Brillo Sindical

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Sindicato es la asociación de trabajadores o patrones inclusive,  que resguardados por la Ley Federal del Trabajo, se constituyen para el estudio, mejoramiento y defensa de sus respectivos intereses. Sin ninguna distinción entre sus agremiados, casi todos ávidos de obtener cualquiera beneficio que se les prometa y sin autorización previa, tienen el derecho de constituirse como grupos que pueden llegar a cometer todos aquellos tipos de actos que estimen convenientes, contra todo acto de injerencia y  por eso gozan de toda protección de autoridades con acciones o medidas tendientes a fomentar la dominación, así es, a  apoyar a estas organizaciones para mantenerlas bajo su control.

Las prestaciones pactadas y el reconocimiento a la personalidad jurídica, elegir libremente a sus representantes  y la libertad de organizar sus actividades quedaron como una efectiva pantalla para no revelar las situaciones laborales actuales, donde reina el que se mofa de su jefe inmediato superior, el que no tiene escolaridad ni preparación ni se preocupa por adquirirla. Si es claro que la Ley mencionada, en uno de sus artículos prohíbe dentro de los sindicatos, ejercer actos de violencia, discriminación, acoso u hostigamiento en contra de uno de sus miembros y aun más, en contra de terceros; esto no viene sucediendo, por el contrario, uno puede ser sujeto de arbitrariedades, vejaciones y omisiones en detrimento de la dignidad, la salud y la calidad de vida, por ser un simple trabajador sin conexiones ni amistades en las altas cúpulas del sindicalismo.

Los derechos sindicales son derechos humanos, se dice frecuentemente, pero sólo para algunos afortunados que conviven zalamerías con representantes y autoridades, guardando la certeza de no estar expuestos a suspensión o sanción por vía administrativa. Si nadie puede ser obligado a participar de una de estas asociaciones, sería prudente preguntarnos por qué sus miembros buscan a toda costa  participar de este sectarismo y práctica social contra los que sí trabajan.  De acuerdo, pueden agremiarse para obtener la prestación de servicios, por proteger el gremio, por motivar  la pertenencia institucional, pero esos que se agremian para sacar mayor beneficio de la holgazanería con lujo de violencia, son imperdonables.

Cada uno de los miembros debe ceñirse a la ley y actuar bajo principios de equidad, democracia, conciliación, pero lo único que se logra es que evadan sus responsabilidades, lo fijado en los estatutos y sus actas constitutivas se ha convertido en una burla: asociación, reunión, huelga, política barata, abuso sindical contra los que no están sindicalizados. La denuncia y el conflicto como mecanismos para proteger a cuasi-delincuentes, recurso que no viene en la jurisprudencia.

Nada de identificación de oportunidades o medición de los derechos humanos  que hasta las Naciones Unidas sugieren, el sindicalismo en México tiene su historia negra de relaciones. Dicen que sólo el 5 % de la población económicamente activa se encuentra sindicalizada, casi dos millones de mexicanos protegidos, contra el hartazgo de los trabajadores contratados por horas o personal de confianza sin ninguna o nulas prestaciones. Estas figuras se han convertido ya en un estereotipo, el sindicato charro, un lugar común con toda clase de comportamientos de prepotencia debido a la inmunidad de la que gozan, opacidad en sus trámites y usos clientelares, así es, un cacicazgo chiquito en cada organización sindical y centro de trabajo. Deberíamos impugnar la flojera y comenzar a trabajar un poco, sólo por variar, creo que de eso se trata la palabra trabajador.