~Acoso escolar o bullying~
Por favor, pongamos atención a nuestros hijos; en nuestras manos está su futuro.
El silencio sonó en mis oídos como una señal de alarma. Fueron los primeros instantes de aquel en que se me escapó la vida. Subí las escaleras sin hacer ruido, no fuera que estuviera dormida. Puse mi cara pegada a la puerta y nada, no se oía nada; la abrí con cuidado por si estuviera distraída y que no se asustara.
Qué sabré yo de angustias, miedos y soledades, de silencios que corroen las entrañas y de pesadillas que te aprisionan aun despierta. Todo el dolor del mundo se concentró en mi pecho y aún no era nada.
La habitación estaba vacía; en la cama, su mochila con los libros y junto a ella, una nota que no vi hasta un tiempo después, un después que me estalló en los ojos dejando paralizado mi corazón.
No creo que haya un horror mayor que el que tenía delante de mí. Mi niña, mi querida y preciosa hija, mi adorada mujercita de diez años estaba tendida en el suelo; la altura de la ventana tuvo la culpa. Salí corriendo hacia abajo. Como una loca llegué a su lado, como una loca la cogí en mis brazos, como una loca le gritaba al cielo. Pero nadie me escuchaba y menos mi niña, mi querida niña, mi amor se había suicidado y mi vida se fue con ella.
Lo supe cuando vi la nota que me había dejado debajo de su muñeca. Sé que nada es eterno, pero sí sé que la pena que me ahoga la llevaré siempre conmigo. No puedo comprender las palabras de consuelo, no son para mí, mi corazón ya no tiene alivio, se me quedó sin aliento.
En la nota me decía:
Perdóname, mamá, pero me tengo que ir, ya no puedo aguantar más. Perdona que no te dijera nada; las cosas que me han pasado en la escuela son demasiado feas para que lo supieras. Mis amigas, saben bien las cosas que me estaban haciendo los cobardes que se atreven en manada a molestar a las chicas. Y que me perdone, papá. Por favor, mamá, te lo ruego, no dejes que otra niña pase por los horrores que yo he pasado.
El día estaba gris; la lluvia amenazaba con descargar su llanto sobre mis penas. Estaba tras los cristales de aquella ventana que la vio caer; mis ojos, secos como un desierto sin alma, miraban a lo lejos, allí, a ese horrible lugar donde unos acosadores le quitaron la vida a mi niña, a mi querida hija, a mi adorada mujercita de diez años que estaba tendida sin vida en el suelo con el terror reflejado en sus ojos.
~•~
Un lobo que aúlla sin disfraz
rodea al más débil en la escuela,
sus acciones cortan como cuchillos,
y su mirada el alma hiela.
La víctima es un pájaro herido,
con alas rotas y sin cielo,
que intenta volar, pero no puede,
porque el miedo la tiene cautiva.
El bullying es un cáncer
que no se puede permitir
porque quita vidas
y consume la paz y la conciencia.
Deja cicatrices que no se borran,
y un dolor que nunca se va.
Tener que seguir con la rutina
porque en casa dicen que hay que cumplir.
No por el deseo de hacerlo.
A quién le va a gustar ir
a donde le humillan, le golpean
y le hacen sentir que no es nada.
Vivir con miedo al depredador
sabiendo que él lo nota
aumentando su ego interior
y sacando su bajeza y cobardía al exterior.
Mamá, papá, escúchenme,
que ya no quiero ir a la escuela,
hablen con la maestra, por favor.
Estoy enferma del alma de tanto dolor.
Pero las voces de los papás
no se escuchan
o los maestros están sordos.
El depredador sigue con sus bajezas
mientras la víctima inclina la cabeza.
No puede contra el verdugo aunque quisiera,
tiene muchos aliados en la escuela
y ella, ella está sola con su dolor,
con su miedo y su impotencia.
Hasta cuándo, papás,
maestros y autoridades.
Cuántos más deben morir
en manos de compañeros sin conciencia.
¿Cuántos niños y niñas
ya no dirán presente
cuando pasen lista en la escuela?
¿Cuántos pupitres más estarán vacíos?
Por favor, eduquemos niños, no lobos.
Fomentemos el respeto, la empatía,
la solidaridad, la justicia y la tolerancia.
Que nuestros niños se sientan libres, no sometidos.
Seguros, nunca inseguros.
Que nadie más sea golpeado
por los demonios disfrazados de inocencia
y mucho menos que pierdan la vida
en las manos sucias de la bajeza.
¡No más niños maltratados y acosados!
¡No más niños heridos y lastimados!
¡No más niños asustados!
¡No más niños muertos sin sentido!
¡No más niños sin valores!
Abramos nuestros ojos,
pongamos en alerta nuestros oídos,
escuchemos a nuestros niños,
seamos sus amigos,
leamos en sus caras lo que no dicen sus palabras.
Para que al final desterremos el silencio
y podamos evitar más sufrimientos.
~•••~
(Sami Sanz)

