ASÍ SE VIVIÓ LA ENTREGA DE LA MEDALLA BELISARIO DOMÍNGUEZ A LA ESCRITORA ELENA PONIATOWSKA

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Éramos más de 80 reporteros a la espera del evento. Aunque se agendó a las 13:00 horas, a partir de las 10:00 se percibieron las cámaras, micrófonos y plumas al borde de iniciar con lo que, según la que hubiera sido la princesa polaca, si el rey Stanislaw II Augusto Poniatowski no hubiera sido vencido al perder el Reino de Polonia en 1793, será la última entrega de un premio hacia su trayectoria.

Todo inició cuando las puertas de la sede Xicoténcatl se abrieron para dar acceso a los integrsntes del Senado de la República que planearon, de acuerdo con la agenda del 19 de abril de 2023, una decena de actividades antes de la entrega estelar de la Medalla Belisario Domínguez a la que por nombre original lleva Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor, mejor conocida como Elena Poniatowska.

De origen polaco-francés-mexicano, la escritora y periodista «Poni», como le llamaba su entrañable amigo Carlos Monsiváis, fue cuestionada por una cantidad insólita de personajes del internet: «¿Usted merece la Medalla, señora Poniatowska?» «¿Qué ha hecho usted por México?» «¿Seguro es porque vive y siempre vivió a costillas del gobierno?»

Entre otra serie de comentarios que, sinceramente, a la aún periodista no le causan mayor preocupación, pues a sus casi 91 años y con más de siete décadas dedicadas ampliamente al periodismo y la creación literaria, las injurias pasan a segundo término.

El arribo de personajes de la prensa, así como del Gobierno de México, coloreaban las banquetas que circundan al recinto, saludaban a manera de desfile, volteaban a las caras de aficionados y de medios nacionales, para ser captados por la lente y, si era bien lograda la imagen, posiblemente saldrían en alguna edición impresa o digital de los medios.

A las 12:45 en punto, arribó la galardonada, acompañada de alguno de sus hijos y nietos, portaba un atuendo rojizo, que resaltaba aún más el azul de su mirada. La saludaron todos, incluso aquel civil que por coincidencia pasaba. Ella con una sonrisa en el rostro, agradecía y se dejaba querer, pues no por nada lleva en su historial más de 15 libros, un Cervantes y ahora una Belisario Domínguez.

Ingresó, Marta Lamas, amiga de Poniatowska y además académica, investigadora, periodista y escritora, la esperaba en el espacio con un abrazo aletargado y una sonrisa. Elena brillaba ante todos, pues no solamente el flamígero de su atuendo la hacían notar, sino el aura que emanaba.

Con una espera de diez minutos y la llegada de Felipe Haro Poniatowski, su hijo menor, sonó la campana e inició la Sesión Solemne para la entrega del galardón.

Durante el evento, en lugar del presidente de la República, se encontró el secretario de gobernación, Adán Augusto López, a quien se le vio completamente atento a cada detalle relacionado con la periodista y quien se centraba en sonreír, para dar paso a la entrega de la medalla Belisario Domínguez a Elena Poniatowska Amor, acto que emergió un estruendo en aplausos de todos los que se encontraban en el interior del auditorio.

Posterior a ello, la escritora mostrándose firme, enunció las palabras que llevaba redactadas para agradecer por el reconocimiento, del cual mencionó «los premios son una puerta que se abre de pronto, un regalo, una posibilidad de futuro y un reconocimiento al pasado, para los que como yo, se despiden».

Sin embargo, con la entereza y la unicidad de sus palabras, Elena comenzó enfatizando «me da tristeza que no nos acompañe el señor presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, porque tanto mi familia, mis amigos y muchos de los que estamos aquí, lo queremos y no solo lo queremos, lo admiramos».

Luego de ello, durante poco más de 25 minutos, agradeció a sus amigos, a sus heroínas, su madre y su abuela, así como a todos aquellos de quienes ha estado rodeada, personajes de relevancia cultural, histórica y política de México, que permitieron el desarrollo de sus palabras, cuya resonancia ha sido apreciada por miles en el país que la arropó e incluso en otros alrededor del mundo.

José Emilio Pacheco, Rosario Castellanos, Carlos Monsiváis, Mariana Yampolsky, Francisco Toledo, Octavio Paz, Guillermo Haro, Juan Villoro, Juan O’Gorman, José Revueltas, Diego Rivera, Luis Buñuel y Fabrizio Mejia Madrid, fueron solamente algunos de los nombres que resonaron en su discurso, cuyo tono fue en todo momento, de agradecimiento.

Poniatowska, que se formó en momentos de catástrofe mexicana, como la Noche de Tlatelolco, los terremotos en 1957 y 1985, la detención de artistas en el Palacio Negro de Lecumberri, sitio que hoy resguarda el Archivo General de la Nación. Hasta hilvanar historias de vida de personas comunes, que con su narrativa se convirtieron en seres imprescindibles del país, trajo al auditorio del Senado, un aire exquisito, barroco en cultura y rico en el recuento de pasajes que, sin duda, alimentaron el estudio de los presentes en el evento.

Veinte minutos antes de las 15:00 horas, la décima mujer galardonada con la Medalla Belisario Domínguez, concluyó su discurso en un espacio que se mostró atento, aunque no en un inicio, no obstante la nobleza de la escritora, pacificó el interior de un sitio, en el que carece la unión y la afición cultural que destaca en su haber y que seguramente se debe a la fuerza que el reinado le otorgó.