Adiós o hasta luego

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Veces hay en los que escribimos a mano lo que nos manda el corazón provoca una gotita y mancha las letras de la hoja de papel. Veces hay que sientes que parte de ti se va y ya no hallas razón a cosas que te llenaban la vida.

Veces hay en que quisieras que quien quisiste tanto siempre estuviera contigo… y de pronto se va. Murió mi hermano Sergio y con él algo de mí se fue junto con su persona.

Toda una vida de Lucha y afecto de saber que ahí estaba el apoyo, el escucha, con el que hombro con hombro nos levantamos de la lona, él siempre alegre, genial amigo, señorón…

Y se fue también mi lector, mi porrista, mi compañero y hasta mi verdugo en lides oratorias. Y duele que aun débil no tuvo Covid-19, a la pandemia y lo que tanto regaló, su corazón, al final le falló.

¡Como duelen las despedidas y más las que son por siempre jamás!

Y aunque un poco diestro en la palabra junto a su caja no pude decirle más que Adiós Campeón, porque algo me tapó –¿las lágrimas? – la voz.

Y además de la voz, la agüita salada no me permitió mirarlo, pero pa’qué si el cerebro se llenó de tantos recuerdos porque ¡chin! Y ¡que chingón fuiste!

¡Cómo te quise cabrón! ¡Cómo nos vas hacer falta! Y ya te imagino. –Si hay otra  afectiva dimensión, haciéndole tu peculiar caravana a mamá: ¡Aquí estoy santiiisima igual al Jefe y al Chucho!

Adiós o mejor hasta pronto manito… y como el vacío del corazón no me permitirá plasmar letras que no leerás, yo también le digo a mis lectores hasta luego… o tal vez adiós.