Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

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Escritor y poeta

 

Lenguaje, es la forma global en la navaja de su alma de sol dorado; péndulos, nubes caladas  de  silabas negras así es la conversación entre humanos, así es, como mirar los espejos del  escritor y poeta Benjamín Araujo quien fluye entre fascinantes ocasiones inconexas y recursos de la mente que se activan y crean diálogos placenteros.

 

  1. ¿Cuál es tu palabra favorita?

 

Mi palabra favorita es lenguaje. Y del lenguaje nuestro, mi palabra consentida es amor.

Lo entiendo como una Utopía, un ideal inalcanzable, pero perseguible siempre. Una meta que debemos buscar todos, en todo momento. Sin ser objetados por fronteras, sexo, razas, idiomas, ideologías, ni nada parecido.

 

 

  1. ¿Cómo te describes en dos adjetivos?

 

Seguro y cambiable. Como el Ying y el Yang en una sola persona. No me fue fácil encontrar un par de adjetivos donde me sintiera cómodo y creo que, finalmente, lo encontré en ellos por ser síntesis y sinopsis dialéctica que va con mi personalidad.

 

 

  1. ¿Cuál es tu tema de conversación predilecto?

 

 Las relaciones humanas en general. Pero ya particularizando los ligados a la literatura en general, particularmente a la poesía, a la narrativa y al ensayo. Pero también me siento a gusto charlando sobre futbol o sobre cuestiones políticos, sociales, psicológicos o filosóficos.

 

  1. ¿Prefieres leer ficción o no ficción?

 

Si me dan a escoger así, radicalmente, me inclino por la ficción, en la medida en que ella significa la recreación del mundo real. Lo que debo decir, asimismo, es que me inclino por la poesía y, como es natural, mis autores dilectos, son poetas, tanto hombres como mujeres. Y hablando de poesía, podría citar en un primer momento a Sor Juana Inés de la Cruz, a Fernando Pessoa, -especialmente Ricardo Reis- y sus múltiples facetas, a Pablo Neruda, a Rosario Castellanos y muchos, muchos más.

Pero regresemos a la ficción. Me gusta por lo que supone de gozo; es un inmenso placer leer por ejemplo a la brasileira Clarice Linspector o al argentino Jorge Luis Borges en lo que se refiere a la invención de ambientes, mundos y circunstancias, así como personajes y situaciones. En síntesis es un verdadero placer y la posibilidad de soñar despierto o de hablar con los muertos. Para mencionar a autores mexicanos favoritos, citaría a María Elvira Bermúdez y a Carlos Fuentes. Aunque debo decir que hay tal cantidad de autores que he leído y me gustan que siempre estaría contestando otros nombres cuando me lo preguntaran. Y me ha sucedido en innumerables entrevistas, en otras ocasiones.

 

 

  1. ¿Qué sobra o qué hace falta en el mundo?

 

La violencia y falta la paz. En este mundo que nos ha tocado vivir, y el planteamiento podría aplicarse creo a todas las épocas, sobra la competencia entre unos y otros y falta la solidaridad. No me cabe la menor duda que esos elementos sin embargo forman parte de la motricidad de nuestras sociedades humanas.

 

  1. Actualmente hay un semillero de escritores, jóvenes creadores, escritores de amplias semblanzas y/o reconocimientos, importa que los lectores hablen de sus poesías ¿Cómo lograrlo?

 

Haciendo de las instituciones culturales semilleros de lectores, creando programas de invitación a nuevos autores, abriendo horizontes a las nuevas generaciones, ampliando los encuentros de escritores, instaurando instituciones formadoras de lectores y prohijando becas, concursos y otros estímulos parecidos para incentivar que esos nuevos escritores surjan, crezcan y se desparramen por todas partes.

 

 

 

 

  1. Quien lee se involucra con el mundo social ¿Qué les dirías a los adultos lectores?  ¿Y a los no lectores?

Que lean más, y que comenten lo que leen con sus amigos, con sus parejas, con sus hijos, con sus vecinos, con sus parientes. Y que a partir de esos diálogos incrementen sus lecturas.

Y a los no lectores, que se abran a la posibilidad de un placer, el de la lectura, que no han dejado que llegue a sus vidas. Y que al solo experimentarlo descubrirán un gozo nuevo, paladeable, digno de reproducirse, de ser y de soñar.

A ambos, lectores o no lectores, les diría que se atrevan y escriban. Todos, en el fondo, somos escritores en potencia. Todo es cuestión de decidirse. Decidirse a contar. De eso se trata, simple y llanamente…

 

  1. ¿Cómo viviste tu infancia?

 

Mi infancia fue realmente placentera. Soy el hijo mayor de siete retoños de mi madre y padre, Guadalupe Mondragón Marín y Adolfo Araujo Iniesta, y en esa virtud tuve el privilegio de ser un niño consentido en el mejor sentido del término, aunque por otra parte también es cierto que gracias a eso tuve asimismo que abrir brecha para mis hermanos, pues mis padres experimentaron conmigo en ambos sentidos, para bien y para mal.

Como ejemplo de lo que cuento: hice la primaria y la secundaria en seis escuelas –dos oficiales y cuatro privadas–, lo que me llevó a procurar que mis tres hijos tuvieran estabilidad en planteles oficiales y lo logré.

Desde muy pequeño, por herencia de mi abuelo paterno, me acerqué a la lectura lo que me permitió tener, de modo natural, apetito lector y conocimiento del gozo por la lectura lo que hizo que yo pidiera siempre a mis padres me compraran libros en lugar de  juguetes.  

 

  1. Cuéntanos ¿Cómo aprendiste a leer, cómo a escribir y cómo te descubres como autor?

 

Muy interesante pregunta. Primero debo referirme a mi aprendizaje a leer. Por lo que ya he contado de mi curiosidad por los libros, herencia de mi abuelo paterno, Rafael Araujo Espinoza, -fallecido por cierto cuando su hijo menor, es decir mi padre, tenía cuatro años, lo que hace imposible que yo lo hubiera conocido-, cuando inicié formalmente mi aprendizaje como lector en primer año de primaria en la escuela “Rodolfo Soto Cordero”, no solo me tocó una maestra muy buena sino que fui de los primeros de mi grupo en aprender a leer; y de ese modo prácticamente natural pude acceder a los libros que refiero y conocer de ese modo a Stevenson, a los hermanos Grimm, A Julio Verne, A Charles Dickens y otros más.  Resultó importante para mi formación e interés, al mismo tiempo, o mejor dicho un poco después, que merced a que mi abuela viuda, Dolores Iniesta Quintana, invitaba a comer a su casa los domingos a dos intelectuales importantes, Don Roberto de la Peña y el poeta Heriberto Enríquez y yo asistía, con mis padres, a esas comidas. Me llamaron tanto la atención sus charlas que opté por solicitar a mis papás que me permitieran ir, una vez terminadas las tareas escolares, a la casa del profesor Enríquez, para “platicar con él”. Asunto que en realidad se convirtió en la posibilidad de tener clases particulares de literatura, y específicamente de poesía, con el poeta Heriberto Enríquez, ni más ni menos.

A Don Roberto de la Peña, no podía visitarlo porque vivía en la ciudad de México, concretamente en la colonia Condesa, lugar evidentemente imposible para que un niño accediera hasta él.  

A partir de ese momento se me metió en el inconsciente, creo, la idea de ser escritor, de ser poeta.

 

  1. ¿Cómo es tu manera de ser y de vivir?

 

Mi manera de ser es común y corriente. Soy un simple ciudadano del mundo que ha vivido de su trabajo y casi nunca de la literatura. Resulta importante este renglón porque en buena medida tuvo que ver con mis aficiones y querencias. Soy un convencido de que debemos ser ciudadanos honrados; y eso me ha creado muchos conflictos.

Por afición a los viajes estudié Turismo en la Universidad Autónoma del Estado de México. Pero de pronto al terminar los estudios se me presentó una primera interrogante ¿Qué hacer? Punto número uno, si estudié Turismo y Administración Hotelera tendría que crear una Agencia de Viajes. Ni tenía el capital para ello, ni veía cómo hacerlo. Pero actuaba en mi favor que desde que estudié la secundaria, y aún antes de entrar a la UAEM, es decir a hacer la preparatoria, me involucré en el Periodismo Estudiantil porque me gustaba escribir, lo que me llevó a conocer los dos periódicos universitarios más importantes de la época de los años 60 del siglo pasado, “El Nigromante” y “Saeta”, así como la Asociación de Periodistas Estudiantiles del estado de México –APEEM–, lo cual me hizo madurar aceleradamente.

Dados esos antecedentes se me ocurrió, al terminar mis estudios ir a ver al periódico diario “El Heraldo de Toluca” al director, fundador y dueño del mismo, Don Alfredo Lara Castell, para proponerle el suplemento “Rutas Turísticas”, de publicación dominical adherido a la edición de ese diario toluqueño. Así inicié mi trabajo como periodista profesional.

Ya de ahí, en delante, seguí mi travesía como periodista profesional. Arribé como subjefe de redacción en “El Heraldo de Toluca”, sin dejar de publicar mi suplemento “Rutas Turísticas”, duró aproximadamente dos años. Y ya después, por avatares que sería prolijo comentar, me fui al periódico vespertino “El Noticiero”, en donde fui reportero de primera plana, columnista político, columnista deportivo y jefe de la Sección de Deportes.

De ahí arribé a mi trabajo en las universidades. En 1976-1981, coordinador de Comunicación Social en la UAEM; de 1981-1984, jefe y fundador de la Comisión Editorial de la Universidad Autónoma de Querétaro; 1985-1986, jefe de Publicaciones de la Universidad Autónoma Chapingo; y 1987-1990, jefe de Actividades Culturales de la Universidad Metropolitana-Azcapotzalco.

 

  1. ¿Comparte una experiencia en tu trayectoria como escritor qué haya transformado tu vida y como lo resuelves ahora?

 

Evidentemente que el haber optado por mi vocación de escritor me ha acarreado múltiples experiencias agradables.

Una de ellas, por razones obvias es haberme convertido en editor, cuando menos en tres de las cuatro universidades donde he trabajado. Experiencia que se prolongó en el Instituto Mexiquense de Cultura donde fui subdirector de Publicaciones. Eso acarreó conocer y tratar a buena cantidad de escritores, algunos de los cuales tuve el privilegio de haber publicado. Lo que me llena de satisfacción.

Desafortunadamente no pude continuar con esa labor y me tuve que plegar al trabajo administrativo, como burócrata del gobierno estatal, para sobrevivir y eso me ha llevado a no poder dedicarle más tiempo a la literatura. Situación que experimento hasta la fecha. No obstante lo cual me he dado tiempo para continuar mi tarea como escritor y promotor cultural.

 

  1. ¿Por qué razones escribes?

 

Estoy convencido de que, de alguna manera, uno no optó por la literatura, sino que la literatura te atrapa y no te deja hasta que mueras. De manera que escribo porque me es necesario. Es un modo de no reventar. Es un asidero. Se trata de algo así como una maldición, o bendición, un sino que difícilmente se puede evitar.

Por otra parte podría decirte que escribo para no ir al psiquiatra. O porque no me queda de otra. Resulta connatural a mi persona hacerlo y ya más delante será papel de la crítica, no de uno, decir si lo ha hecho bien o no.

 

 

  1. ¿Qué ha sido tu éxito y como llegas a él?

 

No sé si llamarle éxito. Pero lo que es cierto es que he publicado doce títulos, tengo el treceavo en prensas y tres libros inéditos. De esos dieciséis títulos once de ellos son de poesía, dos de ensayo, dos de cuento y una novela.

Todo inició desde el punto de vista editorial en 1981, cuando la UAEM publicó mi primer libro “A propósito”, luego en 1984 fui becario de la segunda generación del Centro Toluqueño de Escritores con mi libro “Surco de palabras” y así hasta llegar al más reciente “A surco de propósitos” publicado por la UAEM en 2015; pero poco antes, en 2013, tuve el privilegio de formar parte de la Colección Summa de Días del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal con “Liturgia, amaneceres y otros poemas”.

Debo mencionar, por otra parte, que me llena de gusto haber obtenido una mención honorífica en el Concurso, convocado por la Universidad estatal, de “Mexiquenses Destacados”, con mi ensayo “Será mi asilo el mar. Biografía de José María Heredia y Heredia 1803-1839”, libro que tiene ya dos ediciones, la segunda aumentada. Por otra parte, en coedición entre la propia UAEM y la Editorial, apareció en mi libro de cuentos “Patíbulo de banqueta”.

 

  1. Actualmente, ¿Qué lees y qué escribes?

 

Cada vez leo más lo que ya he leído, es decir releo. Pero entiendo que hay mucho inabarcable en este extenso mundo de la literatura. En ese sentido me siento perennemente inacabado, fuera de tiempo, no actualizado. Y eso me angustia, máxime a raíz de que hace unos meses culmine una tarea que me llevó dos largos años para deshacerme de mi biblioteca personal de poco más de veinte mil ejemplares. No fue sencillo. Difícilmente logré colocar mis queridos libros en lo que consideré serían lugares propios para que ellos no se convirtieran en animales sin destino. Lo logré merced a mis amigos de la Biblioteca del Congreso Estatal, ubicada en el edificio de El Gallito; igual que en el Museo de la Acuarela, y en bibliotecas escolares del Sur del estado y de pueblos del municipio de Toluca. Claro que permanecieron conmigo muchos libros que ahora releo, de Fuentes, de José Agustín, de María Luisa Puga, de Enriqueta Ochoa, de mi querida Marienne Toussaint –su hija–, de Saramago y una buena cantidad –más de trescientos libros para citar una cifra redonda– de los libros de autores, amigos míos, que me fueron dedicados.

Eso respecto a lo que leo. En cuanto a qué escribo. Estoy con un libro de poesía, a punto de publicarse por parte de la Secretaría de Cultura, titulado “Palabra”. Del mismo modo, de una beca que obtuve del antiguo IMC, tengo una novela inédita, “Tótem”; otro libro de cuentos con puros personajes femeninos “La regla de oro”; y otros libros de poesía y ensayo de los que no hablo  –por temor a la mala suerte, en la que no creo-; pues no soy supersticioso. Tengo pendiente asimismo la biografía del poeta Raúl Cáceres Carenzo que, en vida, me nombró su biógrafo y está por cierto en este mes de noviembre a punto de cumplir un año de muerto.

Eso es, en términos generales, lo que leo y actualmente escribo.

 

 

Algo más que deseas agregar: Solo agradecerte querida Mar Barrientos –hasta ahora sé que te llamas Maricela–, que hayas querido entrevistarme. Buenaventura; y otra vez gracias y parabienes.