EL JUEGO, LA VIDA

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Juega mucho y juega bien, juega como

si tu vida dependiera de ello. Porque depende…
Dean Koontz.

Querido y aguzado lector, reciba un cordial saludo, espero que esté cuidándose de la eminente tercera ola de contagios que azota el país y que ha costado la vida de miles de compatriotas.

La semana pasada cuestionaba el hecho de que niños y maestros volverían a las aulas, así tronara y relampagueara, como dijo el primer mandatorio de nuestro país, después aclaró que se trataba de un asunto voluntario: regresarían quienes así lo quisiesen, pero querido lector, sabemos que lo que dijo fue una orden no una sugerencia. Y la prueba está en que a menos que no vaya ni un niño a la escuela, los maestros tienen que asistir.

El punto de esto es que mucha gente alega que la vida es un riesgo y que tanto los maestros como otros profesionistas corren el mismo riesgo al salir a trabajar, y estoy totalmente de acuerdo, el asunto aquí es que de cierta manera cada quién elige si arriesga su vida o no y la forma en que lo hará, no por una imposición, o una obligación, aunque claro está que si no trabajas no hay dinero, si no vienes te despido, y no es un asunto malévolo de los jefes o dueños de empresas, es capitalismo, es el modo de vida que tenemos y que mueve al mundo.

También está el otro escenario, en el que miles de padres o tutores no pueden seguir teniendo a los niños y adolescentes en casa porque tienen que salir a trabajar y no tienen con quién dejarlos. Otros más que no tienen la paciencia y la preparación académica para dar soporte a los estudios a distancia, y también la gran mayoría no desarrolla la capacidad de ser autodidacta, en especial en un momento donde si bien vivimos uno de acceso a la información no hay comprensión, discernimiento, ni un verdadero aprendizaje. Tema que dejaremos para ahondar en otro momento.

No olvidamos a quienes salieron de sus hogares desafiando el poder de contagio del virus que nos mantiene a raya, aquellos que disfrutaron de sus vacaciones, de algún viaje exprés o una fiestecilla que acabó con uno o más contagios.

Un tema que nos lleva a pensar en todas las situaciones que rodean el hecho de jugarse la vida o no, la escritora Clara Valverde a quien en algún momento ya hemos mencionado en este espacio, conceptualiza las políticas neoliberales a partir de la necropolítica, y en su definición, Valverde menciona que es una política basada en la idea de que para el poder unas vidas tienen valor y otras no.

El juego trágico cómico de la vida como diría Alberto Blanco: un juego porque implica la diversión, el entretenimiento o el poder desarrollar ciertas capacidades, de eso se trata la vida, ¿o no? De disfrutarla, vivirla y en esa práctica se pueden correr riesgos, en ella se toman decisiones y hay omisiones también que habrán de dictar el rumbo de nuestra existencia, el seguir avanzando o no en el juego y lo que ha de volverlo trágico o cómico.

Pero aun así, un juego tiene ciertas reglas, las sigamos o no, no es como que uno entra al juego sin saber de qué va; aunque pensándolo bien, muchos así andan por la vida, rompiendo las reglas, haciendo trampa.

Muchas de las reglas del juego de la vida son para mantenernos vivos, otras nos darán satisfacciones o premios, otras que, para algunos, parecerán insustanciales que las omitirán sin importar las repercusiones.

No debemos perder de vista que en este juego no estamos solos, hay millones de jugadores haciendo su partida intentando avanzar, cada quien a su ritmo, pero también no podemos ignorar que algunos puedan hacer trampa y querer sacarnos del juego, hay que tener los ojos abiertos.

Recordemos que existen algunos jugadores a quienes se les ha conferido el poder de cambiar ciertas reglas del juego y con ellos hay que tener especial cuidado.

Querido y aguzado lector, cada quien tendrá sus motivaciones para salir o no de casa, para exponer o no a niños, maestros y tantos miles de trabajadores que se arriesgan cada día por necesidad y por querer mover el país a un lugar mejor para todos, por ellos y por nosotros hay que cuidarnos mucho, #CuidemosTodosDeTodos.

Termino con la frase del escritor Albert Sánchez Piñol que dice:
El juego, por inocente que sea, pone al descubierto igualdades y afinidades, porque cuando jugamos con alguien no existen las fronteras, ni las jerarquías, ni las biografías; el juego es un espacio de todos y para todos.