A raudales
Material o inmaterial, todo se desborda. La impaciencia, las decisiones, aquello que desencadena una serie de movimientos. Como un abundante líquido de paso rápido, gran cantidad de cosas que suceden rápidamente, que se derraman, excediendo el curso natural, hasta hacer un torbellino. He pensado mucho últimamente en esta locución (adverbial), la traigo en la mente, como parte de una fraseología personal, desde cuándo a raudales puede ser algo moderno qué decir, tal vez desde el S XX al que pertenezco, pero. ¿Tengo derecho a usarla en este XXI?
La guerra ha desplazado a millones, raudales de gente migran a las fronteras, las conjeturas se desencadenan a raudales, el dinero circula a raudales, un raudal de aficionados no logra salir de los encuentros deportivos y hay desgracia. Sólo repentinamente aparecen las oportunidades, los cambios, sólo que a veces, a mí, no parece darme esa sensación. Mi simpático don de gentes no aparece a raudales, ni el talento ni el amor. El caudal se niega, el rebosamiento nada más no llega. En gran cantidad querré decir cuando me explico mentalmente esto.
Por eso conservo mi ideal de abundancia, ahora que todo se muestra con escasez, hasta la confianza. Para otros, se les hace un vuelo, que viven rápido, les llega la fortuna de igual manera, les sucede lo que les tiene que suceder. En el centro de la inmovilidad, a mí no me sucede nada. Un río sin recial, una lluvia que pronto comenzará a caer, pero que a mí, seguro no me toca. De cualquier forma, mantengo el espíritu raudo que significa veloz, rápido y arrebatado, por si surge la ocasión.
