Breve disertación situacional sobre ¿Qué es la música? (Última parte)

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Es importante decir que las definiciones parten desde el seno de las culturas, y es así como el sentido de las expresiones musicales se ve afectado por temas psicológicos, sociales, culturales e históricos. Por ello, hay múltiples y diversas definiciones que pueden ser válidas en el momento de expresar qué se entiende por música. Ninguna, sin embargo, puede ser considerada como perfecta o absoluta. Sin embargo, ante esto tenemos la caracterización de un Dionisos, agente de la locura y expresión de un mundo oscuro en el cual la persona se pierde en el drama de la existencia, concepto que no encuentra contradicciones en la música, por otra parte, se revela ambigua la caracterización de la figura del dios de la individualización y de la apariencia; en el sentido de lo que se ve, ya que el sueño se presenta por medio de imágenes. Así que, el dios Apolo que describe Nietzsche no parece alejarse del esquema tradicional winckelmanniano, con la variante que el historiador del arte deduce su carácter básicamente de la figura escultórica, Nietzsche también de su música.

Esto va a implicar que el Apolo nietzscheano no se aleja de una concepción tradicional que descuida o ignora su carácter violento, su aspecto telúrico, y sobre todo, su capacidad de producir actitudes extáticas y conocimiento inspirado. De acá es que se genera una exigencia, por los pensadores que se han de dedicado al dios de la lira y el canto, de profundizar el conocimiento de su carácter, no limitándose a su aspecto luminoso, que no o es más que la expresión de un Apolo que, en los estudios antropológicos, fue conocido como universal, con una equilibrada serenidad. Sin embargo, no o se trata solo de una disertación en torno a ambos dioses, sino del aspecto dramático del dios de la lira, su participación demoníaca, de Dionisos poniendo el acento en la variante rítmico-musical, esto es, en contraposición al carácter tradicional de su esencia. Hablando entonces de Apolo, vemos cómo el conjunto mítico que lo concierne, a partir del nacimiento, evidencia el aspecto turbulento de su existencia.

Dando a luz en Delos por Latona, perseguida por la celosa y vengativa Hera, después de nueve días de dolores, el niño divino creció en el breve tiempo de cuatro días, aunque sietemesino. Al momento tuvo arco y flechas, fabricados por Éfeso y se dirigió hacia el monte Parnaso, en donde hirió con sus flechas a la serpiente Pitón, que tiempo atrás había perseguido a su madre. Pitón entonces se refugió en Delfos, cerca del oráculo de la Madre Tierra, pero Apolo lo persiguió hasta allá y lo mató. Por su parte el mito de Dionisos, al contar las varias manifestaciones del dios extranjero (xenos) y nómada, característica que en particular que le atribuye Detienne, evidencia su poder alucinatorio, cual agente de un trance que aniquila toda capacidad de discernimiento por parte del individuo poseído. Desde el encuentro con el rey Licurgo, que enloquecido corta en pedazos al hijo, al encuentro con Penteo, rey de Tebas, en el episodio de las tres Miniadas de Orcómenos, el dios manifiesta su poder de destruir las mentes con el fin de conseguir que él sea reconocido y respetado en cuanto huésped y en cuanto dios. Y junto a este reconocimiento él pide que se realice su culto.

Este trastorno se traduce en una privación de la correcta visión, así que Licurgo no reconoce al hijo, porque en su lugar, le aparece la vid, que él corta rama por rama. Penteo a su vez confunde a Dionisos con un toro, así que, pensando en atar al dios, en realidad ata a la bestia. Mientras que las Ménades en su frenesí descuartizan el rey de Tebas, y la madre, que no lo reconoce, le corta la cabeza. Las hijas de Minia, enloquecidas, ven en el dios un león, un toro y al final una pantera, y sin ninguna inhibición devoran el cuerpo del pequeño Leucipo, hijo de una de las tres. Este desconcierto acompaña el dios extranjero en todo su recorrido, en este peregrinar sin detenerse es parecido a Apolo, en el cual difunde la posesión, origen del carácter epidémico del dios, pero sobre todo su culto. Él, en cuanto extranjero, pero al fin de cuentas helénico, quiere ser hospedado, y no siendo reconocido y por lo tanto rechazado, impone su reconocimiento y su poder. Pues los sujetos que el dios encuentra no entienden su naturaleza por medio de la vista y de la razón, entonces, él entrega a ellos otro tipo de conocimiento, un conocimiento directo, procurado por la posesión.

Fenómeno por el cual el sujeto humano, apoderado por el dios, experimenta el mismo estado divino. Y así es como podemos hablar de una dicotomía en la que se puede englobar aquello a lo que llamamos música.

Así, podemos continuar con las mitologías de muchas sociedades, tomando en cuenta la idea que nos sugiere el mito del robo de las vacas de Apolo por Hermes para elaborar una lira; encontraremos la relación entre la música y lo que nos rodea y cómo se nos muestra de manera atemporal, despertando el interés y el debate entre grandes pensadores. La música se catapultó como lenguaje universal en todas las sociedades humanas, desde las más arcaicas hasta la más reciente. Sin embargo, se podría decir que su origen y función siguen siendo un misterio. Esto implica que hay que considerar que en los seres humanos la música nace de manera innata y como precursor del lenguaje hablado, siendo ésta una actividad compleja y difícil de describir. Se trata de una sustancia física, que tiene una influencia importante en muchos aspectos biológicos y de comportamiento.

Tal vez el mayor influjo, o por lo menos el más notable tiene que ver con la que ejerce en nuestro cerebro, que tiene una plástica susceptible de adaptación. Así es, su estudio y práctica puede modificar el cerebro para conseguir que sus dos hemisferios funcionen con más agilidad e integración, de modo holístico. Por lo dicho acá, hay que tomar en cuenta que estamos en una postmodernidad en la que podemos describir las redes neuronales específicas que se activan en nuestro cerebro cuando escuchamos una sinfonía; cuando escribimos o leemos una composición musical, o cuando presenciamos un concierto de metal extremo, sin duda alguna estos descubrimientos han sido gracias a los avances tecnológicos de los métodos de estudio por imagen. Vale la pena tirarse un clavado en una revisión de la relación entre el cerebro y la música, poniendo especial atención en su neuroanatomía, neurofisiología y las alteraciones neurológicas musicales conocidas que no están de más en los aprendizajes de todo especialista.