A PROPÓSITO DEL DÍA DEL NIÑO, LA EXPERIENCIA DE LOS MIGRANTES

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Ser niño y habitar lejos del lugar donde naciste, podría parecer para algunos, una experiencia de gran expectativa, sin embargo, hay quienes deben permanecer en la lejanía para alcanzar una vida con libertad, que les asegure una vida escolarizada y sin temores de ser limitados.

En el interior del refugio de migrantes Hermanos en El Camino de Metepec, los niños son un engranaje esencial para que el silencio no sea el principal gobernante del sitio, pues las risas que de su pecho emergen, son causa de que se perciba esperanza y añoranza de un futuro sin peligro.

Celina de 10 años y Britany de 7 años, habitan en el refugio, a su corta edad han debido de soportar las inclemencias de una sobrevivencia de altibajos en las que han arriesgado su vida para llegar a nuestro país, provenientes de Honduras y El Salvador, aseguran que acompañaron a sus madres para obtener una visa que les permita ir a la escuela y cumplir los sueños esbozados en su mente.

De acuerdo con el encargado del refugio, Armando Vilchis, a los menores se les brinda asesorías educativas según su edad para que continúen con sus estudios o no pierdan el conocimiento de habilidades básicas como las lectoescritoras y las lógico matemáticas, sin embargo, desde la pandemia la asistencia de voluntarios ha sido mínima, dado que por responsabilidad sanitaria no se pudo tener mucho acercamiento ni contacto a los menores, además, las posibilidades de recibir educación a distancia son prácticamente inexistentes, ya que no cuentan con dispositivos móviles que se los permitan ni con conexión a internet.

A pesar de lo anterior, alrededor de diez niños son los que están a la espera de que sus padres reciban una carta de autorización para ser candidatos a recibir una visa que les permita la permanencia en el país de manera legal, a través del cual puedan no solamente tener derecho a un trabajo digno, sino también, ser capaces de proveer a sus hijos, las necesidades básicas como alimento, vestido, salud y educación.

Este 30 de abril, en el marco de la celebración del Día del Niño y la Niña, se concentraron en sonreír mientras veian una película de dibujos animados en un televisor donado, comieron pan de caja, disfrutaron de un arroz que reciben de una despensa la cual entrega el Gobierno del Estado de México y se alegraron con juguetes, así como dulces que les fueron donados por vecinos o personas de distintas partes del Valle de Toluca para avivar su estancia y su paso cansado.