Breve reflexión de un lenguaje llamado música

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Hablemos un poco del discurso musical. Éste tiene que ver con el discurso, viene a ser la forma como se hace uso del lenguaje y que, además, está condicionado por el contexto en el que ocurre. En particular cuando se trata del discurso musical podemos decir que no escapa a esta definición. Hay que recalcar que, por ejemplo, la armonía y el contrapunto son dos técnicas que contribuyen a la formación y estructuración del discurso musical. Consideremos  que un acorde resulta de la yuxtaposición de sonidos. Además, estará claro, se puede decir que el contrapunto es el arte de colocar nota contra nota sobre un pentagrama, con la intención de ir creando ideas musicales en un sentido horizontal.  Sin embargo, a qué va todo esto, se trata de que tanto la armonía como el contrapunto son técnicas que están al servicio de la creación musical.

En consecuencia, si hemos entendido que con la armonía se yuxtaponen diversos sonidos y que con el contrapunto se llega al encuentro de dos o más notas musicales en un sentido horizontal, no queda más que darle sentido al discurso que se quiere analizar. Así es que, su función gira alrededor de la creatividad de ideas musicales. Ahora bien, el discurso musical, al igual que el lingüístico, está conformado por secciones y éstas a su vez, por otras estructuras más pequeñas contenidas unas dentro de otras que tienen la función de darle sentido al discurso diseñado al escribir. Vamos entonces a considerarlas como unidades de análisis sintáctico-musical para, de esta manera, poder homologarlas con las unidades de análisis lingüístico que ya fueron establecidas.

Por otra parte, es necesario remontarse a que esté discurso va a cobrar importancia en la vida del ser humano desde los primeros años del desarrollo vocal y auditivo que presenta un niño. Este desarrollo posibilita un aumento paulatino de su competencia comunicativa que, como ser social, le ayudará a integrarse en la sociedad haciendo uso de los códigos lingüísticos que en ella se utilicen. Por esto el  valor tan poderoso de significación que puede representar la música. Subrayar que tanto la música como la lengua son habilidades universales que cuentan con sus códigos lingüísticos y sus propios universales cognitivos, en los que podemos marcar unas determinadas fases comunes de desarrollo. Ambos se sirven de los mismos instrumentos. El aparato respiratorio, el auditivo y el fonador son los de mayor implicación en el proceso, por supuesto que también todo el cuerpo entra en juego en la comprensión y la expresión.

Comentar también, que desde antes del nacimiento el ser humano utiliza su oído como medio para conocer el entorno y desde ese momento  emite vocalizaciones de forma automática como respuestas a un estímulo, que se convierten en balbuceos cada vez de mayor dificultad y mayor similitud al adulto en cuanto a la fonética, duración, intensidad, inflexiones, tensión articulatoria y prosodia, y que finalmente dan lugar a las primeras palabras en torno al primer año de vida. Traspasado esto al ámbito de la música hay que decir que se ha encontrado un balbuceo musical como una respuesta específica a estímulos musicales que le facilitan la fijación de sonidos, fonemas, intervalos, contornos melódicos y rítmicos que el bebé escucha de su propio entorno.

Sabemos, la música es ante todo un lenguaje. Sin embargo, esta idea no es frecuente  ya que el término lenguaje está asociado a la palabra, esto es, al lenguaje verbal. Un lenguaje es un sistema de signos culturales que posibilita compartir significados, o sea comunicarse socialmente. El lenguaje verbal está montado en la capacidad simbólica de las personas; a través de los signos lingüísticos se puede operar virtualmente sobre la realidad. Esta segunda realidad en la que opera la palabra implica el desarrollo de funciones cognitivas, las más altas filogenéticamente, que llamamos pensamiento. De esta manera hay que señalar que la palabra no sólo es un instrumento para comunicar, se trata de la misma construcción de conciencia y pensamiento comunicacional; es la constructora de la conciencia y del pensamiento.

¿En qué sentido se puede hablar de la música como lenguaje? En primer lugar hay que reconocer que la música tiene ante todo una función de comunicación, esto es, que comparte significados. Por ejemplo, En Psicología del Arte,  Vygotski alude a la función semiótica del arte en general. ¿Qué es lo que se comunica a través de esta mediación semiótica?;  ¿de qué tipo de significado se está hablando?; obviamente no se trata de contenidos semánticos estables como en el caso del lenguaje verbal. Su significado es esencialmente afectivo. Básicamente convoca a una intersubjetividad de estados de ánimo y sentimientos, esto hace referencia al instante a vivencias, las cuales se traducen más allá de la semántica de palabras a sensaciones, involucrando imágenes. En otros términos, la obra de arte sería un instrumento semiótico para la socialización de las emociones y sentimientos. Ya en la mitad del siglo pasado, Theodor Adorno, más preocupado por las diferencias que por las similitudes entre ambos lenguajes, había abordado la cuestión de la intencionalidad del mensaje musical, remarcando su carácter estructural y holístico, que expresa lo que no se puede decir con la palabra, apuntando a un significado oculto, inaccesible, espiritual, trascendente, y que por ello, en tanto intencionalidad significante abierta e inacabada, está condenada al fracaso; a diferencia del lenguaje verbal, la música por su parte alcanza el absoluto inmediatamente, pero en ese mismo instante este absoluto se le oscurece.