LA EDUCACIÓN EN LA MIRA DEL POPULISMO.

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Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad. Karl A. Menninger.

 

LA EDUCACIÓN EN LA MIRA DEL POPULISMO.

 

Más que adecuada al momento crítico por el que está pasando la educación en nuestro país, es la frase del psiquiatra egresado de Harvard con honores, que he tomado para unirme a la preocupación de la mayoría de los mexicanos por el atentado al futuro de México.

Los primeros países que lograron el Gran Escape de la pobreza universal en el siglo XIX, y los países que más rápido han crecido desde entonces, son los que han educado con más intensidad y calidad a sus niños.

La educación, es impulsora esencial de la movilidad económica. Y me estoy refiriendo a la educación laica y racionalista.

La escuela desde el nivel básico, fundamentalmente, debe ser la vela que impulse el barco de la niñez para llevarlos a explorar el altamar del conocimiento universal y no el ancla que los inmovilice para ser presas fáciles del canto de las sirenas populistas.

La escuela, que había sido una suerte de actor de reparto en la mayoría de las sociedades del pasado, que solo afectaba directamente las vidas de una pequeña fracción de la población, se expandió horizontal y verticalmente hasta ocupar su lugar junto con el Estado, la familia, la iglesia y la propiedad como una de las instituciones más poderosas e imprescindibles de la sociedad del siglo XXI.

Los efectos que produce la educación en la mente se extienden a todas las esferas de la vida, de formas que abarcan desde lo obvio hasta lo críptico.

En el extremo más espiritual del rango, la educación trae consigo dones que exceden con creces los conocimientos prácticos y el crecimiento económico: las mejoras educativas de hoy se traducirán mañana en un país más democrático y pacífico. Frenar de golpe y a matacaballo la ruta siempre perfectible de la educación cimentada por Vasconcelos, traerá justo lo contrario: un México antidemocrático, estancado y polarizado en niveles inmanejables.

Los efectos de amplio espectro de la educación hacen difícil discernir los eslabones que intervienen en la cadena causal desde la escolarización formal hasta la armonía social. Algunos de los eslabones pueden ser simplemente demográficos y económicos. Las niñas mejor educadas tendrán menos hijos cuando sean mayores, por lo que tendrán menos probabilidades de engendrar una población joven problemática.

Pero algunas de las sendas causales reivindican los valores de la ilustración. Una población educada desaprende supersticiones peligrosas, como que los líderes gobiernan por derecho divino o que las personas que no se parecen a ti no llegan a ser humanas.

Aprendes que los salvadores carismáticos han conducido a sus países al desastre. Aprendes que tus propias convicciones por muy sinceras o populares que sean, pueden estar equivocadas.

Aprendes que hay formas mejores o peores de vivir, y que otras personas y otras culturas pueden saber cosas que tu ignoras. En este mundo globalizado, no podemos permitir que nos aíslen como ha ocurrido en países como Cuba o Afganistán.

Y aprendes también que existen formas de resolver conflictos sin recurrir a la violencia. Todas estas epifanías militan en contra de someterte al dominio de un autócrata o de unirte a una cruzada en pro de la violencia.

Por supuesto, ninguno de estos saberes están garantizados, sobre todo cuando los gobiernos promulgan sus propios dogmas, hechos alternativos y teorías conspiratorias; y, en un ambiguo cumplido al poder del conocimiento, reprimen a las personas y las ideas que podrían desacreditarlos.

Las personas educadas, confieren un valor superior a la imaginación, la independencia y la libertad de expresión. Tienen más probabilidades de votar, expresar opiniones políticas y tener una participación social que abone a la cohesión social tan necesaria en tiempos en donde los autócratas están empecinados en derribar nuestras instituciones democráticas.