PERSONAJES QUE DEJAN HUELLA

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Si leemos al mayor prosista de Toluca, el escritor Alejandro Ariceaga, él escribe: Son estas cuartillas; sin embargo, una forma de ver a distancia, una de aquellas vecindades que llegaron a caracterizar una parte de la ciudad de Toluca, su variedad de personajes de una clase social “puente”, enclavada casi en la magia debido a que también era un mundo de transformaciones, vaticinios ya de otra Era. Alejandro Aricega, creador del Centro Toluqueño de Escritores en el año de 1983, bien sabía que a partir de la década de los cincuenta, la ciudad se iba a convertir en la gran urbe que es hoy con más de ochocientos mil habitantes. Y él sabía que el creador de las letras toluqueñas no podía ser más que el cubano-mexicano y toluqueño José María Heredia y Heredia. Sea en las letras, que no sólo en la poesía, donde permanentemente se le llamaba a Heredia, sin saber que su diversa y prodigiosa inteligencia abarcó tantos campos que cumplen con la idea del genio, que en sí mismo tiene diversas personalidades a cual más asombrosa por sus hechos.

Siguiendo la huella de Alejandro Ariceaga, la investigadora y directora del Museo de Culturas Populares en años pasados, y que hoy recibe el nombre de Museo Hacienda de Toluca: que tiene su origen en el que fundara el gobernador Isidro Fabela Alfaro, Museo de Arte Popular a los inicios de la década de los cuarenta en el siglo XX, 1943. Thelma Morales presentó en alguna ocasión el tema de las principales vecindades de Toluca, y trae concretamente ejemplos, dice: …de hecho yo crecí en el barrio conocido como San Sebastián en el cual viví hasta los 17 años, de mis recuerdos de infancia quedó grabado para siempre el edificio contiguo a la casa donde viví, se le conocía como la vecindad del Hoyo —esta quedó para siempre en la historia gracias a la película realizada por Gerardo Lara llamada “Un año perdido”—, esta vecindad aún existe y está ubicada en la esquina de León Guzmán y Humboldt, aunque casi se encuentra en ruinas.

Los tiempos de aquella tacita de plata de la que hablará el poeta Enrique Carniado es el hogar de Heredia, un territorio que pocos vecinos de otras entidades han de visitar. Toluca vive de la tragedia de sólo ser ciudad o lugar de paso, hecho que no ha podido ser revertido al paso de los siglos. Y sin embargo, en la actualidad la belleza de Toluca en las artes visuales tiene ejemplos de trascendencia nacional. Los murales de Palacio de Gobierno, con pintores como Luis Nishizawa, Leopoldo Flores, Ulises Liceaga, o en el Palacio del Tribunal de Justicia, en la Escuela del Poder Judicial y en el palacio del Poder Legislativo nos llevan a recordar los murales del edificio de Rectoría de nuestra Alma Mater, la Universidad Autónoma del Estado de México, en donde destaca la pintura magistral del pintor chileno Orlando Silva Pulgar, cuya importancia a la fecha sigue vigente. Destacan los murales que se pintaron en el inaugurado Museo de Arte Popular por Ernesto García Cabral El chango y Carlos González, dentro del gobierno de don Isidro Fabela, precisamente el cronista de la ciudad de México y poeta Salvador Novo hace referencia a ello al escribir: El infatigable Roberto Montenegro ha instalado una sucursal valiosa de su obsesión —el Museo de Arte Popular—, en que es tan rica Toluca. Montenegro fue el curador que trajo los murales una década después de la gran obra realizada en ciudad de México por los muralistas mexicanos. El estudio de la ciudad de ayer con la Toluca de este siglo XXI que es Tradición y Cultura. Es importante citar dos festejos que regocijan a toda la familia lo son la Quema de Judas misma que en el Museo-Taller Luis Nishizawa logró fundar el maestro más destacado de las artes visuales de nuestra patria chica.

Bajo la experiencia de haber visto desde niño a Diego Rivera revivir el sentido festejo de la quema de Judas, don Luis trajo a Toluca en 1993 tal festejo, y ha convertido esta fiesta que comenzó con la presencia a la hora de tronar los muñecos de papel y madera de no más de 50 personas, para que en la actualidad, antes de la pandemia, fuera visto por más de 5 mil asistentes. De la tradición venida del gran muralista Diego Rivera, pasando por el entusiasmo y dirección del maestro Nishizawa, y bajo la responsabilidad del Instituto Mexiquense de Cultura, en otros años y actualmente bajo la dirección de la Secretaría de Cultura y Turismo del Estado de México, la quema de los judas y el reconocimiento a grandes artesanos capaces de hacer las figuras en papel maché de gran prestancia y arte. Este festejo en el mes de abril es siempre bien esperado por la población toluqueña del centro y la periferia. Así como la Feria del Alfeñique, que es expresión de los dulces tradicionales, cita Thelma Morales en su artículo Dulces tradicionales de México, y diría en particular: dulces tradicionales de Toluca, pues la Feria del Alfeñique es la más importante de todo el país en la fecha que se realiza. Por ello cita, si de Puebla son famosos el camote o los “borrachitos”, y de Querétaro las natillas, obleas, jamoncillos de leche, muéganos y pepitorias, destaca en esta columna que: En la ciudad de Toluca tenemos por fortuna una tradicional familia que se dedica a elaborar este tipo de dulces, me refiero a la Dulcería Hernández ubicada en la calle de Texcoco # 304 en la colonia Sector Popular, con más de un siglo de tradición. Cito, por último, otro texto del artículo referido, pues se dice: En Ulises Criollo (1935), José Vasconcelos nos describe los recuerdos de su niñez en nuestra ciudad, cuando habla precisamente de los dulces cristalizados que se vendían en los famosos Portales de Toluca, dice el famoso educador: No acababan nuestros hartazgos de naranjas cristalizadas o rellenas, limones azucarados, duraznos, tunas y biznagas en dulce y conservas de membrillo y de manzana, helados de caña, jamoncillos de leche y confites; grageas de azúcar de color, almendras garapiñadas, todo en profusión y baratura que provocaba entusiasmos.

La Feria del Alfeñique es un tema especial, pues es gran orgullo de los toluqueños. De ella la maestra Teresa Pomar, quien fue una de las mayores estudiosas y coleccionistas de arte popular en el país, dice al respecto: …que a fuerza de comérnoslas y mirarlas en los puestos los días de difuntos, no les damos la importancia que como obras de arte del pueblo contienen; sin embargo, son verdaderas esculturas de azúcar, material infinitamente más delicado y difícil de trabajar que el barro. Sería feliz José María Heredia si hoy ve la presencia de los literatos de Toluca, no sólo porque en Toluca vivieron tres gigantes de las letras del México independiente: José María Heredia, Ignacio Ramírez El Nigromante e Ignacio Manuel Altamirano. Se dice fácil, que pasaron por el Instituto Literario del Estado de México, uno como rector, profesor y creador del libro de texto de Historia Universal para educar a los alumnos con una visión humanista y universal. Así fue Heredia, después en el magisterio filosófico y rebelde de El Nigromante, y en el tercer caso porque en el Instituto Literario de Toluca se formó y educó su prodigiosa mente: Ignacio Manuel Altamirano, los tres forman un triunvirato del triunfo de la educación por encima de la barbarie, de la incultura y de la ignorancia. Escritores le vinieron a Toluca en las primeras décadas del siglo XX, Uno destaca por un verso dedicado a la capital mexiquense y le llama por el 1920: Tacita de plata con olor a sacristía escribe su verso Enrique Carniado y con ello dice cómo era aquella bella ciudad decimonónica que viene al inicio del siglo XX siendo pura y casta. Así la conoció Heredia, pues imaginemos que un siglo antes lo más seguro que después de las 7 de la tarde no se movía un alma en este convento que se decía ciudad.

Insistir en este tema, pues las letras toluqueñas son ricas en sus diferentes etapas de la vida independiente de nuestra patria: Por aquí pasa en las primeras décadas del siglo XIX el poeta cubano José María Heredia y Heredia, padre de las letras toluqueñas. En esta ciudad están Ignacio Manuel Altamirano e Ignacio Ramírez El Nigromante. Los tres son principales exponentes de las letras del primer siglo independiente. Su presencia obliga a la ciudad de Toluca a mantener su memoria vigente, reeditando sus obras, haciendo que se estudien por la juventud y en la primera niñez. Pues son ejemplos de vida y humanidad.