Caminando con certeza

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Han notado que en ciertas ocasiones decimos exactamente lo contrario a lo que pensamos, por ejemplo: ─ ¡Qué gusto verte de nuevo! ─ cuando en realidad lo que pensamos es: ─hay no, otra vez tú. ─

O que tal esta: ─que padre viaje el que hiciste─ cuando lo que estaba en nuestra mente en ese momento era: ─y a quién le importa tu viaje, presumido (a). ─

Los seres humanos somos muy curiosos, en ocasiones pensamos, actuamos, hablamos y hacemos cosas, que realmente no son lo que teníamos planeado o previsto.

Nuestro actuar depende de muchas cosas, de nuestro grado empático hacia la o las personas con quiénes tratamos, de nuestro interés personal, de cuanto realmente nos afecte directamente el asunto que se trata o simplemente de las expectativas de nuestra vida frente a las de los demás.

¿Por qué es tan difícil concentrarnos en nuestros propios asuntos y dejar de juzgar los asuntos o la vida de los demás?

Por qué no tan solo enfocarnos en ser mejores y vivir con más calidez en nuestro trato con las personas que nos rodean, a quienes paradójicamente de frente llamamos amigos o hermanos.

Mi padre diría: “No puede ser, pero si puede ser”

Curiosamente, ver cumplidas nuestras expectativas y llegar a los lugares que deseamos llegar, nos empodera y capacita para aceptar y comprender los aciertos de quienes nos rodean, para así verdaderamente no tan solo aceptar, sino ver con agrado las metas alcanzadas por nuestra familia, amigos o compañeros.

Ahora bien, alcanzar o lograr nuestras metas o ver cumplidas nuestras expectativas de vida, al plazo que sea, no depende de la casualidad, no del buen ánimo ni siquiera de cómo se cotice el peso en la bolsa y es exactamente por aquí por donde debemos comenzar.

Cualquiera que sea el camino que decidamos tomar, necesitamos prepararnos para recorrer certeramente tal camino. Si decidimos ir por tal o cual dirección, simplemente esperando recibir señales a lo largo de la ruta, lo más probable es que el número de veces que nos perderemos o que tendremos que recalcular nuestra ruta, será mucho.

Ojo, por favor entendamos esto juntos. Es imposible o muy difícil alcanzar metas o cumplir expectativas de vida, si no estamos preparados en todo sentido para que suceda, es decir; mentalmente, espiritualmente, físicamente, necesitamos estar enfocados y tener claridad de hacia dónde exactamente esperamos llegar y que necesitamos para que suceda.

La desilusión, la frustración, el desánimo, el fracaso, comienzan exactamente cuándo, simplemente caminamos sin un objetivo claro. ¿En alguna ocasión han experimentado el tratar de llegar a cierta dirección sin tener claras las instrucciones para llegar? Efectivamente, tal camino se nos hará eterno y complicado, pero cuando llevamos las instrucciones correctas, el camino suele hacerse sencillo, inclusive sentimos que fue fácil y rápido llegar.

Si no logramos cumplir nuestras expectativas de vida, en forma natural nos sentiremos frustrados y por supuesto que perderemos la capacidad de gozarnos con los aciertos y logros de los demás, pero déjame decirte querido amigo, querida amiga que, si aprendemos a planear y preparar tranquilamente, sin agobio ni afán nuestro camino, entonces lograremos alcanzar un mayor número de aciertos en nuestra vida.

Nada garantiza que logremos alcanzar o tener todo, pero si nos esforzamos y caminamos seguros y en paz, verdaderamente nuestra vida tomara un rumbo diferente, para bien y mejor en todo sentido.

Si aprendemos a caminar certeramente y recurrimos a la fe que Dios ha provisto, entonces llegaremos.

“Es pues la fe, la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.”