Sin temores

Views: 1430

La adversidad en tiempos modernos parece ser una constante, basta con revisar cualquier periódico, escuchar cualquier noticiero o platicar con cualquier persona, para notar que no hay ser humano que escape de ella.

Si, en efecto, la adversidad es una condición que aparece de vez en vez (bueno, quizás con mayor frecuencia) y que nos tiene que curtir el carácter para aprender a vencer obstáculos: desde esos pequeños desajustes del día a día hasta circunstancias graves que, para bien o para mal, resultan retos que ponen a prueba nuestro intelecto y nuestra tenacidad.

Lo mas sencillo, para muchos, es tirar la toalla; esto significará permitir que el mundo les pase por encima, callarse u optar por refugiarse en el cigarro, el alcohol o la depresión, quienes optan por esta opción, lo único que están demostrando es que su espíritu es débil y que probablemente son merecedores de lo que sufren, porque no tienen los arrestos para poner en orden las cosas.

La conducta ideal, o al menos la esperada, es la de tomar el toro por los cuernos y enfrentar con toda entereza las circunstancias, siempre que tengamos claras algunas premisas: nadie puede estar por encima de nosotros, tenemos un valor y no debemos permitir que alguien más vulnere nuestros derechos fundamentales, hacerlo es tanto como entregar nuestra voluntad al albedrio del otro.

Segundo, es importante llegar a consensos, las imposiciones nunca resultarán de la mejor forma, en la medida en que sepamos acordar las cosas, evaluando y mediando entre lo que me gusta y necesito, con lo que debe ser y resulta funcional, estaremos construyendo relaciones interpersonales más sanas, en las que suprimiremos al reclamo como forma de vida.

Tercero, exigir respeto. No hagamos lo que no nos gustaría que nos hicieran, si no me gusta que me griten y quiero que me traten con armonía, tengo que evitar gritar y tratar con armonía. Resulta incongruente exigir y pedir lo que no estamos dispuestos a dar.

Reglas de convivencia mínimas necesarias para favorecer relaciones personales, familiares, sociales y laborales más significativas.

Un consejo adicional, hablarlo a tiempo, porque dejar que las cosas crezcan lo único que propicia es un rencor acumulado, parece fácil, pero no lo es porque en estas luchas de poderes que encontramos entre seres humanos, resulta complejo establecer convivencia cuando se parte del sometimiento o del miedo.  En efecto, muchas personas prefieren callar por miedo, porque saben que intentar arreglar las cosas no resulta tan sencillo ante un temperamento agresivo.  Con todo y todo, siempre será mejor arriesgarse antes que seguir acumulando piedritas que tarde que temprano cobrarán una factura.

No, no debemos permitir vivir con temores, y si eso significa tener que levantar la voz, hay que hacerlo con toda la dignidad. ¿Habrá consecuencias?, probablemente, porque cuando alguien que siempre se quedo callado de repente se defiende, acabará por ser juzgado, será el exagerado, será el inconsciente, el orgulloso, el malo.

Si no solo como personas, sino como nación lo entendiéramos, nada ni nadie nos sobajaría como hasta el día de hoy, recordemos aquella máxima, el valiente vive hasta que el cobarde quiere.

¿Hasta dónde llevar nuestra cobardía?

horroreseducativos@hotmail.com