solidarizarse ante quienes apostaron y creyeron en un movimiento.
Finalmente, lo de las encapuchadas, quienes volvieron a mostrar el lado más obscuro del movimiento, sólo reiteraré que no podemos exigir con violencia que dejen de violentarnos; es un contrasentido que genera mala imagen pública y propicia una percepción equivocada sobre el verdadero sentido de acciones como las vividas el domingo y lunes pasados.
Así, ¡no!, puede sonar a cliché, pero creo que todavía podemos apelar a la razón, los buenos seguimos siendo muchos más que los malos; hay que hacer valer esa fuerza con actitudes inteligentes y con el apoyo de todos.
Dejemos de ser parte del problema, mejor ser parte de la solución. Con voluntad no es tan difícil.
horroreseducativos@hotmail.com,
davidalejandrodiaz.blogspot.com
