Cartilla Moral
Intentar hacer algo para modificar las conductas equivocadas del otro siempre será una buena noticia. En este contexto, no puedo dejar de aplaudir la propuesta de la Presidencia de la República por difundir la cartilla moral de Don Alfonso Reyes, como un primer paso para iniciar una reflexión nacional sobre los valores y principios que, eventualmente, favorezcan una convivencia más armónica.
En ella encontramos consejos que, de llevarse a la práctica, realmente modificarían la visión, interpretación y acción en el mundo que vivimos, cada vez más perdido entre el egoísmo y el valemadrismo.
El hombre debe educarse para el bien, palabras que en muchos hogares mexicanos no tienen sentido alguno; pues lejos de buscar ese bien hacer, educamos para la tranza, el trinquete y la vida fácil. Cuantos padres abandonan a sus hijos a su suerte y les importa un comino lo que hagan o dejen de hacer.
El hombre tiene algo de común con los animales y algo exclusivamente humano; sin embargo, con frecuencia encontramos seres humanos que hacen cosas que, en serio, ni los animales harían. Un animal no abandona a sus crías, y si le ve débil, prefiere matarla antes que permitir que el entorno le gane. Esta ecuación no la tienen todos tan clara.
La voluntad moral trabaja por humanizar más y más al hombre, levantándolo sobre la bestia, como un escultor que, tallando el bloque de piedra, va poco a poco sacando de él una estatua. Como frase, como concepto es hermoso, la construcción de un ser humano cabal, con base en su esencia humana y, teóricamente, comprometida con él mismo y su entorno. Desafortunadamente, muchos hombres y mujeres se quedan en un intento de estatua que da más tristezas que satisfacciones.
La apreciación del bien, objeto de la moral, supone el acatamiento de una serie de respetos. La pregunta obligada, ¿en dónde quedó el respeto? Hoy, los hijos les gritan a sus padres o simplemente no les hacen caso (porque los padres lo han permitido); la gente no respeta a la autoridad y ésta no respeta las leyes. Cadenas de inconsistencia que han dado frutos muy malos.
Después del respeto a la propia persona, corresponde examinar el respeto a la familia: mundo humano que nos rodea de manera inmediata. Quizás el origen de todos los males, si yo no me respeto y hago de mi vida un menjurje extraño, absolutamente nadie me va a tomar en serio. El buen juez por su casa comienza, y hay que predicar con el ejemplo. Lejanos esos tiempos en que el domingo era para la familia, para comer juntos, para comunicarnos y mostrarnos cierto afecto. Hoy cada quien ve por su propio beneficio.
Y así, otras ideas que bien vale la pena leer, releer y analizar con más profundidad. No toda idea gubernamental es mala, ahora confiemos en una buena respuesta de todos nosotros.

