Una de tantas navidades
Ya eran las ocho de la noche, mis ojos se cerraban y mi panza gruñía del hambre, hoy no le dio tiempo a mi chata de hacerme el lonche, porque anoche Sebastián tuvo calentura tuvimos que llevarlo al doctor, nos acostamos muy tarde y apenas llegue a la fábrica para checar a tiempo. Espero que ahorita en la casa haya algo que llevarme a la boca. Está haciendo chingos de frio y pa’acabarla también se me olvido mi chamara con las prisas de la mañana, casi que mis dientes chocan y me cruzo de brazos para no sentir el aire helado que se mete por las ventanas de este camión viejo. Cierro mis ojos un rato, siento que me duermo, pero de repente el frio me despierta, en esos momentos pienso en los juguetes que me pidió mi Ramiro, Sebas todavía esta chiquito y no sabe nada de eso, pero mi campeón ya tiene sus cinco añitos y ya busca con qué jugar y que presumirles a sus primos, ya no sé si me va a alcanzar con eso de los medicamentos de Sebas, pero algo tengo que hacer. Lo bueno que mi chatita vende sus cositas del catálogo y eso es para la cena de este año. Llegando a la casa están todos dormidos pero Ana se despierta para calentar el café, me sirve de cenar una sopita de fideo y un taco de frijolitos con queso. Hablamos de lo que se puede hacer en la navidad con sus hermanos y lo que podemos comprarle a nuestros hijos.
– Pero ya no invites a tu hermano Santos, chata, ese cabrón puro criticar y hasta la suegra trae, y para acabarla todo se comen.
– Si invito a mis otros hermanos, le van a decir, ay veras si mejor le decimos a tu papá a ver si nos quiere invitar a su casa.
– No pus’ya estuvo que mejor tu hermano. Acuérdate que también mis carnales vienen.
Reímos un rato de cómo se le derritieron sus uñas postizas cuando se puso a hacer tortillas. Hablamos de mi Sebas y su tratamiento y que nos gana el sueño. Estaba soñando muy raro. Desperté nervioso como eso de las tres de la mañana, tome un poco de agua y vi a mis chamacos dormir. Mis hermanos casi todos tienen a sus hijos y a sus esposas. Fabián es el más chico y no quiere casarse, anda enamorando a las señoritas, creo que hasta tiene tres ahorita. Me acordé lo que me dijo Ana sobre hablarle a mi papá para la cena de navidad. Mi papá se casó con otra mujer después de que mi mamá murió y tiene otra familia, de por sí nunca lo veíamos, y mi mamá sufrió mucho por él. Noches enteras le lloraba para que no se fuera. No es difícil no estar con él, era un completo extraño para mis hermanos y para mí. No dejamos de hablarle, pero una navidad con él y su familia bastó para no querer frecuentarlo. En eso, me dan las cinco de la mañana, ya ni me acuesto porque me voy a quedar dormido, caliento agua para bañarme y me preparo mi lonche. Me despido de mis hijos y de mi esposa. Un día más y tendremos nuestra pachanga. Todo está normal en el trabajo, los jefes nos convocan para darnos una despensa, se lucieron. De volada me voy para la casa. No hay nadie, pero la luz de la cocina esta prendida, las cosas de la cena de mañana están sobre la mesa, un guiso en la estufa a medio cocinar, reviso el cuarto, esta todo echo bolas, checo mi teléfono voy viendo las llamadas perdidas de mi chatita, todo por tenerlo en silencio. Le llamo, no me responde, le vuelvo a marcar y nada, hasta la tercera y entra la llamada. Cuelgo, voy al hospital y en el camino voy pidiéndole a la virgencita por mi chamaco, repitiendo que todo estará bien. Mi Sebas se va a componer, ya estaba bien, mi Sebas se va a componer. Al llegar no hay nadie que dé informes, doy vueltas por la sala de urgencias en donde todos esperan ser atendidos, pregunto, pero no hay nadie, nadie me puede decir en dónde está mi hijo, Ana no me responde. Una vigilante se me acerca y me pregunta qué me pasa, le cuento nervioso, me dice que hace como 20 minutos una mujer y dos niños estaban aquí, pero que ingresaron por el otro lado de la clínica. Salgo a la calle para entrar por el otro lado. Recibo la llamada de mi hermano Javier, me dice que viene en camino. Me pregunto y me digo muchas cosas; ¿Por qué no llegaste antes?, ¿porque no viste las llamadas?, pudiste haber llegado a tiempo al hospital, no hay doctores, lo atendieron tarde, mi Sebas estaba bien, ya se estaba componiendo, no es justo. Todo estaba bien. Todo estaba bien. Entonces entro de nuevo a la clínica y Ana tiene en brazos a Ramiro que se ha dormido, triste, pero más tranquila, me dice que lo atienden. De alguna manera me siento algo aliviado, llegan mis hermanos y también nos sentimos acompañados, pasamos la noche ahí. Ya de día, una doctora nos avisa sobre Sebastián, está estable, pero lo llevaremos a casa hasta después de las seis, necesitará muchos cuidados. Le digo a mis hermanos que se lleven a Ana y a Ramiro, yo me quedo por cualquier cosa. Horas más tarde llego a casa con mi Sebas en brazos. Todos están ahí, listos para ver a mi chamaco y para cenar y agradecer que estamos juntos y que todo estará bien.

