Dos prosas

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MANOS 

Desde que el futuro ser se deja ver en el ultrasonido pareciera que un espermatozoide nadara en el líquido amniótico y dos como alitas, –las futuras manos– dieran  más vida a la vida.

Y al salir del claustro materno junto con el llorido, arañaran el aire buscando decir que aquí está.

Y esas manos en la cuna, buscarán con cariño a quien se acerca. Y sin ver, ya quieren abrazar y luego al gatear manos y pies se moverán y por fin al caminar y levantarse esas manos ya podrán abrazar a quien lo quiere tanto.

Manos de niña o niño que comenzarán a ayudar en lo indispensable, las femeninas manitas que junto a mamá irán aprendiendo, viendo y haciendo y que, cuando en la tarde/noche, llegue papá cansado, exhausto por la diaria labor de llevar el pan, el recibimiento con un abrazo y un beso lo reconfortarán, tanto que a veces hasta llorará de alegría.

Manos, manos, manos infantiles que al ir aprendiendo a escribir rayarán el cuaderno con la palabra mamá y luego al saber el significado de las letras escribirán mamá y papá los quiero mucho y en el dibujo con crayones de colores saldrá una casita con todos sonriendo.

Manos adolescentes que descubrirán las primeras rutas de Eros en el escarceo que encontrara grato lo opuesto y al tocarlo hará que el corazón tap-tap se quiera salir.

Manos adultas que ahora guiarán, que sostendrán al abuelo a le traerán el báculo para poder caminar. Manos que ahora trabajarán, manos que construirán: las negras enchapopotadas en aquella refinería, o las llenas de tierra del campesino sembrador. Y también las manos blancas del panadero que nos proveerán de alimento igual que la nixtamalera o el albañil que se limpia el blanco yeso.

Y oh tristeza, las manos rojas, con la sangre de quien mato o las corruptas manos del político ladrón que apenas acaba de vender su honra y cuenta los billetes.

Manos, manos que bendecirán o mentarán la madre, manos del buen sacerdote que da el cuerpo de Cristo o del sicario que atina en medio de la frente el balazo fatal.

Manos que al final de vida se unirán en el postrer adios y manos que bajarán los párpados a unos ojos que ya no ven.

Manos, manos que a veces se irán en una descarga eléctrica de quien subido en un poste trataba de darnos luz.

Y de todas las manos recuerdo las de mamá, que al ponerlas en su féretro parecían de lija de tanto que trabajaron y que tal vez mi lagrima las ablandó un poco.

Y así… esas alitas que nadaban cuando el corazón termina su labor también quedaran sin hacer más

Y por fin, las manos de los que nos quedamos moviendo, nuestras manos, en un aplauso les dirán adiós.

CRUCIGRAMA

Atento a lo cuadritos negriblancos iba llenando el tiempo escribiendo letras. Primero las horizontales y después las verticales. Algunos números regalados, se escribían rápido como me atrevo: osa u otras sencillas como Roberto Langarica Condez, iniciales: RLC.

Audomaro iba en caballo de hacienda y la hojita del crucigrama se iba llenando cuando el 32 horizontal resultó difícil: decía Lago de Kazajistán y para acabarla de completar era de siete letras de las cuales las horizontales le habían dado solo la tercera y la última así: _ _L_ _ _h.

Olvidó el problema y continúo llenando cuadritos y ahora tenía en la primera del fatídico 32 y era la B y en la antepenúltima la A.

Se dijo: ahora si ya le avancé y aunque las verticales no daban más le vino una idea: ¿Y para que seguir luchando? Sólo le pido a mi celular Lago de Kazajistán y ya.

Pero de pronto reaccionó: nooo, como voy a hacer eso, sería trampa y un buen crucigramista que tenga honor no lo hace. Bien con calma, en kasajo como se escucharía BALMACH. Y si no es, pues ni modo, cuando reaccionó y dijo no me suena, falta la j, suena más a kasajo y sin pensarlo la colocó en el cuarto cuadrito y así lo dejó. Es más creíble pensó y así quedo BALJASH.

Las demás líneas se llenaron solas y al otro día al llegar el periódico lo primero que buscó fue el crucigrama en donde estaba el nombre del lago viendo que era el correcto, ¡que chingón soy, le atiné! Cerró el periódico felicitándose de su cultura y de su lógica obviedad. Sólo que ni él se fijó que en la línea, según fácil, no decía se atreve sino me atrevo y por el feliz nervio de lo sencillo en lugar de osa, realmente era oso.

Lo bueno es que Audomaro, como muchos mexicanos se fue creyendo en su triunfo.