Arando Recuerdos de Obdulia Ortega Rodríguez

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A través de la literatura, poder trabajar el pasado, acudir a él como un remedio a la crisis de las condiciones modernas, cultura de la memoria suelen llamarla, más aún se ha convertido en una discusión sobre el espacio público, este abordaje puede hacerse desde la crónica, la narrativa, la ficción, el testimonio ya sea en prosa, y ahora en prosa poética, como magistralmente lo realiza Obdulia Ortega en su más reciente título Arando Recuerdos (Ed. Casas del Poeta/La Comuna Girondo, México, 2022)

Memoria y tiempo son las dos caras de una moneda jugada desde el nacimiento, dónde nacemos, rodeados de quién, son las condicionantes de una vida, un proyecto desconocido, un trazo de geografía de las calles en las que se va viviendo hasta que se elabora una memoria particular, la del hogar, la del terruño.

Mi municipio, Otzolotepec, en el cerro del tigre. Villa Cuauhtémoc, mi pueblo.

Las obras narrativas, con base en un argumento, dan información sobre lo que pasó, ideas articuladas con la historia y constituyen un testimonio, papel trascendental en la vida, unir la experiencia social e individual humana, acontecimientos, ahora bellamente unidos a imágenes poéticas:

Aquí enterraron mi ombligo, el de mis hijos y nietos. Aquí están mis muertos, y algún día mis cenizas. Mi pueblo sufre cuando alguno de sus hijos emigra a otros lares.

El acto de recordar, del latín re-cordare, volver a pasar por el cordis (corazón) pues antiguamente se creía que el corazón era la sede de la memoria, ahora sabemos que son los procesos del lenguaje los que producen el continuum, unidad entre pasado, presente y futuro.

Para moderar la esfera del recuerdo, la infancia transforma las circunstancias adversas, los daños no se sufren, se atesoran y la convierte en una alternativa artística, relación de una experiencia propia con la temporalidad.

Todo género discursivo que pretende transmitir el pasado, suma a su objetivo, el promover también una cultura de la no violencia, lo cual ha dado pie a un estallido de la memoria (Andreas Huyssen, 2002)

Como preocupación central se encuentra el rescate de la tradición, y en esa vorágine, surge el recuerdo privado para llevarlo al público. Cuán difícil resulta estetizar el recuerdo envuelto en la  historia oral, así como intentar el testimonio honesto, sin hacerlo sistemático, igual al de todos los pobladores de una zona, si pudieran hacerlo.

Con cinco centavos endulzábamos nuestra pobreza y corríamos al atrio de la capilla, girábamos hasta marearnos y caer de bruces al suelo, donde mirando al cielo nuestra imaginación era millonaria, dinosaurios, castillos, baúles llenos de tesoros, lámparas de Aladino que nos concedería deseos

Un viaje hacia el pasado de Villa Cuauhtémoc, Otzolotepec, Estado de México en los más diversos ámbitos. A través de la historia personal, revisar el pasado de una comunidad, sin que esta contenga datos ya que no hay una representación  correcta del mundo que pueda ser ordenada de manera racional  sin pasar por la emotividad. Lo importante es describirlo

En estos últimos años el pueblo ha crecido en comercios y zonas habitacionales, el centro del pueblo presume un kiosco, un escudo con un ocelote, portales con piso

Justamente, en los últimos años, este lugar sufrió  transformaciones  provocadas por la globalización como muchas regiones en todo el mundo, el debilitamiento de las instituciones modernas también dieron pie al surgimiento de nuevas sensibilidades y el interés por sujetos sociales antes ignorados, como los artistas u otros habitantes distinguidos:

No quiero hablar de los grandes hacendados, ni de los más ricos del pueblo, ellos ya fueron mencionados en libros escritos por cronistas, hablare sobre mi visión de quien ama su tierra y sus costumbres, de sus personajes que han legado historia y recuerdos.

Poseedores de una visión diferente de la realidad, reconocen la importancia de la heterogeneidad y la diferencia, muestran la multiplicidad de interpretaciones y desmantelan el concepto de realidad uniforme, al mismo tiempo revaloran discursos que pudieran emerger de lugares de enunciación marginales.

Calles donde la obscuridad es cubierta por la vegetación y se da el romance. Convertir el bello panorama en clandestino almacenamiento de basura aunque se reforesta con lámparas para tranquilidad de los otzolotepences; pueblo con calles limpias, candiles, maceteros que los vecinos, en su ánimo de ver un pueblo diferente riega y cuida la parte que pertenece al frente de su casa o negocio.

Dando lugar a lo que propongo en llamar crónica poética, cuyas características no sólo son propicias para conocer un mundo interno individual, sino que transfieren al espacio textual las dinámicas y conflictos sociales de localidades contemporáneas.

Se plantea como una escritura tentativa: con un amplio sentido de lo fugaz ya que nuestra cultura escritural está saturada de temas novedosos, muchos de ellos influidos por las  tecnologías, la velocidad de los cambios, la masificación de las informaciones y la sobrevaloración del instante.

Como respuesta a la modernidad que avanza y engulle los sentimientos, los textos de crónica logran fijar los estímulos culturales de la época de la que hablan, pero también algunos de la actualidad.

La crónica aporta su propia velocidad, retrata el espectáculo externo que ofrece la localidad, es en esencia un género siempre moderno, autónoma y perdurable nos cuenta  los rasgos esenciales de la modernidad: lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable (dixit Baudelaire, 1869).

Y según esta cita, como afirmaba Baudelaire, se requiere de un artista enamorado de lo que ve en su  presente y en su recuerdo, un instaurador de lo fugaz en la eternidad (Monsiváis, 1987).

La madeja de recuerdos es grande, para hacer una bola enredado cada nostalgia, imágenes, palabras que se quedarán impregnadas, como el último beso que me dio mi mami antes de morir.

En la crónica existe voluntad, necesidad de mostrar, de descifrar como si de un periodismo se tratara, de una periodista recolectora de sucesos, de fragmentos que pudieron ser novedosos y actuales en algún punto fijo del tiempo.

La realidad circundante le provee a nuestra cronista  de un lenguaje subjetivo que se acomoda perfectamente al lenguaje poético, bajo una improbable visión totalmente realista de los hechos, nos ofrece una escritura del corazón, transgresora, por tanto no es definitiva y sin embargo perdurará: El pueblo es una hermosa metamorfosis para nuestras futuras generaciones.

Crónica que puede llegar a ser (o no) narrativa, nos permite el desfile de historias cotidianas, familiares, de deseo, de necesidades, de gente que vive una cierta realidad, pero también de anhelos, sueños, progresos o frustraciones. No hay  cierre narrativo, la historia seguirá contándose por siempre, del presente del autor no conocemos más que la última palabra que nos contó.

Sin embargo, mediante su mirada al interior, la cronista pone el énfasis en todo lo que se opone a la información que estamos acostumbrados a conocer por los medios sobre su localidad: los números municipales, la calle,  a la cultura popular la vamos a encontrar en la memoria de sus habitantes, en la efervescencia del mercado, del espacio público en los diálogos al interior de los hogares, en los dichos de hombres de libertad y trabajo, así es como la ciudadanía se ejerce.

A un costado de la casa de los Ortega, oriunda de este municipio con raíces desde hace seis generaciones, estaba una vieja y enorme construcción de la familia Rivera que llegaron a habitar esta casona hace unos cincuenta (antes los dueños era la familia Arzate). Caserón con largos corredores en el interior, bardas de adobe y gruesas columnas, bajo el portal del exterior varios cuartos de los que años atrás fungían como casa habitación; hoy están adaptados como locales.

Y a pesar de todo esto, el  ámbito cotidiano no será anónimo, en Arando Recuerdos, la autora se interesa por mostrarnos la vida cotidiana de las mayorías y minorías, lo ignorado, que tiene que ver aún y con todo su tono poético, con lo político, con su  escritura femenina y ciudadana. Hablar del Otro a través de la Hibridación de la poesía y la prosa, estamos acudiendo aquí a un fenómeno literario la transdiscursividad que es trasgresora y propositiva, incluyendo la gastronomía como un arte y tradición local en recetas: Tamal de hongos. Flores de maguey./Flores de palmera./Flores de calabaza./Flores, de no me olvides y pensamientos. Dulce de capulín. También vemos aparecer las letras de canciones muy conocidas: El patio de mi casa es particular se moja y se lava como los demás, agáchense y vuelvanse agachar, chocolate molinillo, estirar, estirar que el demonio va a pasar.

De este modo, esta crónica constituye una ventana abierta, sin fronteras de género y que se presenta como una manifestación cultural que dialoga con otras voces, con la tradición y el amor de los mexiquenses por su  espacio, un reconocimiento a la identidad pública.