El poder de la intención, es mi resultado. (Tercera Parte)

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Ahora bien, una forma de facilitar el acceso a la energía de la intención es precisamente dejar de ir en contra de la corriente por la cual nos hemos dejado llevar para encajar en nuestro entorno o bien nos hemos resistido a que nos lleve, pretendiendo que no podemos pertenecer a ese entorno, si no encajamos. Ambas situaciones impiden el flujo correcto de energía y por ende obstaculizan el poder de la intención y enturbian lo que realmente es importante para cada ser. Entonces, si la solución no es ir con la corriente, pero tampoco es oponerse a ella, entonces ¿Cuál es la solución? Se trata de pararse en la corriente, ser uno mismo, desde la aceptación y entregar lo que uno es, todos sus regalos, desde el corazón y no desde el ego. Podríamos hablar de cumplir nuestros sueños con la fuerza de la intención, con la grandeza de la voluntad.

Diremos que en principio intención es un término que se podría utilizar para los actos mentales y para las acciones corporales. Pero esto tiene que ver con el uso común del lenguaje que permite el empleo del término intención para caracterizar al mismo tiempo nuestras acciones y nuestros estados mentales. Anscombe, en su libro Intention nos sugiere tres acepciones diferentes del término intención. En primer lugar, se habla de expresión de una intención: es el caso en el que alguien dice voy a hacer tal cosa. En una segunda acepción se pasa al campo extra mental, donde se trata entonces de un adjetivo; así hablamos de acciones que son o no intencionales. Finalmente, cabe una tercera posibilidad: preguntar con qué intención se hizo una acción. A través del análisis de estos tres usos que configuran tres acepciones diferentes, Anscombe proporciona algunos elementos básicos de este concepto.

Vale la pena decir que hay que distinguirla de otras expresiones, que tal vez tengan la misma gramática superficial. Por ejemplo: si digo Voy a ponerme enfermo o afirmo que voy a ir a Noruega las dos frases tienen la misma gramática superficial y, sin embargo, decimos de la primera que es una predicción, y de la segunda que es la expresión de una intención. Inclusive podemos ver casos en los que sin preguntar a la persona que emite, no está clara la determinación que quiso decir. Esto implica que la expresión verbal de una intención y la predicción se asemejan en que ambos miran al futuro y tienen un carácter indicativo.

Ahora bien, la intención, en tanto acto mental, es completa en sí misma: únicamente se exterioriza en una acción, en un momento posterior. Esto implica que la acción en sí misma no suma nada. Hay que decir que el hecho de tener una determinada intención no implica que haya una acción intencional concreta. Sin embargo, entre ellas si hay una interdependencia, especialmente entre la acción externa y la intención. Así es que para saber lo que queríamos hacer, no hace falta conocer lo que hemos hecho. Son muchos los factores como deseos, razones, causas, presión normativa, que son motivantes de la intención. Entonces, la acción externa cuando está al servicio del acto interno, es la garantía de que contamos con una intención. Pero ésta solo será una realidad si y sólo si hay una integridad entre la acción externa y el acto interno, el acto del ser expresando el más grande sueño de la persona.

Sin embargo, es muy frecuente escuchar la expresión: no era mi intención… normalmente precediendo a una frase de un evento que habiendo estado presente como supuesto en el acto interno no se dio en tanto acción externa y por tanto no se dio un resultado.  A manera de justificación y no salir de la zona de confort así como de recibir una supuesta satisfacción o alivio por no sentir gran culpa por la no obtención de un resultado. Decía Wittgenstein no estoy avergonzado de lo que entonces hice, pero sí de la intención que tenía. Pero, ¿en lo que hice, no está también la intención?¿Qué justifica la vergüenza? La historia entera del incidente. Entonces es relevante decir que si hay una ciencia de la intención y también una historia que nos permite concluir que la verdadera intención es si o si el resultado que tenemos. Éste va a depender de la coherencia entre el evento interno y la acción externa. Sin embargo, hay que decir que si el resultado no es el que queremos o nos satisface hay que asumirlo como tal y dejar de sembrar lo mismo que es otra cosa lo que soñamos con cosechar, pero esto debe de ser de manera responsable y no como la víctima que se justifica con un no fue mi intención. Hay que asumir el resultado y pasar de página, pero siempre a continuar trabajando y recordar que los logros siempre implican un esfuerzo equivalente.

Así es que ahora vale decir que los seres humanos son receptores y emisores de señales cuánticas. Esto implica que la intención requiere ser  dirigida y se presenta como energía eléctrica y magnética generando un flujo ordenado de fotones visibles y medibles mediante equipos sensibles. Así vamos a descubrir el poder de la intención, pues se trata de frecuencias altamente coherentes capaces de cambiar la estructura molecular de la materia. Un pensamiento bien enfocado puede actuar como un rayo láser, sin perder nunca su poder.

De acuerdo con la ciencia de la intención, hay evidencias de un flujo bidireccional constante de información entre todos los seres vivientes, como si éstos estuvieran en una comunicación cuántica perpetua que explicaría el mecanismo mediante el cual los pensamientos tienen un efecto físico. A manera de demostración hay experimentos al respecto de la influencia del pensamiento sobre los seres vivientes, se han basado en el paradigma el sentimiento de ser observado. De manera descriptiva en estos experimentos se estudió a dos personas en dos habitaciones diferentes y con una cámara de video con la idea de determinar si el sistema nervioso autónomo de un receptor registró una reacción durante los momentos en los que fue observado por un transmisor. Acá se demostró que el efecto es pequeño, pero significativo.

Esto tiene que ver con que en ciertas circunstancias las señales eléctricas de los cerebros de las personas son sincronizadas. Por ejemplo, de manera más específica, en gemelos idénticos, cuando un gemelo cierra sus ojos, su cerebro comienza a generar ondas alfa; el cerebro del otro gemelo también emite ondas lentas aunque sus ojos permanezcan abiertos. Otra demostración tuvo que ver con que se demostró que cuando al transmisor se le muestra un tablero de damas con cuadros blancos y negros alternados se producen ondas eléctricas cerebrales de alta amplitud. En el mismo instante, el EEG del receptor situado a distancia registra idénticos patrones de ondas cerebrales.

Siempre, nuestra ecuación  se simplifica en que la intención es igual al resultado, teniendo en cuenta que la energía no miente. De la misma manera la intención no miente. La intención es lo que la energía de la persona generó.