+ A un año de la muerte de mi hija Patricia Liliana Garduño Romero; cifra récord de contagios en Edoméx

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La frase:

Me duele porque te duele y sé lo que la amabas. Aquí estoy, cuando quieras que lloremos. Un abrazo.

MARTHA HILDA GONZÁLEZ CALDERÓN (gracias)

 

COOPERACIÓN CHAPINA: Analizar y lograr una cooperación económica que permita más desarrollo para Toluca, el Estado de México y Guatemala será un objetivo a lograr manifestó el Presidente Municipal de Toluca, Raymundo Martínez Carbajal, tras inaugurar el Consulado Honorario de Guatemala con sede en Toluca.

EL DETALLE: Con 3 mil 934 nuevos casos este martes, marca la Covid-19 otro récord en Edomex

El número de casos positivos acumulados de Covid-19 en el estado de México ascendió a 417 mil 101 al corte de este martes.

PÉSAME: Vaya mi más sentido pésame a Isidro Pastor Medrano, presidente estatal del Partido Encuentro Solidario, por el deceso de su hijo, Misael Pastor Reyes, a consecuencia de Covid-19. Hace un año también fallecio por covid-19

 

MURIÓ ZAGUE: Un hombre cabal, amoroso y siempre dispuesto a ayudar. Mi padre le entregó su corazón a su familia, y amigos tanto de Brasil como de México. Querido padre agradezco todo el amor que nos diste. Te recordaremos siempre como el gran hombre y la luz que guio nuestros caminos. Gracias por todo Padre, te mando un beso hasta el cielo. Adiós Lobo Solitario, fue el mensaje que mandó Luis Roberto Zaguinho, su hijo.

Y es que José Alves dos Santos Zague murió este martes a los 86 años de edad. Nació en Brasilia el 10 de agosto de 1934 y fue traído a México para el Club América por Emilio Azcárraga Milmo, jugó al lado de Moacyr Francisco Santos y de Ney Blanco. Fue campeón de goleo, con 20 tantos y fue el segundo anotador en el estadio Azteca. Terminó su carrera en el Veracruz.

 

ASÍ FUE MI HIJA PAPILLITA

Con Papilla

Cuando nació, el 8 de agosto de 1970, se convirtió en mi segunda hija, y ocupó el tercer lugar en los descendientes. Le antecedieron Claudia Rossana, quien murió el 15 de noviembre del 2009, a causa del maldito cáncer. Mauricio, mi único hijo varón y luego Paty, mi famosa Papillita, quien fue la consentida, porque 12 años después fue desplazada por Sandy y así me lo decía: Soy tu hija la ex consentida.

Los tres

Jamás pensé que mi hija mayor muriera antes que yo, lo cual hubiera sido lógico y natural. Fue un dolor tremendo que, de verdad, no tiene nada de lógico.

Es difícil superar ese dolor, mucho menos olvidarlo, pero a cambio me dejó un nieto, Francisco Javier, el mayor de todos, quien es un brillante estudiante y que aspira a un buen futuro en el ámbito de las computadoras y toda la cibernética adjunta.

Casi diez años después, un segundo golpe antinatural, la muerte de Papillita, víctima de la pandemia que nos tiene acorralados.

Claudia sólo me dio un nieto. Papillita dos,  Marquito y Megan. Mi hija vivió una vida plena, fue buena hija, buena estudiante, se tituló como licenciada en Derecho y ejerció lo mismo en la Dirección Jurídica del gobierno estatal, que en el IEEM, en donde se quedó a dos votos de poder ser Consejera Electoral, así como en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en la Quinta circunscripción, al lado de destacados presidentes como Santiago Nieto Castillo o Carlos Morales Paulín.

Por espacio de cincuenta años me la prestó Dios. Supo ser buena hija, excelente esposa, sensacional mamá y gran amiga, así como muy emprendedora. Independientemente de su trabajo en diversas instancias gubernamentales y en el IEEM y el TEPJF, puso primero una dulcería que todavía es recordada, allá en la Colonia Independencia, antes de que llegaran los que integran el Paseo de la comida. Le fue bien y alquiló un local en la esquina de 21 de Marzo y Lerdo. También le fue muy bien.

Posteriormente puso el restaurante Gardbook, que aún es recordado por un mole de olla de calidad superior, unas enchiladas verdes como para chuparse los dedos, chilaquiles al horno de excepcional sabor y muchos platillos más, que aún son recordados por su rica sazón, por quienes fueron comensales.

Pasamos la navidad en familia. No había barruntos de enfermedad, pero de pronto los temidos síntomas. La atención médica inmediata, hasta que el sábado 16 de enero hubo que buscar hospital y se pudo encontrar para mantener la esperanza de vida, gracias a los buenos oficios del doctor Gabriel O’Shea y Fuad Isaac.

El primer día de nuestra estancia en el Hospital General Dr. Nicolás San Juan, vimos circular cinco autos con pacientes infectados de Covid-19 sin que los pudieran atender porque no había, ni hay camas, camillas, sillasno hay capacidad para atención. Uno de esos autos, con tres tanques de oxígeno llenos para su paciente que, aunque esperó, poco más de cinco horas, finalmente no tuvo acceso a este sitio.

En la calle que da al Hospital, por lo menos cinco casas de campaña improvisadas. Es la una de la mañana cuando escribo esto y el frío pega fuerte, porque es Toluca, porque es pandemia y porque es un mal presagio. En la puerta que da a Urgencias, están todos los familiares que, entre esa dicotomía aniquilante, angustiados y esperanzados, aguardan por informes de su paciente.

Hay por lo menos una docena de personas, de a pie, con sus cobijas y chamarras soportando el clima, quizá también el hambre, pero anhelantes en espera de buenas noticias.

A lo lejos, una carroza fúnebre cual zopilote revolotea y se estaciona–, pensé  que venía por algún cuerpo, pero no, es simplemente que el conductor o alguien que viaja con él, esperan el reporte médico de su familiar.

Se percibe angustia, tristeza, desesperación e impotencia, alrededor de este lugar. Tanta o más que cerca de ahí, en el PRI, en donde hay los mismos síntomas por no saber si podrán tener una candidatura, si elegirán a los mejores para recuperar lo perdido en las pasadas elecciones.

La noche nos venció, el sueño también.

El segundo día –domingo 17–, la primera acción que vimos, fue la de un grupo de cristianos –de esa religión– que repartían café y pan entre quienes esperábamos noticias.

Un café como agua en el desierto, pero calientito, un pan como el maná bíblico. Se agradece esa obra misericordiosa. Porque aunque estamos en la ciudad, parece que es el desierto, no hay nada de beber ni mucho menos de comer.

Aunque con informes favorables, no podíamos cantar victoria, este bicho es un ladino, falso, rencoroso y debíamos seguir esperando… Conocimos a la trabajadora social, Griselda Martínez, la verdad, mis respetos, nos apoyó para darle una cobijita a nuestro paciente, nos dio la tranquilidad de poder ir a casa para medio descansar y comer algo y regresar con todas las fuerzas a seguir pensando positivo, para salir todos juntos de ésta.

La enfermera Oralia, me dijo que no había necesidad de medicamento, por lo menos en ese momento y aunque estaba muy ocupada, nos atendió y apoyó… me dio la oportunidad de auxiliar a mi hermana, pero también de darme cuenta que algo no andaba muy bien, pues estaba agitada, no podía regular la respiración y eso me preocupó.

Oralia, me tomó del brazo y me dijo, por favor, ya vete, esta área está muy contaminada, Paty me dijo lo mismo y obedecí, no sin antes ver y oír a otra enfermera, Lupita, quien la verdad, con todo su cariño y apoyo, ajustó el oxígeno y refirió que moverían a mi paciente para que recuperara la respiración normal.

Tercer día –lunes 18–, llegamos temprano, seis de la mañana ya estábamos ahí,  también mi hermano Mauricio. Las noticias se emitieron hasta las 12:30 horas y no eran favorables, había pasado mala noche, la oxigenación no estaba aumentando y se estaba comprometiendo su vida.

El doctor Mena me explicó que debían intubarla, pues tenía el máximo de oxígeno y el ventilador era un recurso más, sin embargo, mi hermana conscientemente dijo que no lo quería y no había mucho que hacer. Salí del hospital pensando qué hacer, qué era lo correcto… y más tardé en salir y hacer un par de llamadas, que me regresaron al área de hospitalización y me dijeron que ya había aceptado intubarse, pero que ahora, nada más faltaba que, personal y el ventilador, estuvieran disponibles. Pude ver a mi hermana, pude gritarle que todo estaría bien y ella me dijo sí, y asentó con la cabeza.

Pasó la tarde, la noche y nadie nos decía nada, preguntábamos y sólo nos comentaban que no había reporte… sin embargo, no podíamos quedarnos así, un gran amigo me ayudó con su esposa y ahí fue donde me enteré que ya la habían intubado y quedaba esperar una buena reacción.

Preguntamos nuevamente, y nada. Dieron las 10, las 11, la una de la mañana y nada… seis de la mañana del cuarto día –martes 19– y nada, ni siquiera había  personal de trabajo social.

Siete de la mañana… nada. Siete y media de la mañana, en esta ocasión no utilizaron el sonido para llamar a los familiares para algún reporte, pedí a mi esposo se acercara y en efecto, me buscaban… me acerqué y me dieron la peor de las noticias… me explicaron en términos médicos, yo buscaba ver a mi paciente, algo que me dijera que estaba bien, pero no, fue cuando escuché lo lamento mucho, a las 6:45 murió y todo mi mundo se cayó.

Fue un silencio sepulcral.

Le reclamé al médico, le dije que por qué no me habían avisado, que había estado preguntando y nadie me decía nada, que era injusto, pues a la hora en que ella había muerto yo estaba ahí, afuera, esperándolos y aun así, me dijo y a quién le preguntó si yo estaba aquí, le dije que busqué a la de trabajo social, y no había habido nadie, la policía no me había dejado pasar y sólo me dijo, lo lamento nuevamente. Entendí mi situación, pregunté qué seguía y lo hice, llevé papeles y más papeles y después, nos la entregaron.

Llegué con un ser vivo y regresé, lamentablemente, con un ser humano querido, pero muerto.

Cosa curiosa, las noches anteriores, había habido movimiento, pero tranquilo, esta última noche, nos tocó oír llantos de desesperación, de dolor, de impotencia, de angustia, un llanto ahogado en la duda de cómo decir que el familiar de esa persona había muerto, de hecho su llanto tan fuerte y gritos desesperados–, me alteraron  y mis pensamientos se tornaron negativos, hasta que aplaqué mi mente, sólo para que un par de horas, pasara por la misma crisis.

Agradecemos a cada uno de los doctores y enfermeras que nos auxiliaron, al Doctor Guadarrama, Doctor Mena, Doctor González, Doctora Laura Piña        –ojalá hubiera más personas como usted, con paciencia y con esa palabra de cariño, un bálsamo para un corazón roto como el mío– justo ahora no puedo recordar el nombre de la Doctora que me hizo el enorme favor de pasarle el audio  a mi hermana, un audio que le enviaba su esposo, de ánimo, de fuerza y de seguir con nosotros, a través de mi celular.

A las enfermeras Oralia y Lupita, a la trabajadora social Griselda Martínez, gracias, gracias por su esfuerzo y atención. Doctora Patricia Riveles, gracias por su enorme apoyo. Gracias al camillero-sanitizador, que aunque no podía hablar bien, vio mi desesperación y angustia cuando me llamaron, y que como pudo, me dio a entender que me calmara, me llevó a la zona de atención y me hizo las señas de que esperara, el iría por el doctor y amablemente le indicó al Doctor Mena que estaba ahí, cuando me dijeron que había aceptado la intubación.

Gracias al doctor Gabriel O’Shea Cuevas, a Fuad Isaac Naime, nuestro reconocimiento.

No me quejo de la atención, ella tuvo lo necesario; sin embargo, sólo hago una pequeña observación: falta comunicación, falta empatía para dar información con más frecuencia, las personas estamos afuera, queremos saber qué hacer, nos exponemos al virus porque debemos hacer guardia, bien valdría ampliar los horarios de información o utilizar otro mecanismo, por favor.

Hoy, ella –Papillita no está más con nosotros, con su familia y deja un vacío enorme, aunque también montones de  muestras de amor,  amistad,  reconocimiento laboral, sembró y cosechó muchas cosas, muchos conceptos y en vida como ahora que no está, fueron dichas y apreciadas.

Gracias por compartir cincuenta años, millones de risas, un sinfín de momentos especiales, únicos e irrepetibles, por ser apoyo, por tu amor, por tu forma tan especial de hacer las cosas, por todo lo que eras y significabas para nosotros.

Gracias Paty, gracias hermana; sé que ya estás con Claudia y con la inseparable Paty Gaytán, y seguro desde allá nos cuidarán y guiarán a todos.

Un año después, al día de hoy, Marco, su esposo, aún no encuentra consuelo, tampoco ha recuperado la salud plena que tenía antes del deceso.

Su hijo Marquito, en el tercer semestre de Química, es un buen muchacho, estudioso y trabajador y Megan recién en la FIL de Guadalajara, gracias a los buenos oficios de Gaby Pérez Islas, la tanatóloga y escritora de Como curar un corazón roto ha encontrado la resignación por la ausencia de su mamá. Fue larga la charla que le dio Gaby, a quien agradezco de corazón su tiempo y esa bondad que le caracteriza, sobre todo porque recordó también a mi hija Paty, con quien habló largo y tendido, durante una visita a Toluca, un año antes de su deceso.

Con la colaboración de Sandra y Mauricio Garduño Romero y de toda la familia. Gracias a todos sus amigos y compañeros, por recordarla. Gracias al padre Jorge Rosas Suárez por las misas hace un año y por la misa de esta mañana en memoria y por el eterno descanso de Paty,  en la iglesia de El Calvario, aquí en Toluca.

¡Cuídense del Covid-19!