ADIÓS A DIOS Y A SU COMITIVA

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Alguien escribió sobre la ceremonia del adiós,

Muchos en realidad,

Y ahora que me estoy muriendo con todas las metáforas y sin ninguna

Y con todas las entes, clínicamente, espiritualmente y mentalmente,

Sólo espero el momento, sin cronómetro

Con tu última sonrisa y con la primera, el instante

Y digo adiós en una danza solitaria

O a veces acompañado de cierto silencio que me abriga

Con la almohada de algún sultán ebrio

Me despido sin ninguna misión cumplida

Quizá aquello signifique la máxima coronación

Porque la pena dura y sin pulir

Siempre habitaron cómodas hasta ayer

En los bolsillos de cuanto pantalón usé

Me despido sin discursos ni medallas

Me voy con los secretos dignos de legiones de legiones innombrables

Acaso por mi apetencia

A vivir las películas

De acciones que nunca viví

Me despido sin música

La que siempre huyó de mí

Me voy cauto, agazapado, casi invisible

Provocando amnesia

Para que no me recuerden,

Esto último sería de mal gusto

Me despido de una mujer incalculable

Y tres hijos para que vivan en la libertad de una bóveda sagrada

Huyo con todos los pasaportes

Con los recuerdos en un racimo

Con las espinas afeitadas

La puerta falsa suena menos

El corazón bombea y me puede delatar

Me deshago de todos los miedos que me protegieron

Fieles compañeros

A mis amigos el perdón de quien nunca tuvo el defecto del perdón

Dejo como herencia la última sonrisa, acaso el último beso o el último

Con hache y sin hache

Parto con soroche costeño

Impávido

Lleno de colores

Los míos,

Sin pantones prestados

Y ahora

Con las películas de todas las que he visto

Y algunas bibliotecas compradas por mis estafas

Y también robadas

Floto suave como cometa sin cola, surcando no sé qué parte

Nunca pude lo acepto con la gente

Preferí el silencio de mi cuarto solo

O con mi música, los grandes conciertos, los grandes maestros

De mil géneros

A toda hora del día, como los Cantos de Maldoror

Donde buscaba un alma que se me pareciera

Y Frank Sinatra que vivió a su manera

Lleno de glamour de barrio

Lleno de magia hecha a brazo partido

Y de pronto la avalancha de recuerdo de valses de despedidas

Yo no quiero una tumba ni una cruz ni corona, ni tampoco una lágrima

Y así como una serpentina eterna de colores que está por acabarse,

Me voy bien, cansado,

Como cuando la poesía en su cansancio,

En su aparición más bella, muere,

Quedándose en el corazón de alguien,

Pero no en el de su autor.