Casa de Poesía  

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Ramón López Velarde es alma que retrata el ser del mexicano. Tal y como lo señala Federico Hegel, quien dice —parafraseándolo— que hay espíritus privilegiados que retratan la identidad de un pueblo en su obra. En este año del 2021, la Casa del Poeta Ramón López Velarde es sede para recordar al escritor fallecido: ¡más vivo que nunca! Para autores de Hispanoamérica este lugar                  —ubicado en Colonia Roma de Ciudad de México—, es igual de importante que el sitio donde nació Sor Juana Inés de la Cruz, Nepantla, México en 1648. O, también, donde pasó parte de su niñez y adolescencia en la Hacienda de Panoaya en Amecameca, de igual importancia lo es el Claustro de Sor Juana en Ciudad de México. Es decir, espacios intocables para gobiernos federales, estatales o municipales. Ahí donde se crea cultura que está más allá de modas gubernamentales, ideologías o facciosas visiones de la vida en general. De ello, que el recuerdo en el centenario del fallecimiento del poeta de Jerez no es un asunto menor, sino suceso que permite refrendar la defensa y el cuidado, la promoción cierta y, estudio de su obra, en territorio mexicano.

 

A partir del sitio de nacimiento en Jerez, y en Ciudad de México, donde decide venir a vivir. En lectura del reportaje que escribe Alondra Flores Soto veo: La ofrenda incluyó breves discursos de Maricarmen Férez Kuri, directora del recinto, quien expresó un agradecimiento a quien habitó la casa. Los poetas Fernando Fernández y David Huerta también hablaron ante el grupo de notables poetas mexicanos. / Fernández refrendó que “es tan vasto el orbe de su escritura, toda ella colmada de lugares preciosos, reveladores y enigmáticos, que nunca terminaremos de estudiarlo, y eso nos hace estar seguros de que el tiempo ni siquiera ha tocado la esencia de su legado”. De palabras de Fernández, se comprende que al decir ello habla de un clásico de las letras mexicanas. La principal fortaleza de quien llega a entrar al Olimpo de los clásicos, es que cada vez que se estudia se encuentran nuevos mensajes, nuevas consejas, nuevas propuestas, para ver en el caso del poeta el alma humana: tantas aristas y perspectivas, que reflejan lo que es la compleja alma del mexicano que lo mismo surge en López Velarde, que 30 años después, con Pedro Páramo, donde se expresa la oscura y diversa alma de lo mexicano. Que en su complejidad, se lee en el poema La suave patria o en la novelística de Agustín Yáñez.

 

La Casa del Poeta Ramón López Velarde es Casa de la Poesía en México. En el país y, no sólo, en la capital del país. Es Casa para Iberoamérica y no sólo para Jerez, Zacatecas. De esa altura es la importancia de nuestro amado poeta. Del cual se dice, por aquellos que no lo estudian, que si fue reconocido con tres días de luto nacional —o por la alharaca que se hizo—, fue porque el gobierno de Álvaro Obregón y su secretario de Educación, José Vasconcelos, sabían de lo importante que era reconocer al escritor de La suave patria. Se les olvida que dicho poema, fue escrito pocas semanas antes de morir. No reconocen que su fama se la ha ganado por elocuencia, sensibilidad y belleza de sus letras. Pasar para leer o escuchar poemas a la Casa del Poeta, es hacerlo, por espacio de una universidad en donde se estudia la palabra; donde maestros en su mayoría expresan su voz con humildad e intimidad. Respeto que viene de saber que están en casa hecha de tres edificios pequeños, que fuera vecindad donde habitó el poeta. Por su sola presencia, es difícil ser un soberbio, cuando quien murió ahí fue un sencillo ciudadano que en sus actividades políticas participó como apasionado maderista —igual que Francisco I. Madero con esa ingenuidad—, y además fue hasta el final de su vida Carrancista convencido. ¿Cómo pues… dicen los estudiosos, fue reconocido por Álvaro Obregón? Seguro al general venido de Sonora, no le quedó otra que homenajear la voz que había muerto, pues pragmático como es, sabe que es la voz de México: la que ha hecho la revolución con ideales de democracia, libertad y sincera actitud en favor de la honestidad.

 

El general Obregón es lo contrario, pero acepta la propuesta del secretario de Educación, José Vasconcelos, quien en su gobierno ha de realizar la obra más relevante en el mundo del arte y la cultura; en el campo de la educación de masas jamás visto en ese tiempo. José Vasconcelos, sabe que López Velarde es de los ciudadanos, cuya grandeza es lo que busca para dar a México, identidad y obra probada al interior del país y ante el mundo. Mexicano clásico en las letras. Bendecidos los países que tienen sus clásicos: Italia al contar con Francesco Petrarca o Dante Alighieri, Alemania con W. Goethe y los filósofos clásicos alemanes; o España con Miguel de Cervantes Saavedra y los escritores del Siglo de Oro. México en sus bendiciones tiene en Ramón López Velarde y todos los escritores venidos del siglo XIX y el XX a una cauda de poetas, narradores, cuentistas, dramaturgos o ensayistas, que son parte del alma mexicana: expresión que se hace —como en todo clásico— más grande al paso de las décadas. Por eso en el centenario del poeta de Jerez es momento mágico, del que por desgracia          —debido a que el gobierno federal anda en otras cosas— no se da cuenta, que nuestros clásicos, hay que homenajearlos cada día del año, como lo hizo José Vasconcelos en su momento, difundiendo y protegiendo obras y lugares donde nacen, viven y fallecen. Pero en este año de olvido del 2021 no es el caso.

 

En Jerez, Zacatecas, el presidente Andrés Manuel López Obrador, utilizó el homenaje para contraponer ejemplos políticos, con ese fin, de dividir a intelectuales y escritores, con sus ‘consejas’ de conservadores que me atacan y aquellos que me apoyan. Pero Ramón López Velarde es memoria de la patria porque en sus letras dibuja el alma mexicana. Como todo ciudadano de su patria posiciones políticas las tuvo, pero estuvo más allá de andar en la brega política buscando un ‘hueso’ o algo parecido. Difiere el recuerdo de AMLO en Jerez, del que en Ciudad de México se hace al poeta. Leo en la nota de Alondra Flores Soto: Fue “testimonio de la emoción” la carta dramática con la que el escritor Rafael Heliodoro Valle informó a José Luis Tablada de la muerte de su amigo, anunciando, entre la llama ardiente de los cirios, su partida. Afirmó que López Velarde no puede morir. Fue recordada “su bondad incomparable, su cariño de oro y seda, su decir ponderado, donde no aparecían el malicioso comentario, ni la apagada violencia.”

 

Cierto, en la voz del poeta de Jerez no hay exabruptos o grosería que quepa. Por eso en Casa del Poeta Ramón López Velarde quienes de manera certera lo dirigen, ponen especial cuidado en hechos y palabras con los que uno transita ese espacio. Es Casa de la Poesía de toda la nación. No un lugar cualquiera. No es el Centro Mexicano de Escritores, que en el gobierno de Vicente Fox desaparece para tristeza del poeta Alí Chumacero: en ese día que se hizo oficial su desaparición al comer con nosotros en el restaurante Tío Luis de la colonia Condesa: con pesar, nos dijo, que el gobierno federal negaba recursos para seguir manteniendo el leyendario espacio donde becarios por décadas asistieron para reafirmar su vocación literaria. Si tal suceso pasó sin pena ni gloria, Casa del Poeta Ramón López Velarde, es espacio intocable por lo que ha hecho: no sólo en difusión de sus letras, sino porque también ha sido, Casa donde cientos de escritores —muchos de ellos de tan alta valía—, que es imposible no pensar en su importancia para las letras del país. Es el caso de José Emilio Pacheco o Carlos Monsiváis quienes pasaron por dicho espacio. Y así ver, que el lugar donde murió el poeta —por descuido de los escritores— se convirtiera en oficina de burocracia o lugar de renta para empresas del sector privado. Son palabras del ganador de la FIL-Guadalajara 2019, David Huerta, quien en el homenaje lee: el texto En esta casa, donde, si hay visitaciones espectrales, son fantasmas favorables. Rescatada, la casa, por iniciativa de Carlos Pellicer, en uno de sus departamentos se extinguió una mente que poseía los secretos de la magia secular, la llave de un espíritu que a todos nos concierne, el de las palabras y sus ecuaciones vitales,