Cambia, todo cambia

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Con todos mis años a cuestas he recorrido los portales de Toluca, bajo todos los climas, con inclemencias, sin ellas, joviales pasos preparatorianos que luego se volvieron los de una veterana en el arte de pasear por ellos, porque ¿alguien tiene más derecho a su belleza que quien los caminan? 37 arcos en el oriente, 39 arcos en el poniente y el sur con 44 arcos, intente adivinar el nombre de cada sección, es un juego divertido para poner a prueba a los oriundos.

Bueno, las rutas van memorizándose, los edificios responden al reconocimiento visual, incluso cuando se remodela alguna fachada, brota la diferencia, los tonos de las ventanas según pasa el tiempo, el brillo de latón de algunos letreros comerciales, no digamos el cambio de pisos o la inclusión o el desecho de las imprescindibles bancas o jardineras para descanso.

El aspecto religioso es otra especie de brújula, los parques e iglesias me van recordando esos eventos litúrgicos que representan grandes momentos para las familias, dónde se bautizó ese niño o dónde fue que unieron destinos aquellos dos amigos o bien, aquella misa de Gallo del año fulano  cuando pasó tal o cual cosa o la graduación de la secundaria o la primera comunión memorable. 

Por otro lado, la literatura es el complemento, el eje que estructura el mapa de Toluca, aquí o allá conocí a tal escritor o tuve la dicha de escuchar poesía con mi grupo de antaño o con el grupo antagonista al que hay que reconocerle su excelencia, pero el centro, el verdadero centro de Toluca es el Centro Toluqueño de Escritores (CTE), el céteé como decimos los que lo apreciamos, porque ahí se nos brindó la oportunidad de leer un texto libre y soberanamente, lejos de su anquilosada fama de censura, porque una cosa es lo que se dice del CTE y otra muy distinta es vivir la energía de la gente que lo visita, que lo va poblando, de un público huraño que a lo largo de los minutos va a ser el más cálido y amistoso y también el más riguroso, porque créase o no, en Toluca la actividad cultural es diversa y académica, popular y universal al mismo tiempo.  

Nada es lo que parece, pero que me digan que el Centro Toluqueño de Escritores va a desaparecer de la geografía de los portales de Toluca, sometiendo con esto a una especie de castigo a la comunidad artística por temas presupuestales y fuera de toda escala de valores humanistas y socioculturales, me parece un verdadero retroceso en la evolución de las especies.  

Me enteré de la noticia, casi a la par de otros habituales del CTE, tengo en la mente muchos eventos que desarrollar en la famosa y no bien ponderada Sala Alejandro Ariceaga, por el motivo de aniversario del gran escritor en cuyo honor fue nombrada, porque su obra es inmensa y pienso que hay que acudir a este autor por respuestas acerca de lo que pasa y no pasa en esta ciudad.

Ya fui a firmar un pergamino para expresar mi adhesión a la inconformidad, también paso lo más seguido que puedo para mirar esas letras que están en el muro que hace esquina y no olvidarlas, retenerlas en el recuerdo porque la esperanza está ahí latiendo como debe ser en todo deseo ferviente de no separarnos de lo que queremos, reubicación es una palabra que no compensa las cuatro décadas de glorias del Centro Toluqueño de Escritores. #noynoalareubicacióndelCTE