¿Actitudes correctas?

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Por inconciencia o por necedad, muchos pensamos que vamos por el camino correcto sin saber que estamos dejando una estela de daño a nuestro alrededor; con o sin el afán de lastimar, logramos –con nuestras actitudes– herir al otro sin reparo alguno. Los resultados pueden ser catastróficos.

¿Por qué lo hacemos?, porque nos centramos en nosotros mismos y, en un acto de egoísmo absoluto, no tomamos en cuenta las necesidades del otro, no tenemos la cortesía de considerar lo que el otro pudiese incomodarle y, en casos extremos, hasta a sabiendas de las cosas, tomamos rumbos sin importar el costo que pudiese tener.

De verdad que es complicado establecer un camino correcto; parece más sencillo deambular por la vida soltando golpes a diestra y siniestra en lugar de buscar armonía, construir acuerdos o emanar buenas vibras.

En la gran mayoría de los casos, quienes acaban pagando los platos rotos son aquellos a los que decimos amar, quienes acaban siendo testigos silenciosos (o receptores) de nuestros retos.

La forma en que actuamos está determinada por nuestras vivencias, nuestra personalidad y nuestra forma de ver la vida; esto significa que nuestro carácter está forjado por todo lo que vamos acumulando en nuestras existencias y eso puede ocasionar que nuestros temores, inseguridades e información que tengamos, pueda condicionar nuestras reacciones.

La formación que recibimos en casa, particularmente en nuestros primeros años, es base determinante para todo, nos muestra un rumbo y modificarlo puede resultar una tarea titánica y en algunos casos imposible.

Una persona marcada con una creencia puede vivir con un grillete que le impida ver más allá de su propia nariz, convencida de que esa es la forma de comportarse, aun cuando a los ojos del mundo resulte algo incongruente o incorrecto.

La salida fácil siempre será la de argumentar que así somos; y al que le parezca bien y al que no, pues ¡qué pena!

No, tajantemente no; siempre hay opciones para mejorar, siempre existe la posibilidad de pensar en el otro, siempre se presenta la oportunidad de retribuir a quienes hacen un esfuerzo por nosotros de la mejor manera.

Pero, de nuevo, hay quien parece gozar lastimando, golpeando emocionalmente a quien se deje, estoy seguro de que en más de un espacio social o laboral encontramos gente que no tiene empacho en gritonearles a todos, hablar mal de prójimo, orquestar chismes, denostando y humillando. Gente que se asume grande, pero en realidad es tremendamente chiquita.

Además, se mezclan dos tipos de factores, los intrínsecos, que emanan de nuestro interior porque somos de una determinada forma, y los extrínsecos que son determinados por el entorno; si nos acostumbramos a un estilo de vida, dar ese paso de costado resulta complejo y la tan odiosa zona de confort se apropia de nuestras existencias.

¿Qué queremos?, ¿Qué es lo que en realidad pretendemos?, ciertamente cada cabeza es un mundo, y ese mundo debe ser construido de la mejor manera.

No hay recetas mágicas, simplemente hacer ejercicio de conciencia y determinar el rumbo que queremos tomar.

horroreseducativos@hotmail.com