Seamos claros
Nadie puede cerrar los ojos ante una realidad evidente: agresiones y ofensas a millones de mujeres en el mundo, quienes tienen que ir contracorriente porque en un mundo que no les ha sabido valorar, luchan por sus ideales a la par que deben cuidarse de personas abusivas que les dañan en lo físico, moral y espiritual.
Sin duda, lo que debemos gritar a los cuatro vientos es ¡basta!, porque si esto ha crecido es porque la impunidad se ha generalizado en el mundo y las sociedades han legitimado con su silencio e inacción; era necesario levantar la voz y resulta absurdo no empatizar con una causa genuina, necesaria y urgente.
Comienza a preocupar que está justificada la lucha, que ha dado pie a posiciones ideológicas en sentido contrario y que a mi entender, quitan legitimidad a este movimiento.
Por ejemplo, en muchos espacios de interacción, tanto en lo público como en lo privado, han surgido iniciativas para denunciar a quienes caigan en conductas violentas o lascivas; postura plausible, siempre que la denuncia se haga honrando a la verdad. Si hay evidencia o testimonio de que alguien ha caído en esos actos, lo correcto es acudir a las autoridades pertinentes para, con nombre y apellido, buscar que se den las sanciones que procedan.
La realidad es que muchas veces se hacen acusaciones genéricas hablando de que tal o cual institución proteje a estos depredadores; hay que ser muy cuidadosos, y debemos tener clara la diferencia entre las personas y las instituciones.
Ante lo sensible del tema, hay varios casos en los que, por enojo o venganza, alumnas o trabajadoras denuncian a sus profesores o jefes, con toda la intención de generar un conflicto grave, buscando sangre a sabiendas de que no hubo tal agresión. Esto acaba con la vida, la imagen, el prestigio y la honra de cualquier ser humano; por supuesto, si hay razón, aplíquese todo el peso de la ley hasta sus últimas consecuencias, pero si es una calumnia, ¿esto no afecta a las que verdaderamente fueron atacadas?
En este mismo sentido, se ha sabido de bandas de mujeres que orquestan todo un modus operandi en el que en algunos sitios públicos (transporte público o bares) acusan a cualquier individuo de propasarse con alguna dama; acto seguido aparece un testigo y arman un escándalo. A los pocos minutos, aparece un buen samaritano que media para que con una módica cantidad, ahí muera el asunto; extorsiones al amparo de una causa justa.
Urgente actuar en consecuencia; con todas esas personas enfermas que sistemáticamente buscan agredir y someter a cualquier otro ser humano (independientemente del género), hagamos un seguimiento puntual: videos, mensajes, testimonios, todo aquello que favorezca hacer una denuncia.
A la par, educar a nuestros hijos para que aprendan a respetar al otro, haciéndoles ver que la equidad e igualdad son valores que deben ser aprendidos y ejecutados en todo momento; que sepan distinguir entre un genuino halago y una agresión.
Es imprescindible hablar con ellos, procurar que nos tengan confianza y nos cuenten todo lo que les suceda; si logramos hacerlo, jamás estarán solos y sentirán la fuerza para no permitir abuso alguno porque saben que hay un respaldo.
Si seguimos dejándolos ser, creamos un campo fértil para esos depredadores que lo que buscan son personas vulnerables.
Claridad ante todo.
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