A los padres
El fin de semana pasado celebramos de manera peculiar el Día de las Madres, a quienes envío una cariñosa felicitación por su día.
Entrando en materia quiero comentarles que en los últimos días me encontré con una infografía del CONAPRED, Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación, en el que describía el ADULTOCENTRISMO, cuando el adulto cree que jamás se equivoca y si lo hace, lo niega. ¿Y quién no lo ha hecho en algún momento? De pronto parece conveniente, pero quién se pregunta por lo que pasa en la cabeza de los pequeños cuando escuchan expresiones como: Eres muy chico para entender esto, Haz lo que te digo y punto, Soy adulto, por eso te lo digo, No me contradigas, entre otras.
Entonces señalan que en algún momento olvidamos las necesidades y sentimientos de los niños, se olvida que tienen los mismos derechos, pues el adulto actúa y piensa que es superior a un niño. Cuántas veces su inocencia y su descubrir el mundo nos parecen risorios o una nimiedad, sólo porque nosotros tenemos más información e incluso hay quienes se aprovechan de mala fe de las cualidades de los niños.
Considero un recordatorio importante, pues es fácil que el ritmo de vida nos impida detenernos y pensar en las necesidades y derechos de los pequeños. Por ejemplo, ahora que nos encontramos en confinamiento, los niños van a pasar más tiempo con adultos que con personas de su misma edad, una situación un tanto complicada en tiempos como, ya decía, lleno de estrés; primero por el virus que nos tiene resguardados, segundo por el trabajo que algunos realizan desde casa o que tienen que salir a realizarlo y exponerse y por lo mismo a su familia y tercero porque ahora los niños realizan sus actividades escolares desde casa, y los padres deben encargarse no sólo de la educación de los niños sino también de su instrucción.
Situaciones que han llevado a muchos padres a estados de nerviosismos y no dudo que algunos caigan en la desesperación o incluso en la violencia. Desafortunadamente la violencia no discrimina lazos filiales. Yo sé que la mayoría hace su esfuerzo por hacer de sus hijos lo mejor y tratarlos lo mejor que pueden pero desafortunadamente existen casos donde los adultos carecen de ejemplos de amor, paciencia y comprensión.
Digo esto porque casualmente comencé a leer el libro de Alice Miller, El cuerpo nunca miente. Un libro en el que la filósofa, psicóloga y socióloga, expone cómo la violencia y mal trato de los padres genera confusión, en los después adultos, sobre el sentimiento que generan hacia sus padres después de lo vivido a su lado. La autora expone varios casos, como el de escritores afamados, que vivieron situaciones de maltrato y violencia por alguno de los padres y cómo aquello se fue manifestando no sólo en sus obras, por ejemplo, sino en el propio cuerpo, en enfermedades. También comparte casos que formaron parte de su investigación en los que hombres y mujeres encontraron una gran relación de sus afecciones de salud con sentimientos reprimidos o disfrazados para con sus padres que en algún momento de la infancia los agredieron.
En la primera parte, Miller explica que los escritores que seleccionó Sacrificaron sus propias necesidades de verdad, de lealtad a sí mismos, de comunicación sincera, de comprensión y de ser comprendidos en el altar de sus padres, todo ello con la esperanza de ser amados… (Miller, 2004) ¿Interesante, no?
Pero quién nace sabiendo ser padre, nadie; algunos tienen el instinto y lo hacen bien, pero qué hay de aquellos que como dice Miller, el adulto víctima de sus padres… A menudo los padres pueden aliviar el propio cuerpo descargando contra los hijos sus desbordantes sentimientos, que también fueron válidos para sus propios padres. Se vuelve una cadena.
Qué gran responsabilidad se tiene al cuidar de un niño, qué importante evitar el Adultocentrismo y creo que está por demás decir que estamos inundados de violencia y lo que menos necesitamos es esparcir más, educar en la violencia e indiferencia.
También es cierto que este tiempo nos lleva al límite … el desempleo o el exceso de trabajo se designan como causantes de que un padre levante la mano, y las tensiones en el matrimonio explican que las madres partan perchas sobre los cuerpos de sus hijos. (Miller. 2004)
Y probablemente habrá más causas, pero jamás serán justificación para la violencia.
Hoy se han abierto varias líneas de atención psicológica e incluso para niños y adolescentes, en las redes sociales hay muchos terapeutas que se promocionan y es importante que se acuda a verdaderos profesionales, verificar que tengan licencia para ejercer. Lo importante es no dejar crecer o heredar violencia como da a entender Miller.
Porque si bien tampoco estábamos preparados para las situaciones que nos tocó vivir de niños, tampoco estábamos preparados para ser padres o para vivir en confinamiento, pero sí hay soluciones para los estragos que han dejado todas esas situaciones y sería muy benéfico, para todos, el poder mejorar y aminorar los estragos de estos tiempos.
Además recordemos que el amor a los padres se forja desde la infancia y El amor no puede surgir por cumplir un mandamiento.
Fuentes:
Miller, Alice. (2004), El cuerpo nunca miente. México. Tusquets Editores México S.A. de C.V.

