¿Cero amabilidad?
El mundo es hostil y no por naturaleza, sino porque así hemos decidido que sea; ante el potencial conflicto, preferimos tomar posturas defensivas antes que reconocer que el otro tiene una visión de las cosas diferentes y que no tenemos que estar de acuerdo en todo.
Lo prudente sería escuchar, negociar y llegar a posibles soluciones; no obstante, buscamos imponer nuestra visión y ahí es en donde nos equivocamos.
En ocasiones, nos valemos de frases hechas y de artilugios legaloides para argumentar cosas, por ejemplo, la calle es libre; sin duda, pero esa libertad se acota cuando por abuso, necedad, terquedad, orgullo o capacidades cognitivas limitadas, sistemáticamente afectamos al otro en sus labores cotidianas. El tema no es si es libre o no, lo significativo es que eso no me da derecho de afectar los intereses de otros, por muy libre que parezca.
Yo en mi espacio tengo todo el derecho de poner la música a todo volumen, pero si al lado mío vive una persona enferma, el sentido común me tendría que decir que, aunque tengo ese derecho, el de al lado también tiene derecho a llevar su malestar en paz. ¿Entendemos ahora?, no es sólo lo legal, las normas de cortesía tambíen juegan un rol en todo esto.
La realidad es que, entre tanta hostilidad, la amabilidad se ha perdido en un limbo sin sentido; de verdad, ¿cero amabilidad?
Asumir una actitud amable ante la vida no solo es un gesto de cortesía, sino un acto profundo de inteligencia emocional y sabiduría vital; la vida, con sus inevitables altibajos, nos ofrece a diario la oportunidad de elegir cómo responder: con dureza o con comprensión, con rencor o con amabilidad.
Permanecer en conflicto, en cambio, agota la mente y el alma; tal como decía Confucio: Responde al enojo con virtud. Trata a los que te odian con benevolencia, esto no significa claudicar ante las injusticias, sino optar por una vía más elevada: la mediación.
A menudo, los malentendidos no requieren grandes confrontaciones, sino la disposición serena de escuchar y comprender al otro.
La actitud amable permite construir puentes en lugar de levantar muros; así lo escribió Marco Aurelio: La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella, si enfocamos nuestra mente en lo positivo, creamos una realidad más habitable no solo para nosotros, sino para quienes nos rodean. Ser amables es una forma silenciosa pero poderosa de transformar el mundo.
Ver siempre el lado positivo no es ingenuidad, es coraje; Victor Frankl, austriaco, psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, afirmó: Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos, lo cual nos debiese llevar a la reflexión de que una vida plena no depende de la ausencia de dificultades, sino de la manera en que decidimos afrontarlas.
En suma, cultivar una actitud amable, mediadora y positiva no es evadir los problemas, sino enfrentarlos con altura, con la mirada puesta en el entendimiento y en la paz interior.
Retomemos las palabras del poeta persa Muhammad Rumi: Ayer era inteligente, así que quería cambiar el mundo. Hoy soy sabio, así que me estoy cambiando a mí mismo, esa es, quizás, la verdadera plenitud.

