Apariencias

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Salir de una relación sentimental abusiva y hasta peligrosa, en un logro que puede llevar mucho tiempo y toda la fuerza de voluntad de la que podamos echar mano. Nos cuesta trabajo despertar del hechizo de amor y ver que, el que creemos hombre de nuestras vidas, es un macho violento, no se dejen engañar por el grado académico o el estatus económico.

El macho vive dentro del hombre sencillo, sin  estudios, con doctorado, iletrado o el más encantador de los profesionistas y no, no estoy descubriendo el hilo negro, lo sabemos pero estamos programadas para cerrar los ojos ante los focos rojos.  Nos aterra la soledad, la autoestima la tenemos de trapo de cocina porque parece ser que no merecemos caminar entre nubes de algodón de azúcar de la mano de un apuesto caballero mata dragones y patea perros.

Hubo un tiempo en el que creí tener la verdad absoluta, pensé que el tema de la autoestima y el amor propio era una moda de sectas, el regreso a los años setenta,  yoga, krishnas, incienso de cilantro y viajes astrales, pero la práctica y el hartazgo del abuso cambiaron mi perspectiva, lo apliqué en mí y está funcionando, es por ello que decidí escribirlo; primero por amor propio, si nos queremos mucho nos vamos a querer antes que a nadie y eso nos lleva a alejarnos de cualquier tipo de abuso y violencia.

Segundo: no permitir ningún tipo de abuso ni violencia de nadie. Nuestra obligación para con nosotras es detectar y frenar cualquier actitud y señal de ese tipo porque sabemos que la violencia no sólo son golpes, palabras y actitudes que han sido normalizadas durante años. Si nos celan, nos quieren. Si nos insultan pero después nos piden perdón nos quieren. Si nos dan uno o varios golpes, pero después se arrepienten y juran no volver a hacerlo,  nos quieren mucho más. No.

Lo sabemos, eso no es amor, controlar y violentar no es amor. No es amor romántico, familiar ni amistad si en nuestras relaciones hay elementos graves o sutiles de violencia. Pongamos un freno a nuestras parejas, parientes y amigos,  dejemos de normalizar el abuso, no permitamos la sutileza de la violencia emocional y psicológica. Amémonos tanto que la soledad sea un espacio para el conocimiento de nosotros mismos, un jardín interior en el que pongamos en resguardo nuestra salud emocional y en un caso extremo, nos ayude a salvar nuestra vida.