Adversidad y resiliencia

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El poeta romano Horacio, decía que la adversidad tiene el don de despertar talentos que en la comodidad hubieran permanecido dormidos. Muy bien, la comodidad adormece cualquier potencial porque no se exige esfuerzo ni cambio y aquello de los talentos ocultos, surgirán cuando será necesario sobrevivir. Célebre frase y célebre poeta, pero lo que en realidad no queremos enfrentar cuando aparece, es la adversidad. Esos retos que obligan a las personas a buscar soluciones, aprender e improvisar.

La capacidad de sobreponerse a las adversidades y adaptarse de manera positiva a las situaciones difíciles se conoce como resiliencia. Esa extraña habilidad de recuperarse frente al estrés grave y ante las pequeñas batallas que surgen todos los días. Ser resiliente no significa que la persona no sienta dolor o angustia, sino que puede superar ese tipo de sentimientos y seguir adelante.

No es una habilidad congénita, es un proceso que se puede desarrollar y fortalecer a lo largo de la vida, cuentan que para desarrollarla se requiere cultivar una mentalidad positiva, crear redes de apoyo y fijar metas realistas.

En fin, que convertir los retos en oportunidades es la nueva piedra filosofal, rodearse de amigos y familiares que den apoyo emocional también se constituye como la nueva riqueza y avanzar paso a paso –sin exigirse de más– sería la nueva religión.

En una situación desgraciada o infortunio  (adversĭtas)  se miden fuerzas y reordenan estrategias, se enfrenta solo o sola a un conjunto de condiciones que se oponen al bienestar, esa es la auténtica valentía de la resiliencia.

Tener cuidado con el precio que asignamos a lo adverso, no todo representa un obstáculo, sólo esos baches de oposición en contra de nuestros planes o lo que pensamos buena suerte o felicidad que se nos niega. Lo imprevisto, milagro que da forma totalmente ajena al control y están  los retos; esos desafíos a la fortaleza mental. Ahí es cuando surge el temple y la adaptación… Pues saber todo esto escrito ahora mismo no sirve de nada cuando irrumpe la adversidad. Sólo el silencio.