DA VINCI TOMABA LA SOPA CALIENTE

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Porque la sopa se enfría

Leonardo da Vinci

He guardado el secreto durante años pero creo que ya es hora de contarlo

El 06 de setiembre del 2011, José Carlos Capel iniciaba así una confesión.

Circula en la red, una ingente cantidad de anécdotas sobre el gran Leonardo da Vinci, cuyo origen es el Codex Romanoff, un cuaderno en donde el genio, registró recetas y comentarios sobre la mesa y la cocina… ¿Quién no estaría tentado a curiosear?

Este Codex revela, entre otras cosas, que el hombre más curioso de la historia, ideó el tenedor de tres dientes para poder comer los espaguetis, que también inventó; que, a fin de evitar que los convidados a los banquetes, se limpiaran en el lomo de los conejos atados a las sillas con este fin, creó la servilleta; que, tras investigarlo, concluyó que los huevos bendecidos por sacerdotes, saben igual que cualquier otro; que recomendó la grasa de oso para recuperar el cabello, y fabricó un cortador de berros gigante que se descontroló, al probarlo, matando a dieciséis servidores de las cocinas, y a tres jardineros.

Es posible, que algunos de sus consejos para evitar las conductas indecorosas en la mesa, te robaran una sonrisa:

… No ha de pellizcar ni golpear a su vecino de mesa.

No ha de enjugar su cuchillo en las vestiduras de su vecino de mesa.

No ha de dejar sueltas sus aves en la mesa.

No ha de conspirar en la mesa (a menos que lo haga con mi señor)…

Registra, también, la anécdota de la colosal tarta construida para la boda de Beatrice y Ludovico: una réplica del castello Sforza, de 60 metros de largo, hecha de polenta, nueces, pasas y mazapán multicolor, con el propósito de celebrar el enlace, ¡dentro de la misma! Los invitados ocuparían taburetes de pastel, frente a mesas de pastel, y comerían… pastel. Lo que no previó Leonardo, es que atraídas por las migas, miles de ratas y aves dieron cuenta de la tarta, en la víspera… ¿el escenario el día de la boda? un caos.

Parece broma, ¿verdad?

Y sí, lo es. El Codex Romanoff, simplemente, no existe.

Al menos, no fuera de la imaginación de Shelagh yJonathan Routh, quienes escribieron el libro Notas de Cocina de Leonardo da Vinci, en el año 1987, con fines humorísticos.

Esa fue la confesión de José Carlos Capel, quien dirigía la colección de gastronomía de la editorial Temas de Hoy(Planeta), en el año 1998, cuando publicaron la edición española del libro: Es cierto que Leonardo era un cocinilla declarado, y es verdad que tuvo una taberna en Florencia a medias con su amigo Sandro Boticelli. Negocio que cerraron por falta de clientela. Sin embargo, ni inventó el sacacorchos para zurdos, ni las máquinas para cortar fiambres, ni un gramófono para filetear la carne, ni tampoco el tenedor, utensilio que ya se usaba en Constantinopla en el siglo XI. Nada de esas cosas que se le atribuyen por culpa de esta obra. Si alguien está interesado en profundizar en su figura que se busque otras fuentes. El libro de marras es fantasía pura

Lo que no es broma, y preocupa, es la vasta cantidad de artículos que respaldan al Codex Romanoff, en la red. Algunos de estos autores, no suben a Leonardo, de fracasado, tolondro y parapoco. Felicito el interés de los lectores por querer hurgar en la mente del polifacético artista, desde las fuentes a su alcance, y no escribo esto para criticar a nadie. Creo que el libro está escrito y presentado de modo tal, que haría dudar hasta a los vecinos del genio, y que él mismo lo hubiera encontrado divertido. Según cuenta Lomazzo, uno de sus primeros biógrafos, el inquieto polímata (alguien que sabe mucho sobre muchas cosas) solía sentarse junto a sus modelos y contarles las cosas más locas y ridículas del mundo, hasta hacerlos reír a carcajadas, aunque no supieran muy bien de qué. Luego, lo dibujaba todo con el fin de divertir a sus protectores. También, aplaudo la aclaración de Capel (ojalá hubiera llegado antes y así tocaría sólo celebrar un brillante libro cómico y no tener que lamentar esta confusa bola de nieve, que sigue creciendo).

De otro lado, creo que el lector esperaba (y merecía) mayor investigación por parte de los autores de ciertos artículos, que no sólo ignoraron las declaraciones del editor español lo que, admito, puede pasarle al investigador más acucioso sino que (aquí, lo grave) confirmaron como real, una fantasía y le añadieron nuevos absurdos… no leer una presentación o un prólogo es habitual entre lectores con prisa, de haberlo hecho hubieran hallado las advertencias (nada categóricas, todo hay que decirlo) sobre el juego de especulación y presunción histórica que es el libro. El manejo de la ironía tampoco es un don genérico y sirve como atenuante, pero en este caso, flameaban como banderas rojas, nada menos que los diseños del Codex Atlanticus, con explicaciones muy lejanas a los propósitos originales de su autor  . En fin, no todos tendríamos por qué estar familiarizados con los bosquejos de Leonardo, o saber distinguir entre un faro y un pimentero, ¿verdad?

Lo que me impulsa a escribir este texto no es el libro que, como broma, es genial sino las duras expresiones vertidas contra el pintor de La Gioconda, que traspasan la barrera del respeto a su honor y memoria. Me refiero a hacer leña del árbol caído, o peor, de uno que jamás cayó, pero alguien te cuenta que sí. Esto ha ocurrido tanto con personajes que intentaron caminar derecho hace 500 años, como más atrás y adelante, en la historia, así como en nuestros “civilizados” días. No he descubierto la pólvora tal como da Vinci no descubrió el espagueti. ¡Si es el pan nuestro de cada día!, el companaje varía según los afanes del mercado, el influencer de turno, el inseguro más creativo, y los algoritmos de los que somos carne ante la mínima insinuación de error. ¿No merece tu vecino, un ser humano, que se ha esforzado por dar la talla, el beneficio de ser investigado, antes que juzgado? Tanta prisa por condenar a alguien, asusta, y nos devuelve a las cavernas.

La vida real de Leonardo, fue fascinante y estuvo sembrada de anécdotas sabrosas. Sin duda, los testigos más cercanos de la vida y obra de Leonardo, fueron sus cuadernos. Allí anotaba todo lo que se le ocurría, incluso, sus listas de la compra. Mediante ellos, nos acercamos al ser humano. Sabemos por ejemplo, que era un vegetariano apasionado, incapaz de dañar a un animal y un hombre generoso que dilató la entrega de su obra La Última Cena, para poder alimentar por más tiempo a sus modelos, a quienes rescató de las calles. Y cuáles eran sus lugares favoritos para observar el vuelo de las libélulas. Estas notas, nos acercan al vinciano, y al acercarnos a las personas, es que aprendemos a conocerlas, y nos damos la oportunidad de apreciarlas.

¿Será que hoy, más que nunca, los humanos tendemos a alejarnos y nuestros corazones necesitan hablarse a los gritos para poder escucharse? Sí, ese es un cuento oriental pero tal vez en el esfuerzo por “acercarnos” y conocer al otro, está la clave para no agobiarnos con reclamos, y reconocernos como parte de ese todo que es la humanidad. Ojalá dejemos la prisa a un lado y hallemos a forma de encontrarnos, hoy porque la sopa se enfría…

Buscapié: La Biblioteca Ambrosiana, de Milán, ha compartido un enlace para facilitar el acceso del público, a las 1,119 páginas catalogadas del Codex Atlanticus, de da Vinci: http://codex-atlanticus.ambrosiana.it/#/ . Lo dejo aquí por si es de tu interés. ¡Disfrútalo!