EL DRAMA DE LA INFORMALIDAD
«Recesión es cuando tu vecino se queda sin empleo; depresión es cuando lo pierdes tú” Ronald Regan
EMPLEO: Economía “informal”, la llaman algunos, economía “no estructurada” la llaman pomposamente los autores “neoliberales” y los que no lo son, también. Estos y otros términos describen a la población económicamente activa (en edad y con posibilidad de trabajar) que labora por cuenta propia, asalariados y trabajadores sin remuneración formal que se desempeñan, en su mayoría en el comercio al menudeo, en puestos ambulantes, “cajueleros” o “esquineros” que buscan, fuera del contexto fiscal, el diario y necesario sustento.
Algunos autores también la llaman “economía subterránea”. Sin embargo, otros consideran que la “economía informal” es sólo una parte de la “economía subterránea” la cual comprende tanto actividades ilegales (tráfico de armas, de drogas, piratería) como legales -como el servicio de trabajadores domésticos- pero no reportadas o subreportadas a las autoridades.
El que el empleo, o mejor dicho, el desempleo sea para muchos el problema toral de la economía y que sea paliado con la brutal migración y sus benéficas remesas y con la no menos explosiva dinámica de la economía informal, en ascenso desmedido tras la pandemia, y que se refleje, en su más dramático aspecto, en el incremento de la delincuencia, lo hacen –ni duda cabe- la asignatura pendiente de más ingente solución para un gobierno que observa el fenómeno y, como todo aspecto de importancia meridiana, simplemente lo ignora.
El INEGI, generador de datos oficiales, informa, en su reporte de marzo pasado, que la población que labora en el sector informal creció a 32.0 millones de personas, esto es 300 mil más que en el mismo periodo de 2021 y representó el 55.5 por ciento de la población ocupada.
DESEMPLEO: Los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), señalan que al primer trimestre de 2022, la Población Económicamente Activa (PEA) fue de 59.5 millones de personas, que representan el 60.1 por ciento de la población de 15 años y más y detalla que de los casi 60 millones de individuos en edad y disponibilidad de trabajar, el 97.0 por ciento está ocupado y el 3.0 por ciento restante (2.2 millones de mexicanos) sin empleo, parece una buena cifra, si hasta ahí la dejamos, pero no lo es tanto si profundizamos en su análisis.
Efectivamente, la economía mexicana, en el “rebote de la crisis sanitaria”, genera empleos, pero la mayoría en el sector informal o, peor aún, en la “economía subterránea”, si nos atenemos a la definición de líneas arriba.
Dimensionemos el problema: En México (sobre)vivimos 129 millones de personas. De ellas, según la Organización Internacional del Trabajo y el Consejo Nacional de Población, cuyos datos no concuerdan forzosamente con los del INEGI, hay alrededor de 66.3 millones de seres humanos en edad de trabajar. 21.1 millones (31.8%) cotiza en el IMSS, o sea que cuenta con un empleo formal, según la métrica “oficial”. A esta cifra podemos sumar 8 millones de burócratas y 14 millones de trabajadores independientes que están registrados en el SAT. En total, pues, 43.1 millones de mexicanos tenemos una forma conocida y legal de ganarnos la vida.
Tan solo, entonces, el 43.75% de la población se moviliza en la economía formal (contra casi el 60% en el año 2000) y quizá aquí encontramos la explicación, que no la solución, a tres de los graves problemas nacionales.
INFORMALIDAD: El primero: Con el 55.5% de la población en edad de trabajar moviéndose en la economía informal, es decir, sin pagar impuestos, resulta que la baja captación fiscal en relación al PIB no proviene de bajas tasas o de alta evasión de los causantes registrados. Proviene, sí, de la no causación de los que se mueven en la economía subterránea o no estructurada.
La pandemia, y su manejo, causaron desempleo e incrementaron la informalidad. Las personas físicas y morales que trabajan, que producen, que invierten y que lograron sobrellevar el período crítico, se encuentran, en su inmensa mayoría en una situación en que la carga fiscal que están pagando es tan grande que tiene que cubrir la de la mayoría de los mexicanos que no paga impuestos… y de seguir así, vamos a acabar dislocando totalmente a la economía.
La economía informal, la subterránea, comprende ya a más de la mitad de la población económicamente activa y, sobre todo, las tasas de impuestos, altas si las comparamos con los servicios que se reciben, destacando el costo de la inseguridad, hacen que México pierda competitividad en el exterior y es esa pérdida de competitividad la que está frenando el crecimiento de nuestra economía.
El segundo: LA MEDICIÓN DEL DESEMPLEO, es limitada o incorrecta. Se determina, mediante una encuesta, el número de mexicanos que buscaban trabajo en la semana investigada, pero en realidad no se tiene un registro de la situación del empleo de más de 25 millones de compatriotas. Vender un dulce en una esquina, una vez en la semana, se considera “empleo”.
El tercero: LA FALTA DE REFORMAS ESTRUCTURALES, específicamente para este caso, la laboral y la fiscal, orillan a un proceso incremental del empleo informal. Los más de 15 trámites por lo menos, 60 días o más y, sobre todo, la corrupción burocrática, inhiben la creación de empresas formales que generen empleos estructurales y, en consecuencia, mejoren la captación fiscal. ¿Cuántos programas de “ventanilla única” han tenido éxito en el país?, aparentemente ninguno.
No obstante, al igual que con la migración, no podemos hacer un juicio de valor en contra de quienes se ven orillados a refugiarse en la economía informal, como sí lo haríamos a quien se cobija en la delincuencia; la primera es, en las condiciones actuales, un paliativo, incluso para las tensiones sociales que la desocupación y la falta de oportunidades y de atención oficial generan.
Por eso las opiniones con respecto a la economía informal suelen ser contradictorias: mientras para unos (sobre todo los que se mueven en la economía formal) es un factor dañino, pues estimula la evasión de impuestos, la competencia desleal a los negocios formalmente establecidos, la piratería, la corrupción y en ocasiones la delincuencia, para otros representa una válvula de escape en la que han encontrado un medio de subsistir ante la carencia de empleos en el sector formal de la economía.
DE FORMA: La economía mexicana sigue estancada y solo los más optimistas, del sector oficial, desde luego, vislumbran una recuperación hasta el tercer trimestre del próximo año, de acuerdo con el Banco de México (Banxico). Tanto la inflación como el alza de la tasa de interés en 75 puntos base, han afectado, y afectarán, al bolsillo del consumidor, sobre todo al de menores recursos.
La inflación llegó al 7.88% en este mes de junio, anualizada, y creció de un mes para otro, se acentúo en los bienes de consumo y en los servicios públicos. El “programa contra la inflación y la carestía” (por lo pronto con minúsculas) se ha quedado, al menos hasta ahora, en idea sin concretar, en “promesa de campaña” o, lo peor, en un gran distractor de los problemas de fondo.
La inflación alcanza su nivel más alto desde la primera quincena de enero de 2001, en esa ocasión el INPC se ubicó en 8.37 por ciento. De acuerdo a cifras oficiales, sí es la más alta en 21 años.
Ahora, le vamos a proponer al líder de la economía “neoliberal” más grande del mundo, al presidente Biden, un “plan conjunto contra la inflación”; sin receta interna buscamos el guisado exterior, A propósito: ¿dónde quedó el Plan Puebla-Panamá?…
DEFORME: Seguimos con los conceptos patológicos que rompen con las “expectativas racionales”, gracias a la aportación del destacado economista José Luis Medina. ¿Por qué no se toman, en la economía y en la vida, decisiones al menos mentalmente correctas y serenamente estructuradas? Bueno, uno de esos síntomas de falta de salud mental es el que hoy comentamos y nos habla del “Hombre Anúmerico”: a éste lo caracteriza la incapacidad de comprender conceptos matemáticos aplicados en la vida real y, en un sentido amplio, la incapacidad de entender el mundo de manera científica y racional. Es, pues, un analfabeto matemático. Mientras buscan líderes con esta característica en el mundo, preparamos el siguiente síndrome, lo presentaremos la próxima semana.


