Condenada a desaparecer

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La naturaleza de la universidad en los textos de Ortega y Gasset es un asunto bien abordado. Generalmente, cuando se pretende decir la naturaleza de algo, se incurre en un inmovilismo intelectual y se ponen una serie de trabas al progreso que suelen llevar, en la mayoría de los casos, pensar en términos de naturalezas fijas. En el quehacer filosófico de Ortega acerca de la Universidad efectivamente se ha pretendido decir la naturaleza de algo, pero sucede que la manera en que se ha conseguido llevar esto a cabo está tan aterrizada de pertinencia y actualidad, que pueden seguir usándose las aristas conceptuales del texto para pensar la situación actual. Revisar y estudiar la Universidad actual a través del reclamo que se hizo de ella en el ayer, no sólo es pertinente sino obligatorio. La época universitaria actual es una de las más preocupantes que ha vivido en su historia, pues está amenazada nada más y nada menos que por la sentencia que Antonio Escohotado esgrimió diciendo: La universidad es un ente que se ha condenado a sí mismo a desaparecer.

En ese sentido, es que nace el texto Misión de la Universidad, un ensayo de mediana extensión, que posteriormente se comenzó a publicar con distintos apéndices sobre el estudiar, el estudiante, y en suma la educación, pero que, sin embargo, su primera aparición como texto sensu stricto está en el volumen El libro de las misiones una compilación de tres estudios: misión del bibliotecario, misión de la universidad, y Miseria y esplendor de la traducción.  Como fuera, el trabajo en cuestión tiene un carácter finalista en el sentido aristotélico, pretendiendo escudriñar a fondo el para qué fundamental de la Universidad y, sobre eso, hacer un parangón de lo que venía pasando en sus tiempos, con lo que, de una forma u otra, debería aspirar a ser la universidad; pesquisando vicios y virtudes.

La universidad es, ante todo y fundamentalmente, un sitio donde se debe de impartir más cultura que mera información y profesionalismo. Se debe de saber vivir adaptándose por medio de conceptos actuales al tiempo en el que uno puede influir para bien. Y para esto, deben de enseñarse antes que las materias básicas para constituirse en alguien competente, lo que Ortega y Gasset, entiende por cultura: el sistema vital de ideas sobre el mundo y el hombre correspondientes al tiempo, dice literalmente en el libro. Así pues, la Misión de la Universidad, es mantener una formación fundamentalmente cultural que sea la base y el impulso para ejercer todo lo aprendido relacionado a las competencias profesionales de cada rubro.

Con una pertinencia que casi asusta, vemos que la Universidad sufre exactamente el mismo fenómeno que el de tiempos de Ortega. Actualmente el centro sufre de unos anacronismos educativos que brotan de la poca preocupación que se tiene por constatar si las ideas que vertebran sus aulas tienen actualidad o no; también vive un gran desarrollo tecnológico y científico que expedita avances descomunales; y también se ve que estos mismos no pueden justificar el daño irreparable que una concepción unilateral de la universidad hace a la esencia del centro educativo. Esencia sin la que, teóricamente, no le debería quedar mucho tiempo a lo que conocemos como Universidad sensu stricto. Demás está decir que a todo esto, le sigue como consecuencia lógica el segundo factor de su condena: la total corrupción del factor político dentro de los departamentos.

De una forma u otra, podemos decir –con justa razón– que  ahora mismo, todo organismo universitario, como ocurre en la biología, está predestinado a implosionar si es que se embebe de competencias que no le corresponden, como la mutilación de la enseñanza cultural, la tecnocracia como pauta rectora, o el enquistamiento del interés político o ideológico dentro de sus aulas. Que los dos principales males que ha adolecido la universidad de los últimos lustros para ser alejada de su misión esencial, y por ende, de su esencia, han sido la vulgarización de sus contenidos educativos en forma de un desprecio de los más importantes temas culturales, y la evidente captura y corrupción indefinida que han tenido todos los departamentos académicos. Y, que, la institución, tras todo lo anterior y con el advenimiento de internet y vistos los tiempos de preponderancia de querencias libertinas que tiene la sociedad actual, muy seguramente termine por desaparecer en un periodo de tiempo no excesivamente prolongado, pues la altura de los tiempos actuales, tiene por bandera dos cosas muy concretas: el libre examen sobre lo acostumbrado y el rechazo decidido al llamado totalitarismo mesiánico.